El Atleti en la cima del mundo

atleti-1975-campeon-intercontinental001Un 10 de abril como hoy hace 40 años, el Club Atlético de Madrid se proclamó campeón del mundo al vencer al Club Atlético Independiente de Argentina en la final de la Copa Intercontinental. Menos de un año antes, en Bruselas, el Atleti cayó derrotado frente al Bayern de Múnich en el partido de desempate de la final de la Copa de Europa. Los alemanes renunciaron a jugar en Argentina, que por entonces pasaba un período convulso previo a la fatídica dictadura de Videla. La renuncia del Bayern le dio el derecho al Atlético para jugar la final de la Intercontinental. El destino quiso que el Atleti la jugara y por ello los colchoneros no desaprovecharon su oportunidad.

Los rojiblancos lograron el título que por entonces catalogaba al mejor equipo del mundo en un enfrentamiento a doble partido entre el campeón de Europa y el campeón de Sudamérica. Tras la derrota en Buenos Aires (Argentina) por 1-0 en el estadio Libertadores de América del populoso barrio de Avellaneda con gol de Balbuena, el Atlético consiguió darle la vuelta unas semanas más tarde en un estadio Vicente Calderón abarrotado al conseguir vencer por 2-0 con goles de Irureta y Rubén «Ratón» Ayala. Corría el año 1975, y mi hermano que como yo aún no había nacido por aquel entonces, me cuenta como mi padre recuerda aquella fecha muy bien y porque es tan importante para él:

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«Ese día no escuché el despertador, no porque no sonara, si no porque antes de que tocara a eso de las siete, ya estaba despierto. Iba a ser un gran día y había que estar bien despierto. Recuerdo que tomé un café rápido y una magdalena para desayunar. Al salir a la calle aún estaba amaneciendo, noté el viento en la cara. Típico día primaveral aunque algo fresco. Como todas las mañanas sintonicé Radio Nacional de camino al trabajo en el viejo Renault 8. Los funerales en el Pardo por la muerte del Infante D. Jaime de Borbón, la campaña electoral portuguesa, El Padrino II gran vencedora en la noche de los Oscars, era lo que se escuchaba en la radio hasta que por fin llegó la nota de deportes mencionando el partido de vuelta de la final de la Copa Intercontinental. No veía la hora en la que llegara el partido. Los minutos parecían eternos, más aún teniendo que enlucir paredes en esos pisos de nueva construcción de las afueras de Madrid. La comida, calentada a duras penas con una lata y un poco de alcohol de quemar, apenas me entraba. Con los nervios del partido se me hizo un nudo en el estómago y casi no probé bocado. Encima, mis compañeros vikingos se pasaron el día entre piques y bromas diciéndome que el Atleti iba a perder como en Bruselas, que Bochini (la estrella de Independiente) iba a meternos tres goles, que Gárate se iba a lesionar… Menos mal que por un oído me entraba y por el otro me salía y les decía que ya veríamos después del partido.

Por fin llegaron las cinco de la tarde y ni recuerdo lo rápido que llegué a casa. Solo tenía un objetivo: tomar una ducha rápida, ver a tu hermano y a tu hermana, y salir pitando al Calderón no sin antes de darle un beso a tu madre que mientras me había preparado un delicioso bocata. Buena suerte me dijo para provocarme una sonrisa e intentar aliviar los nervios que me atenazaban. Tu tío que en paz descanse, madridista confeso y culpable de que tu hermano mayor sea la ‘oveja blanca’ de la familia (jamás le perdonaré eso de convertir a mi primogénito en aficionado del equipo de enfrente), me acompañó aquella noche al estadio. Aunque era más blanco que Bernabéu, era un apasionado del fútbol y tuvo a bien hacerme compañía, y es que una final de la Copa Intercontinental no se ve en directo todos los días.

atleti-1975-campeon-intercontinental002El Calderón estaba abarrotado, lleno de aficionados colchoneros ataviados con sus bufandas y banderas rojiblancas, como el día del Cagliari o el Celtic en otras citas memorables de la Copa de Europa. Se respiraba el ambiente de las grandes noches y los de Luis Aragonés, en su primera temporada dirigiendo a su equipo desde el banquillo, arrancaron con gran ímpetu y ansia de victoria. Necesitábamos dos goles para lograr la remontada y tras comenzar con fuerza, rápidamente nos dimos cuenta de que el Independiente iba a ser un durísimo rival. Tanto que en los primeros minutos Pacheco nos salvó de un par de sustos con varias buenas paradas. Pero justo antes de que se terminara la primera parte, Gárate recibió un balón dentro del área, regateó y centró al punto de penalti para que Irureta, adelantándose a su marcador, rematara cruzado con la cabeza para marcar el primer gol. Hay que ver cómo lo cantamos! La eliminatoria estaba empatada y solo nos faltaba un gol para ser campeones. Sufrimos lo indecible para aguantar el resultado, y aunque Adelardo no dejó ni respirar a Bochini durante todo el partido, los argentinos tuvieron ocasiones para marcar provocando amagos de infarto cada vez que se acercaban a nuestra portería. Pero aquella noche los nuestros se emplearon a fondo y con garra y coraje pudimos llegar con peligro varias veces hasta que, a falta de cinco minutos para el final, Heredia puso un centro de falta al borde del área y el «Ratón» Ayala, haciendo honor a su sobrenombre, recogió el balón tras varios rechaces y tras zafarse con rapidez y habilidad de la defensa marcó disparando al fondo de la red cuando ya estaba a punto de caer al suelo. El delirio se apoderó de las gradas, tu tío me abrazó como si fuera un colchonero converso y las lágrimas de emoción y alegría se apoderaron de mi cuando el árbitro pitó el final del partido y nos proclamamos campeones del mundo. Fue uno de los días más felices de mi vida y al llegar a casa, ya con tus hermanos durmiendo, lo celebré por todo lo alto con tu madre. Exactamente nueve meses después naciste tú, y entonces me juré que tú no podías ser de otro equipo si no era el Atlético de Madrid«.

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Iván Morato [social_link type=»twitter» url=»http://twitter.com/ivanbasten_9″ target=»on» ]http://twitter.com/ivanbasten_9[/social_link]

Fotografía: Club Atlético de Madrid

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