No hay pleitesía a quien con sus actos entierra la pasión

El Atlético de Madrid es un club peculiar, bastante peculiar. Un sentimiento que se genera desde lo más hondo y que pocos llegan a comprender. Ser del Atlético no es elegir un equipo de fútbol para tener de qué hablar con tus amigos un sábado de copas en la barra de cualquier bar. No. Del Atleti uno no se hace para vivir en sus carnes la victoria de manera natural y repetitiva. Este equipo se siente, y en él se busca la emotividad para con el fútbol. Porque se vive de manera distinta. Porque la diferencia de empezar un lunes con una sonrisa o con un cabreo monumental va estrictamente ligada a lo que haya sucedido en la ribera del Manzanares el día anterior. Es de suponer que a muchos otros aficionados les pase lo propio con sus respectivos equipos. Supongo.  Quien viva el fútbol como un mero deporte repleto de futbolistas asalariados, no sabe lo que se está perdiendo.

El dinero (la manzana del árbol en el Edén del fútbol), es el principal rival de lo mencionado anteriormente. Una lucha de gigantes, de poder a poder, donde casi siempre gana el verde. Así es. Tan duro como real. No sé de quién era esta frase, pero recuerdo como mi padre me la repite desde que tengo uso de razón: «entre el amor y el dinero, lo segundo es lo primero». Y en un deporte como el fútbol, tendemos a engancharnos y a idolatrar a aquellos que hacen de esa oración su premisa. Un error común en un aficionado que cree que los de abajo sentirán lo que sienten los de las gradas. Pero un error del que no quieren dejar de engancharse. Porque el fútbol lo viven con esa intensidad. Como viven las relaciones amorosas. Algo alimentado a base de populismo barato de unos jugadores guiados en la sombra por las víboras con nombres de agente.

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Muchos se han marchado del Vicente Calderón dejando clara su postura de «a cualquier club, pero aquí no me quedo». Esos, por muchas palabrerías y muchos besos al escudo, se van igual que vinieron: no saben lo que es el Atlético de Madrid. Viven el fútbol como el aficionado que es de un club por ganar. Se olvidan de todo el amor recibido, porque al otro lado hay otro que le quiere. No han cortado y ya están fantaseando. Viven para llenarse los bolsillos. Lícito y normal. Pero yo, como creyente y amante del fútbol y el Atlético, no lo podré compartir nunca.

Hay un cántico repetitivo que siempre sale en estas fechas: «Pasan los años, pasan los jugadores, la directiva mañana ya no está. Nos queda el club, queda la camiseta, los mercenarios se tienen que acabar». No estoy del todo de acuerdo. Los mercenarios nunca acabarán. El fútbol también es negocio, son millones de euros y es el buscar un futuro acomodado para tu familia. Bien es cierto que me cuesta ver la diferencia entre ganar 5 millones de euros y ganar 8. Pero el ansia del ser humano no tiene fin. Lo que quema, hiere y cuesta sanar, es sentir como tu amada grita desde la calle a tu ventana que te ama, y cuando te das la vuelta está cruzando la acera para llamar la atención de tus vecinos. Lo de Arda, que le amo como Ardaturanista que soy, es para echarse a llorar. Se rifa entre cuatro equipos, mientras desprecia al Atlético («No sé dónde iremos, pero en el Atleti no nos quedaremos», palabra de su representante). Desquiciante tras sentir como el aficionado le elevó a categoría de Dios y le ha perdonado sus gravísimos errores (que los ha tenido) a lo largo de estos años. Absolutamente imperdonable.

Pero, ¿sabéis qué? El Atlético no tiene que rendir cuentas a nadie. Algún día, seguro, se darán cuenta de lo que perdieron por querer ganar lo que ya tenían. Algún día, seguro, se darán cuenta que era más emotivo perder con el Atlético que ganar con cualquier otro. Los que vivimos el Atleti con adrenalina, igual viviremos menos, pero viviremos mejor. ¿Por qué?

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Porque el Atleti es pasión, el Atleti es sentimiento, el Atleti es orgullo. El fútbol, amigos, es sólo la excusa. Y es hora de que os deis cuenta. Basta ya de adorar a gigantes con pies de barro. Tenemos a los héroes con el 2, el 20, el 14, el 8 , el 6 y el 9. Y parece que no nos damos cuenta. 

Imanol Echegaray [social_link type=»twitter» url=»https://twitter.com/ima_etxega» target=»on» ]https://twitter.com/ima_etxega[/social_link]

Fotografías: Tania Delgado [social_link type=»twitter» url=»https://twitter.com/TD_Fotografia» target=»on» ]https://twitter.com/TD_Fotografia[/social_link]

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