Entre pitos y flautas, la realidad

Era el minuto 92 del partido ante el Sporting de Gijón y, el futuro del Atlético, en estas dos semanas de parón, se antojaba negro y largo. El juego del equipo no acompañaba; plano, simple y poco efectivo. Nada parecía alentar a una grada que se estaba quedando fría, y sólo los ramalazos continuos de raza de Diego Godín y la inexactitud prodigiosa de un Carrasco que, sin quererlo, habían sido protagonistas.

Cambiado por Simeone cuando el partido iba 0-0 y estaba siendo, nuevamente, el mejor sobre el verde, desató la ira. Pitos para el Cholo. O… Esperad un momento. Creo que he leído demasiada prensa nacional.

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Pitar una decisión que se crea errónea no es pitar al que toma la decisión. La afición del Atlético, ferviente y hambrienta de triunfos, está en su derecho de informar al banquillo que no todo lo que se hace está bien. Porque no todo lo está. Simeone, como hombre de fútbol y persona que es, acierta y se equivoca. Son tantos sus aciertos que deberían ser innumerables sus fallos para que cualquier aficionado del Atlético de Madrid se plantease un relevo en el banquillo. Habría que estar loco.

Ahora bien, si se está para la entrega de medallas también se está para los reproches. Y el entrenador argentino no siempre acierta en todo lo que intenta (algo que parece imposible). De ahí que la crítica -constructiva- sea buena para el crecimiento del grupo. Este Atleti no es el de 2012. No está exigido a pelear de tú a tú cada año a Real Madrid y Barcelona, pero tampoco podía permitirse empatar en casa con el Sporting.

Lo que me lleva a otro tema. Los hay que se han quejado también de la celebración de Simeone en el gol de Griezmann. Minuto 93, por cierto. Para ellos, la entidad del rival y la fecha en la que estamos no son síntomas como para celebrar así un gol. La realidad es otra. Sin el equipo acoplado, con problemas y quejas desde la grada, con un Madrid-Barcelona a la vuelta de la esquina y con los equipos de atrás apretando, un tropiezo así (sería el tercero en una semana), habría dejado una situación complicada en el Calderón.

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El desahogo con el gol del francés lo vivió Simeone y cada atlético. Y él es uno más. Si ese balón no hubiera entrado, esta semana sería aún más insoportable. Y, permitidme que os comente una cosa: dadme un entrenador que vive cada partido (sea quien sea el rival) con la pasión que lo hace Simeone, y alejadme a los entrenadores de libreta y masque de chicle. Yo me identifico con los primeros.

Y así está el Atlético. Entre pitos, que se adjudican como a los de siempre les viene en gana, y flautas, la realidad. Hay que estar loco para pensar que pueda existir enfrentamiento entre grada y Simeone; hay que estarlo más para ver que, lo del domingo, fue un atisbo de dicho enfrentamiento. Pero seamos sensatos y valoremos todo.

Simeone se ha ganado, con su trabajo y resultados, ser exigido como uno de los grandes entrenadores de la actualidad. Y eso no tiene por qué ser malo, al contrario. Suyo es. Pero siempre con cabeza. Pasan las jornadas y el Atlético sigue ahí encaramado. Y así lleva desde enero de 2012. Alguien será el culpable de eso ¿no? Porque ya lo ha dicho Godín, que parece que de sentimiento atlético entiende más que muchos: «aquí estamos para ganar, y ganamos«.

Fotografía: Esto es Atleti / Tania Delgado

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