Así es Caio Henrique, la sensación de la pretemporada

Darrian Traynor/Getty Images

PRETEMPORADA. Caio Henrique está siendo la nota positiva de los primeros amistosos de pretemporada. El brasileño disfruta de minutos y aprovecha cada oportunidad siendo uno de los más destacados en cada partido.

Su fichaje levantó ampollas y expectativas a partes iguales. Porque Caio Henrique Oliveira Silva (1997, Sao Paulo) aterrizó en un Atlético de Madrid que le ganó la partida al Valencia, Sevilla y a varios conjuntos de la Premier League, que se frotaban las manos con esta perla brasileña que terminaba contrato y recalaría gratis en el club que se hiciera con sus servicios. Simeone no ha dudado en elegirlo como uno más para la pretemporada y los minutos que le brinda y la solidez con la que se desenvuelve le convierten en una de las sensaciones del stage veraniego. Y es que desde que firmó con el Atleti, hace ya seis meses, la vida de Caio ha tomado velocidad de crucero y al chico le pasan muchas cosas en poco tiempo. Y esto sólo acaba de arrancar.

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Así, a bote pronto, nada más recalar en el club colchonero, le dieron las llaves y la batuta del equipo juvenil, al que logró llevar a la consecución del campeonato de Liga y con el que también ganó la Copa del Rey, en final épica ante el Real Madrid, levantando un título que hacía 58 años no se ganaba. ¿El premio? Simeone, Mono Burgos y Profe Ortega a la vuelta de la esquina, con un verano casi sin vacaciones para viajar a Soria, Australia y casi a Turquía (partido cancelado contra el Galatasaray) después de un paso por el infierno de Los Ángeles de San Rafael. Es ahí, en tierras segovianas, donde se separa el grano de la paja, donde los niños se hacen hombres y donde el Cholo comprueba quién puede estar a la altura.

Sólo así se explica que el brasileño, que ha cumplido 19 años estos días, sea uno más de la plantilla y parezca llevar jugando con ese mismo equipo casi un lustro, en vez de un par de semanas. Centrocampista ofensivo, a veces tirado a banda, Caio, titular ante el Melbourne y suplente en el Burgo de Osma y frente al Tottenham, es uno de los jugadores que más minutos ha disputado sumando los tres duelos que van de preparación. Llamativo el último de Austrialia, donde le arrebató todo el protagonismo de creación y juego ofensivo a un Óliver que ni está ni se le espera.

Malos referentes no se busca el chico, fan incondicional de Paulo Henrique Ganso y apadrinado de Falcao, el mejor jugador de la historia del fútbol sala. Este último, amigo íntimo, le asesora en todo y le aconseja. «Falcao me vio jugando con 11 años, le gusté, y desde entonces se encarga de todo lo que pasa fuera del campo», admite. Y no sólo acaba su relación cuando acaba el verde, pues Caio y Falcao compartieron tardes de fútbol sala en más de una ocasión. Es ahí donde reside el principal secreto a la calidad que atesora el canterano y la sangre fría y temple que ha demostrado en estas semanas. Dos años después de conocerse, encima, Falcao fichó por el Santos Futsal, y ahí la relación tomó más color. Asesorado también por Deco y Luizao en la empresa Gestifute que maneja Jorge Mendes, es el ocho veces elegido Mejor Jugador del Mundo de Fútbal Sala, Falcao, quien tiene la última palabra y quien le recomendó vestirse de rojiblanco. «Siempre me dice que me concentre en jugar, que del resto se encarga él», señala Caio.

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Deco (I), Caio y Falcao (D) / Instagram
Deco (I), Caio y Falcao (D) / Instagram

Uno de sus fuertes es, además, el balón parado. Su zurda, de museo, acaricia el balón con tal suavidad que sus pases son teledirigidos con una precisión minuciosa. Así se explica también que Simeone (y Burgos, el loco y dueño de la pizarra) le haya dado los galones suficientes para ser el dueño de las jugadas ensayadas, de vital importancia en este equipo. Ha sido internacional de manera fugaz con la selección brasileña Sub18 y ahora, su reciente fin de temporada y las sensaciones buenas que está dejando en el inicio de la nueva en Europa la proyectan como uno de los candidatos a componer el combinado Sub20 que jugará el Sudamericano en Ecuador entre enero y febrero.

Sorprende mucho su peso en el equipo pese a ser el nuevo. Caio, jugando por dentro, no se esconde. Baja a recibir al pivote, toca seguro y se mueve con total libertad por todo el verde buscando una nueva línea de pase como en un ejercicio de posesión ininterrumpida en un entrenamiento. Cada balón que suelta siempre es mejor que el que recibe y no abusa de la retención, algo que ha pulido desde su llegada a Europa. Juega a uno o dos toques (habilidad adquirida en sus tardes de entreno en fútbol sala con Falcao) y es un jugador muy técnico, aunque no muy rápido. «Dicen que a veces soy un poco lento, pero prefiero pensar un poco en lo que hay alrededor, por eso la gente dice que me parezco un poco a Ganso», afirma, y no oculta su admiración por el hoy mediocentro del Sevilla, con quien compartió entidad durante cuatro años. Hace mejores a sus compañeros, se coloca bien. Juega siempre concentrado, lo que reduce el margen de error en su participación. Aún tiene que ganar algo de músculo y progresar en esa conversión que parece está a punto de acabar. Pues hace sólo unos meses, el fútbol de Caio no era tan práctico y sí más espectáculo. Más filigranas que efectividad, más espectacularidad que seguridad.

Tras media temporada en el juvenil, Caio está ya para mejores menesteres y si bien un salto al primer equipo parece prematuro, quedarse a jugar en un equipo de Tercera División con el B podría hacer que su carrera se estancara. Aunque de salir Óliver Torres, Caio parece haber demostrado estar absolutamente preparado para afrontar un papel testimonial en la primera plantilla, casi de relleno, que no sería más que un máster y un curso acelerado de aprendizaje con los mejores y de minutos, pocos, de mucha exigencia en momentos puntuales de la campaña. Con su pretemporada gana enteros para contar con la confianza de Simeone y el devenir de los próximos duelos deparará su futuro a corto plazo. El mejor jugador de la historia de fútbol sala no puede estar equivocado.

Fotografía: Darrian Traynor/Getty Images

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