Qué fue de…16. Fernando ‘Petete’ Correa

Clive Mason /Allsport

QUÉ FUE DE…. FERNANDO CORREA: Verano de 2001. Dura pretemporada en el Cerro del Espino. Luis Aragonés, de chándal, de gala, dirigía sus primeros entrenamientos en su nueva etapa en el Atlético de Madrid al que intentaba devolver a la máxima categoría tras ese añito en el infierno. Se acercó entonces al chico moreno y lacio de media melenita que daba toques al balón indistintamente con su pierna izquierda y derecha y que hacía parecer que el entrenamiento grupal no iba con su estilo. «Si yo hubiera tenido las condiciones que tiene usted, habría sido el mejor del mundo», le espetó, serio, clavando su mirada en los ojos del charrúa, casi agrio como era Luis, recriminándole tener un don que muchos sueñan y que no todos aprovechan. A sus más de 60 años de edad y con más de 25 de experiencia en los banquillos, Zapatones había marcado con rojo en su libreta a aquel uruguayo al que poco más tarde daría el brazalete de capitán.

Fernando Edgardo Correa Ayala (6 de enero de 1974, Montevideo), simplemente conocido como Petete, fue uno de los primeros futbolistas uruguayos en vestir la camiseta del Atlético de Madrid. El cuarto, concretamente, tras Rafael Souto, Belza y Jorge da Silva, y el pionero en recibir el calor de la grada del Vicente Calderón con el grito de guerra ‘Uruguayo, Uruguayo’ que tan frecuente es oír en los últimos tiempos en referencia a Giménez, Godín o el Cebolla. Aterrizó en el club en una temporada mágica, la 1995-1996 y, aunque muchos no lo recuerdan, en su palmarés figura el Doblete de Liga y Copa. Así al menos lo acreditan los ocho encuentros que disputó como suplente, saliendo para los minutos de la basura, más uno que jugó como titular quebrantando un once que todos nos sabemos de memoria. Más usual se hizo verle en las primeras rondas de la Copa del Rey aquel curso, donde anotó sus primeros goles y dejó las primeras pinceladas de su clase. Correa, que venía de proclamarse Mejor Jugador del Sudamericano Sub 20 de 1992 y acabó como uno de los máximos anotadores en el Mundial de la categoría celebrado un año después, llegó como futura promesa y al término de su primer curso como colchonero tuvo que salir cedido en busca de minutos. Su destino durante las siguientes dos campañas fue el Racing de Santander, donde se convirtió en uno de los más destacados jugadores de la Liga y anotó 27 tantos en dos campañas.

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Es un héroe (menor) del doblete

A su vuelta se encontró con una situación controvertida. Una temporada que arrancó Sacchi, continuó Aguiar y finalizó Antic. Para los dos últimos nunca contó y con el italiano arrancó de suplente. Con el paso de las jornadas se ganó la titularidad y cuando mejor estaba en su faceta individual, el técnico fue despedido y el uruguayo desapareció de las convocatorias con sus sucesores. No obstante, pese a jugar sólo media temporada y nunca como indiscutible, acabó como el segundo máximo goleador del equipo con 8 tantos en poco más de 20 encuentros.

Correa fue de los pocos que no salió corriendo en el descenso. Se quedó

También arrancó como teórico revulsivo en la temporada del descenso, entre una plantilla rebosante de nombres. Junto a Hasselbaink, Kiko, Lardín, José Mari y Paunovic su cantidad de minutos menguó en una campaña de fatídicas consecuencias que acabó con el equipo cayendo al pozo de la Segunda División. El Petete fue de los pocos que no se tiró del barco y aguantó el tipo, incluso dicen que se bajó el sueldo y decidió ser fundamental para la reconquista desde el inframundo. Formó una pareja letal durante dos años, primero con Salva y luego con Diego Alonso, compatriota del que es desde entonces inseparable. Ambos, como técnico y asistente, dirigen en la actualidad al Pachuca mexicano en uno de sus primeros periplos en los banquillos (tras sentarse en los de Bella Vista, Peñarol, Olimpia y Guaraní).

Forma un tándem técnico con el que fue su compañero en la punta de lanza colchonera, Diego Alonso

Con la derecha, con la izquierda, de cabeza, de falta, desde lejos, de penalti, de rebote… Los 24 goles del Petete en dos años sirvieron de mucho, pero uno por encima de todos. 27 de abril de 2002, el Atlético de Madrid empata a 2 con el Nástic de Tarragona. En juego, un ascenso que se ansiaba desde hacía 23 meses y que los rojiblancos necesitaban para sentirse realizados. En el minuto 81, Correa va al suelo con los dos pies, gana un balón dividido que le cae a Diego Alonso. Su compatriota, el Tornado, le devuelve el cuero en la frontal, pero va largo. Correa lo deja correr un poco antes de soltar un latigazo con la izquierda que pone al Atlético con los dos pies en Primera y el Calderón patas arriba.

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Éxtasis. Un postrero gol del catalán Cuellar frustra el sueño del ascenso, pero un triunfo del Leganés ante el Recreativo al día siguiente hacen valer aquel empate y la hinchada rojiblanca sale eufórica a Neptuno para celebrar el regreso al sitio del que nunca debió salir.

En Neptuno tampoco faltó el Petete. Se ató una bufanda a la frente, cogió un coche, montó en él a Diego Alonso, Movilla, Fernando Torres y Germán Burgos y allí se presentó a celebrar con la cuadrilla al completo. Aquel día el Petete, héroe del ascenso, no portaba la capitanía, pero bien merecedor era de ella. Luis, sabedor de que el charrúa era uno de los elegidos, le tenía en la nómina de aquellos que merecían llevar un brazalete de tanto peso, sólo por detrás de Aguilera y Santi, adelantando incluso a Kiko.

El tercer capitán para Luis, sólo por detrás de Aguilera y Santi

La vuelta a Primera fue la última temporada de Correa en el Atlético. El paso adelante de un precoz Fernando Torres, la vuelta de José Mari y las adquisiciones de Luis García y Javi Moreno dejaron al uruguayo en un segundo plano, nada visible. Ni siquiera su gol en el debut ante el Barcelona y otro tanto en las primeras jornadas, que le colocaron en lo alto de la tabla del Pichichi, pudieron darle un papel protagonista. Tuvo que volver a salir cedido en la siguiente temporada, entonces al Mallorca. No arrancó con buen pie allí, hasta que en la jornada 7 aterrizó en las islas Luis Aragonés. Allí, Luis le repitió la famosa frase que le hizo volver a sacar su mejor versión:«Si yo hubiera tenido las condiciones que tiene usted, habría sido el mejor del mundo».

Si torres fue el ojito derecho de luis, correa debió ser el izquierdo

Correa supo desde el minuto uno de qué iba el asuntoEntonces, el uruguayo se convirtió en titular y formó una pareja aterradora con Eto’o en punta (aunque el uruguayo jugaba pegado a banda izquierda) que llevó al Mallorca a acabar en puestos de UEFA. Su último partido del curso, eso sí, llegó antes de lo que él había previsto. Fue un 1-3 ante el Valladolid en el que anotó un doblete. Y es que salieron a la luz los resultados de las pruebas antidoping que le habían sido realizadas un mes antes, cuando se marchó con la selección para un partido contra Venezuela clasificatorio para el Mundial 2006: dio positivo por cocaína.

Un positivo por cocaína acabó de raíz su relación con el atlético

El Atlético se desentendió de él, le rescindió el contrato y Luis Aragonés exigió al Mallorca para su continuidad que le contrataran, pese a que iba a estar doce meses sin jugar (al final fueron nueve). Si Torres fue siempre el ojito derecho de Aragonés, Correa debió ser el izquierdo. «Está destrozado. Yo estoy a muerte con él. Siempre ha sido un poco vago, pero no nada de esto. Pongo la mano en el fuego porque habrá sido un desliz y un error puntual», afirmó el técnico.  Pero Luis Aragonés no siguió en el equipo bermellón. La selección española le reclamó y en su lugar llegó Héctor Cúper, que también contó con Correa en los últimos meses de la 2004-2005, cuando había cumplido su sanción. El baño de masas que se pegó el día de su redebut aún se recuerda por Son Moix. El siguiente curso fue ya el último del uruguayo en el fútbol de nivel, una campaña lastrada por las lesiones que le dejaron sin equipo en invierno y en la que no pudo debutar hasta febrero, ya como jugador del Valladolid.

Luis exigió al Mallorca contratar a Correa, pese a la sanción, o si no se iría; los bermellones accedieron

Entonces, con 32 años, decidió volver a casa, al River Plate uruguayo. Probó suerte en el fútbol chino, en el Shanghai Shenhua, donde volvió a coincidir con Diego Alonso; regresó tras un año a Uruguay, esta vez a Peñarol (también con Alonso) y en 2011, con 37 años, decidió colgar las botas jugando una última temporada en River Plate, el club de su vida. Hoy en día, alterna las funciones de segundo entrenador en Pachuca con las de Director Deportivo de River Plate y ha sido uno de los encargados en mediar en las últimas conversaciones entre Atlético y River por el pase de Nicolás Schiappacasse.

Ha sido uno de los artífices de la llegada de Schiappacasse

No era el más trabajador, ni el más goleador. Tampoco era el líder de la plantilla, ni el más profesional. Pero sí uno de los que más calidad atesoraba y sus 46 goles en 140 partidos con la camiseta del Atlético ya son imborrables. Es el responsable de la estirpe inequívocamente uruguaya que hoy inunda el club  creando una alianza de charrúas que defienden con honor la camiseta del Atlético. Puso la semilla que luego agrandó Diego Alonso y que hoy recogen Giménez, Ortega o Diego Godín. Fernando Petete Correa siempre será recordado por lo que pudo ser y no fue, y mira que fue mucho. Porque era uno de esos pocos jugadores a los que se les es concedido un don y, aunque fue muy bueno, apenas vimos un minúsculo porcentaje de su potencial. Palabra de Luis.

Fotografía: Getty Images/Clive Mason

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