Ver feliz a una madre

OPINIÓN. Juro por mi Atleti que en un ejercicio interno he intentado recordar cuándo fui por primera vez al Vicente Calderón, pero lo único que he descubierto es que soy igual de malo para las fechas que para los nombres. Así lo certifica el hecho que Mandzukic, Vrslajko o Schiappacasse estén entre las búsquedas frecuentes de mi navegador. En cualquier caso, lo que jamás se me olvidará es la primera vez que lleve a mi madre a ver un partido del Atlético de Madrid en directo. Ver feliz a una madre nunca se olvida.

La vida da muchas vueltas, tantas que de pequeño tonteaba con aquello de ser del Madrid de la misma forma que lo haces con otras cosas que no aciertas a entender. La presión familiar y de los niños del ‘cole’ invitaban a ser un vikingo más. Por suerte siempre he sido más de indios que de vaqueros y llevar la contraria es mi especialidad, por lo que al margen de los disgustos que le doy a mi madre por esta innata cualidad, acabé siendo del Atleti.

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Quizá tarde, tanto como para que mi santa madre tuviera que hacer cola en las taquillas del Santiago Bernabéu para ver un partido del Real Madrid contra el Numancia. No recuerdo la fecha, para que nos vamos a engañar, pero mi madre aguantó estoicamente ese mal trago y acabó ganándole la partida a mi padre, encarnada en un Papá Noel que me regaló mi primer chándal del Atleti. Por aquel entonces era un tierno infante, fácil de engañar, pero con la firme intención de ser colchonero de por vida.

Partido jugado en el Vicente Calderón correspondiente a la J6 de la LigaBBVA 14/15. Fotos realizadas para Esto es Atleti.Los años han pasado -como dice el cántico- y he acabado viviendo fuera de Madrid y bajo unas circunstancias que no me permiten frecuentar el Vicente Calderón tanto como me gustaría. A pesar de ello, las pocas veces que bajo a ver al Atleti suele ser sin compañía, o como mucho la de algún loco incauto o incluso rival con el que me junto en el estadio. Por ello, la tarde del 27 de septiembre de 2014 jamás la olvidaré.

A pesar de sus gen rojiblanco y de inculcarme está pasión, mi madre jamás había pisado el Estadio Vicente Calderón, por lo que decidí cambiar este hecho. Organicé su primera visita al Calderón como se debe hacer, deprisa y mal, porque así es como mejor salen los planes. Con las entradas en la mano y cuatro días después de su cumpleaños, nos encaminamos a su debut en el feudo rojiblanco, con la ilusión del niño que va por primera vez con su madre al fútbol, pero con los papeles cambiados.

Nada podía salir mal y a pesar de una tarde que amenazó lluvia en todo instante, el líquido elemento no hizo acto de presencia, cosas de nuestro amigo Neptuno. La noche fue perfecta y como si supieran de la presencia de mi madre, los guerreros del ‘Cholo’ se unieron a su estreno con una victoria tras firmar un magnífico partido que acabó con un contundente 4-0 frente al Sevilla. Poco importó la mala combinación de transportes para llegar a casa.

Esa noche dormí a pierna suelta, lo recuerdo a pesar de no conseguir nombrar el restaurante en el que cenamos después. Pero eso no importa, porque esa sensación de ver feliz a una madre, de devolverle un poquito de todo lo que te ha dado y de brindarle el mejor regalo de cumpleaños de su vida es especial. Todavía recordamos aquella noche y cada vez que lo hacemos, su mirada brilla igual que cuando se asomó al vomitorio y vio el césped del Calderón. Y yo sonrío por ver feliz a una madre.

Fotografía: Esto es Atleti / Tania Delgado

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