Qué fue de… 18. Heitinga

MIKKO STIG/AFP/Getty Images
MIKKO STIG/AFP/Getty Images

QUÉ FUE DE… Heitinga: Retirado ya del fútbol profesional, Heitinga militó una campaña (2008-2009) en el Atlético. Su fichaje generó ilusión, pero el holandés, lastrado toda su carrera por las lesiones, no pudo demostrar todo su potencial, aunque caló bien hondo entre la hinchada rojiblanca.

Heitinga generó ilusión al llegar al Atlético

John Heitinga debutó a los 17 años en la Primera División Holandesa en un encuentro de alto nivel entre el Ajax y el Feyenoord, cuando la Eredivisie daba su pistoletazo de salida en un torneo que acabaría llevándose el equipo de la capital. Ingresó al campo minutos después de Zlatan Ibrahimovic para amarrar un resultado que amenazaban, enfrente, John Dahl Tomasson, Kalou y un siempre elegantísimo Pierre van Hooijdonk. Aquel día, el Ajax se impuso 2-1 al Feyenoord. Heitinga venía de hacer un gran papel en el Mundial Sub20 de Argentina pese a tener tres años menos que la mayoría y lideraba a una generación de futbolistas que dirigía Louis van Gaal y en la que sobresalían a su lado Van der Vaart, Huntelaar y Robben.

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Debutó como un portento juvenil en un Ajax-Feyenoord, entre estrellas

Y desde el primer momento, Heitinga se convirtió en un héroe para la hinchada ajaccied. Su ímpetu, su buena puesta en escena, su garra, su pundonor y su amor por unos colores que representaba desde la categoría benjamín le elevaron al Olimpo de una grada que ha tenido el honor de disfrutar de Van Basten, Cruyff, Kluivert, Davids, Van der Sar, Bergkamp, Neeskens, Blind o Frank Rijkaard. Se llevó entonces los premios a Mejor Deportista y Mejor Futbolista de Ámsterdam. Lo que nadie esperaba era que en su primera temporada, justo cuando acababa de cumplir la mayoría de edad, una doble lesión de rodilla le iba a dejar año y medio sin jugar. Los médicos del club le recomendaron la retirada, opción que estuvo rondando en su entorno por la imposibilidad de volver a sentirse futbolista. Pocos conocen su sufrimiento tras romperse el menisco de su rodilla derecha en dos ocasiones seguidas. Cuando estaba cerca de reaparecer, una dura entrada le provocó la rotura de ligamento cruzado de la otra rodilla. Los nueve meses estimados de baja se alargaron, la recuperación fue mal y encadenó 19 meses sin vestirse de corto.

Ahí pasó su peor momento. Su quiero y no puedo le hizo pedir al club que le dejaran libertad para la recuperación y se encerró por voluntad propia en el fortín de la Federación Holandesa de fútbol, junto a otros chicos que se estaban recuperando como Zongo o Smolarek de sendas lesiones. «Los primeros meses no podía ver fútbol. Ni por televisión, ni en el estadio». Y Heitinga se desahogaba rompiendo a trocitos la prensa deportiva. Johnny, como le llama cariñosamente la grada del Ajax, retornó en la 2003/2004 y lo hizo rayando a tal nivel que ganó el galardón de Talento del año en Holanda. Volvió para quedarse, con las rodillas machacadas, eso sí. Prácticamente antes de ser profesional había visto su carrera ya lastrada.

Los médicos le aconsejaron retirarse a los 19 años, su amor propio le aconsejó jugar con dolor media vida al más alto nivel

Un informe médico del equipo entonces aseguró que ninguna persona sería capaz de volver a jugar al fútbol con las rodillas de Heitinga. Que nadie podría soportar tanto dolor y convertirse en deportista profesional. Heitinga lo hizo. Jugando como defensa central de manera habitual y haciéndolo como lateral derecho en ocasiones esporádicas, se quedó con la capitanía y el dorsal número dos que llevaba a su espalda se convirtió en una referencia. Sus goles en partidos grandes (sobre todo contra el Feyenoord) ayudaron a elevar su leyenda. Siempre aparecía con un cabezazo oportuno en el córner ideal y hasta se atrevía con alguna que otra falta lanzada con potencia. Era un baluarte de las grandes citas.

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Así, con apenas 20 años debutó con la selección absoluta, de donde nunca se bajó y con la que ha jugado 87 partidos oficiales (está en el top ten de jugadores con más presencias). Sus rodillas, con continuos esguinces, no le permitieron en las tres siguientes temporadas tener la continuidad que un jugador de su calibre merecía, negándole la presencia de 10-15 duelos por temporada. Los últimos dos años en la Eredivisie, eso sí, fueron mágicos, y Heitinga pareció olvidar por momentos todo problema físico.

Del infierno de las lesiones y un amago de retirada, al cielo de la selección…¡con 20 años!

En marzo de 2008 viajó a Madrid para fichar por el Atlético (por 10 millones de euros) convirtiéndose en el primer refuerzo ilusionante de la temporada. Lo hizo con el Premio Bota de Oro de la Eredivisie, que se otorga al mejor jugador de la Liga y tras recibir una de las despedidas más emotivas que se recuerdan (en un fondo un mosaico de su camiseta, en el otro su imagen y en el césped fuegos artificiales). Entre medias de su marcha de Holanda y su llegada a España, eso sí, estuvo la Eurocopa, donde una gran Holanda fue apeada por la actuación sensacional de un demonio ruso llamado Arshavin y donde Heitinga recuperó fantasmas del pasado en forma de lesión.

Heitinga fichó por el Atleti en 2008 pero llegó lesionado antes del debut de la Eurocopa

Volvió a Madrid lesionado y debutó en la primera jornada, marcando el primer gol de la Liga y dando una asistencia en el inicio contra el Málaga, con evidentes síntomas de cojera. Tras la primera jornada, el habitual parón de selecciones llevó a Heitinga a Rotterdam. Allí, tuvo que conformarse con ver a sus compañeros entrenando. «Es muy duro estar aquí y no poder jugar, tener que estar sentado mientras los chicos se ejercitan», afirmó. Arrancó entonces el secretismo, con el Atlético culpando a Holanda de la lesión del jugador, argumentando que ya había venido mal de la Eurocopa y se había vuelto a lesionar ahora, y la Oranje afirmando que el jugador había llegado con problemas desde Madrid e incluso había jugado totalmente lesionado con la rojiblanca.

Heitinga se volvió munición pesada entre el Atlético y la selección holandesa

Heitinga, sufridor empedernido, alma de capitán, jugador de equipo, nunca dijo una palabra más alta que otra. Se dedicó a trabajar y jugar con dolor, ese que le habían adelantado los médicos no iba a poder soportar. Pero lo que nunca soportó fueron sus errores. Fallar no estaba en su credo y él consideraba que había fallado a la afición colchonera. Fue en la jornada 6, cuando una entrada a destiempo en el descuento a Drenthe permitió que el Real Madrid se llevara el derbi de penalti. Él, crítico, prometió mejorar, redactó una carta abierta de disculpa que colgó en su web y tituló ‘La falta y el castigo’. «[…] Perdimos el partido y yo soy el único culpable de que se produjera el gol decisivo […] Lógicamente, me siento culpable porque yo cometí una falta que no tendría que haber hecho de ninguna de las maneras […]», rezaba parte de su nota, aunque admitía que como equipo nunca habían sido superiores y que el entrenador se lo había hecho saber así.

Heitinga, jugador de equipo, alma de capitán

Una serie de malos resultados derivó en la destitución de Javier Aguirre y la llegada de Abel Resino, y con ello, la ruptura de la pareja de centrales Heitinga-Ujfalusi que tanto había ilusionado a la afición. El holandés pasó a jugar de lateral derecho y ahí, lejos del área, pudo tapar un poco sus carencias físicas, que se fueron limando a lo largo del curso. Se perdió, eso sí, su salida de balón. Porque Heitinga es probablemente el central con mejor juego de pies que ha pasado por el Atlético en las últimas décadas. Sus envíos en largo, milimétricos.

La llegada de Abel Le Alejó del centro de la zaga y se perdió su salida de balón

Su sprint final fue esperanzador. El mejor Heitinga volvió. Con él en el campo, el Atlético no supo qué era la derrota. Venció en los últimos ocho partidos de los nueve disputados en Liga. Sólo se perdió uno el holandés, por problemas físicos, que acabó en derrota sonrojante por 5-1 ante el Racing de Santander. Por su forma de ser y de jugar, Heitinga tenía algo que enamoraba, que rápido hacía enganchar a la grada. Porque se hacía ver como uno de ellos. Y entonces, cuando más cerca estaba de ser el jugador por el que tanto tiempo se había soñado, Heitinga se esfumó.

Con el mercado de fichajes español ya cerrado, la directiva decidió venderle al Everton, sin la posibilidad de encontrar un recambio, creando un término que se ha convertido ya en un habitual sentimiento de ira, tristeza, frustración y sobre todo miedo que surge en la afición colchonera cada verano: la Heitingada, según la RAAE (Real Academia Atletista Española): ‘Vender a uno de tus mejores jugadores en el último día de mercado sin fichar a nadie más quedándose con el culo al aire’.

Su venta de última hora, sin repuesto, con nocturnidad y alevosía generó enfado, incredulidad y un nuevo término: La Heitingada

Heitinga, hombre de honor, agradecido para con los suyos, de esos que llevan el sentido de pertenencia en el ADN, no se olvidó nunca del Atlético. Jugó cuatro años con el Everton, quedó subcampeón del Mundo con Holanda, se fue cedido al Fulham y probó suerte en el Hertha de Berlín antes de volver al Ajax para retirarse. Pero nunca dejó de recordar sus vivencias atléticas en las redes sociales. Ha estado en los últimos tiempos en el Vicente Calderón, ha conocido a Simeone (vaya dos almas tan parejas se habrían juntado), viajó a Madrid para animar al club en la semifinal de Champions contra el Bayern (nada de palcos, él estuvo en la grada) y en Milán se paseó por varias emisiones de televisión bufanda rojiblanca en mano. Si más atléticos hablaran holandés, le habrían elevado de inmediato al altar de las leyendas atléticas, con un paso efímero como Ujfalusi, pero que sin duda debió jugar más y haber recibido el reconocimiento de la grada colchonera.

Volvió el pasado verano al Ajax de Ámsterdam para retirarse como futbolista. Pero ya nunca pudo prácticamente volver a jugar. Tras cinco meses sólo pudo disfrutar de dos convocatorias. En ambas, salió de suplente (29 y 11 minutos respectivamente) para jugar partidos sentenciados, sendas goleadas del Ajax. Y entonces, 13 años después de que los médicos le dijeran que no podría volver a jugar al fútbol, Heitinga decidió retirarse. «Mi último deseo era regresar a Ámsterdam y ganar la última Eredivisie. Sin embargo, en diciembre me di cuenta de que mi carrera en activo se terminó. La despedida es, ligeramente, antes de lo previsto, pero seguiré en el Ajax toda mi vida». En Ámsterdam ya le han dado un puesto para coordinar la cantera. Heitinga se retiró de forma oficial el pasado febrero, en un encuentro contra el Feyenoord que, paradójicamente, también acabó 2-1. Todo acabó como empezó, mismo rival, mismo resultado, aunque con matices. Llegó como un imberbe al que no le pudo la timidez pese a sus 17 años. Salió como un héroe, de la mano de sus hijos, recogiendo flores y trofeos. No pudo soportar la idea de estar vestido de traje y corbata en el césped de su vida y rápido se puso una sudadera que le prestaron para brindar sus últimas palabras como futbolista profesional.

Se retiró como debutó, ganando al Feyenoord

Recientemente, la afición del Ajax le ha elegido en el Top10 de mejores jugadores de toda su historia. Sí, el Ajax, precisamente el equipo que tradicionalmente ha tenido la mejor cantera del mundo y que ha sacado a los mejores talentos. En el club han rodado un documental de media hora sobre su estancia deportiva allí. Heitinga militó sólo una temporada (2008-2009) en el Atlético de Madrid. Jugó en el retorno a la Champions League. Disputó 34 partidos en los que anotó tres goles y dio una asistencia. Marcó el primer tanto de la Liga aquel curso, lo que le permitió llevarse su peso en vino (73Kg), su edad (25) en Kg de jamón, su estatura (1’80) en quesos y su número de pie (44) en garrafas de aceite, un premio que otorga la Peña Atlética Corraleña. Ahora, retirado, dirige la cantera del Ajax y comparte tardes de platós televisivos con rutas de ciclismo y rutinas de gimnasio, pero lo que nunca deja de lado es el ADN. Porque Heitinga, o Johnny, como prefieran, ya le está transfiriendo sus genes con el balón a sus hijos. Y los Heitinga y el Atleti tienen una cuenta pendiente. ‘Oh Oh Johnny’.

Fotografía: MIKKO STIG/AFP/Getty Images

 

 

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