El nuevo escudo: consideraciones de un diseñador

NUEVO ESCUDO | OPINIÓN. Hoy quería hablaros del nuevo escudo. Empezaré aplacando un poco la lluvia de críticas feroces. El nuevo diseño del Escudo del Atlético de Madrid tampoco es que lleve la huella de un zapato. No creo que sea como para decir que se le ha pisado, sinceramente. Me parece que en cierto modo se ha intentado respetar una buena parte de la estructura actual, aunque ya se sabe que tocar ciertos símbolos tan pegados a la retina trae marejada. Es como si madre apareciera un buen día con un cardado a lo ‘Tina Turner’ o con un tatoo en la cacha. Se te escapa una subida de cejas, un taco, un algo…

El escudo de tu equipo trasciende al de un logo, «Se lleva en la piel», como diría ovejero

Cualquier atlético puede dibujar el escudo de su Club, aunque no sepa pintar. Es un elemento reconocible que afortunadamente no cambia a diferencia de las plantillas, los entrenadores o las directivas (bueno, dejémoslo en las dos primeras). Estos símbolos crean una asociación que se inicia con el aspecto visual y que acaba por trascenderlo. Como dijera Ovejero «el escudo se lleva en la piel«, Acabamos sintiéndonos plenamente identificados con ese diseño. En la mayoría de los casos, es un ‘logo’ que nos acompaña desde nuestra infancia, con toda la carga que eso implica.

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Se ha apelado a actualizar el diseño, modernizar el aspecto y simplificar los colores

Cabe preguntarse si era necesario o idóneo modificarlo. Desde las altas esferas del club se avala el cambio aduciendo cuestiones de diseño obsoletas, modernidad y economía de tintas, principalmente.

Respecto a las primeras esgrimen que se ha pretendido huir de las formas angulosas que sugieren algo punzante, molesto, agresivo; para buscar líneas redondeadas, suaves, más amables. Esa es la tendencia actual, que no es óbice para que pasado mañana cambie y se adopte la angular o la poligonal, por esos caprichos que sufren las modas y por ende el diseño.

El logo que lleva en nuestros ojos (y corazones) 40 años a mi me parece correcto

En segundo lugar readaptar un logo a la actualidad no es definitivo ni mucho menos; sólo garantiza la modernidad inmediata. Parte uno. Aún así, pienso que la arquitectura gráfica que lleva más de 40 años en nuestros ojos (y corazones) es bastante correcta. Incluso, adelantada a su tiempo. Si lo comparamos con los otros 19 emblemas de Primera, convenimos en que es una de las insignias más austeras y simples. De las más minimalistas, lo que le hace cumplir otro mandamiento del diseño actual: líneas sencillas, sin recovecos, ni coronas, ni añadidos externos barrocos; todo fluye concentrado en ese escudo escotado sin elementos de distracción, solucionado en tintas muy planas y de alta concentración cromática: 5 colores. Insisto, un monumento a la síntesis gráfica ya desde 1947, si obviamos ese ribete dorado aportado en los 80 y totalmente prescindible por considerarlo irrelevante por su nula inicidencia en cuanto a alteración de formas y/o contenido.

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Suavizar las líneas es tendencia para evitar agresividad pero ¿Es ESO el Atleti? ¿Suavidad?

Respecto al suavizado de líneas… Un ejemplo claro de esta migración de aristas a suavizados se encuentra en el logo de Citroën y de cómo aquellas puntas de flecha afiladísimas se han convertido en suaves colinas. Será la tendencia, pero como feligrés, no me identifica. El Atleti no es un equipo suave, sino áspero. Tampoco me parece amable. Ni siquiera armónico. Me da el aire de club irreverente, molesto, incordio, poliédrico… en una palabra, angular; plagado de pinchos, de púas, de colmillos. Capaces de tener a un Gárate y a un Griffa. No tengo por qué someter a mi emblema a un lifting de sentimientos ni de personalidades. Entiendo que somos lo diametralmente opuesto a lo redondo, a lo fácil. A lo chachi. Me gusta y me identifica su Escudo angulado. Hasta las puntas de las estrellas. Y si no vuelve nunca la moda de los angulares, me quedaré tan ricamente mirándome en ese espejo que me refleja tan bien. Mientras el mundo se vuelve redondo.

Por último abordemos el tema de las tintas, tenemos una paleta de 6 colores en principio. Quitamos el amarillo de la orla por parecer el más prescindible según las razones expuestas. Nos queda el rojo, blanco, azul, verde y negro. De esta ecuación se pretende eliminar el verde de la copa del madroño. Y de paso, el negro del oso, aproximándolo a un color conjunto para los dos protagonistas. Bien, la solución parece sencilla: en el nuevo diseño se ha integrado el follaje del árbol en el cerco superior de la escuadra azul. Para centrarlo, han volteado el sentido de la composición oso-madroño, lo que además les ha proporcionado espacio en la parte más amplia de la escuadra para encajar al plantígrado. Si bien ya ha dejado de ‘bailar’ con su árbol y lo han dejado separado, flotando, haciendo inútil o incomprensible el antiguo gesto de apoyarse sobre el tronco. Esta es la zona más «caliente» y que más debate ha generado. La integración con el arco superior abovedado o el simple gesto de invertir la secuencia oso-madroño, ha agitado al público rojiblanco.

El ‘baile’ de la osa (o el OSO) y el Madroño es lo que más ampollas ha levantado

Creo que se podría haber solucionado de una forma menos traumática. Primero, respetando la silueta del propio Escudo, sin arquear su parte superior. Ese triángulo interno que tan bien comentan desde el estudio de creación, contiene mucho espacio ‘negativo’ en blanco, considero que da juego para simplificar formas y colores, sin tener que recurrir a lo que se ha dado en llamar ‘boina’. Podemos liquidar el verde del madroño y el negro del animal virándolos a azul sobre el triángulo blanco, llenando más la escena. Ampliando protagonistas. Por ejemplo, medio cuerpo del oso y un detalle de la zona de la copa con circulitos simulando los frutos del madroño, bastaría; un zoom a escena, digamos. O bien contemplar la posibilidad de completar la totalidad de la escuadra en azul, interior incluido, y superponer ese mismo «zoom» del binomio oso-madroño. Sólo que en blanco. Adjunto un par de ejemplos que convalidan las mil (y pico) palabras que dice el refrán.

Coincido con el estudio Vasava en que el triangulo interior genera mucho espacio negativo pero creo que se podría haber resuelto de otra manera

 

Mi opinión es que se habría generado un cambio suficiente para cubrir las anomalías que se postulaban, minimizando al máximo la agresión sobre su estructura. Con todo el respeto y deferencia para mis colegas que entendieron esta otra forma de trabajar la iconografía. Y que ya sabían de la dificultad y exposición de la empresa.

No obstante, y ya que algunos nunca hemos votado en un Club donde nuestros padres, tíos, abuelos o amigos más veteranos nos aseguran que lo hicieron, no hubiera estado de más tomar el pulso de la afición. Es una sana costumbre, que conviene ejercitar de cuando en cuando. Haberlo hecho nos podría ayudar a sentir que no sólo valemos para agitar bufandas, dar berridos y pasar por taquilla.

Esta no es más que otra opinión de un diseñador gráfico sobre el cambio del escudo. No es ningún credo ni pretende serlo, pues el diseño acaba siendo un poco como los colores (los hay para todos los gustos). Esta reflexión ha intentado navegar por aguas entre lo profesional y lo pasional. De hecho habrá compañeros (con buen criterio) que me digan que es osa y no oso. Y, la verdad, intenté confirmarlo pero los píxeles no se ven bien ni ampliando en aquella zona.

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