Semienchufados

CONTRACRÓNICA. No era trámite. La Copa nunca lo es. Un gol en contra te incomoda y dos te llevan a una taquicardia y a mirar ese reloj que hasta entonces pasaba desapercibido en el estadio o en una esquina de la pantalla. El 3-0 de la ida era más bien un salvoconducto para trabajar el partido con la tranquilidad de ver el abismo de lejos. Nada más.

Tampoco era trámite para la mitad que jugaban, porque ‘se la jugaban’ de cara a seguir teniendo el beneplácito de Simeone. Era también la ocasión de muchos jugadores de corte más ofensivo para reivindicarse y demostrar a su entrenador que eran importantes para el grupo, que merecían tantos minutos a pesar de su pobre bagaje anotador y que siguen por tanto ‘enchufados’. En este aspecto el partido fue un patinazo como bien reflejan sus notas individuales. Cada uno a su nivel personal reciente pero ni Gaitán, ni Carrasco, ni Torres, ni Gameiro, ni siquiera Correa pudieron acumular goles que recarguen sus agotados depósitos de confianza. Se les nota el lastre de anotar poco.

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A Torres parece que se le empieza a notar la edad de manera descarada (lo cual es biológicamente normal, pero preocupante para su equipo). Le cuesta acomodar sus virtudes a ese plus de velocidad que ya no tiene. Echa en falta ese regate ágil que cada vez le cuesta más hacer y se hace difícil pensar que encauce de nuevo una racha como la del año pasado. Son muchos los que opinan que es un símbolo y como tal es tan importante lo que ha aportado como que su final esté a la altura de ‘los servicios prestados’. Difícil compatibilizarlo con una plantilla corta y unas exigencias que llevan al equipo al límite de sus posibilidades.

Gameiro acarrea para muchos el apelativo de bulto sospechoso. Pocos fueron los que se ilusionaron con su llegada y cada vez son más los que recuerdan que nunca fue primera opción y esa triunfa en la pérfida albión. Ese run run incesante sin duda le pesará al jugador que está lejos de su mejor versión en el Sevilla. Su denodado trabajo en cada partido no le vale a muchos que le juzgarán por sus goles de aquí a junio y por ahora roza el suspenso.

El dúo argentino Gaitán y Correa se salvaron de la quema. Progresan adecuadamente y son de las mejores noticias de enero aunque se espera más de ambos; de Nico que sea la estrella por la que se desembolsó un dineral en julio y Correa que sigue progresando en ese estilo potrero que inevitablemente le recuerda a uno al Kun Agüero, palabras mayores. En todo caso ambos acumulan más crédito que los otros tres.

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Carrasco ha cometido un pecado mortal de los mandamientos cholistas. Ha pensado que era más importante que el grupo, que él podía decidir dónde jugar (y expresarlo públicamente). Tras decir que no quería jugar por la derecha, Simeone lo ha zanjado mandándole a la izquierda…del banquillo. Ha perdido peso tras su apoteósico octubre y de pensar que había nacido una estrella se ha pasado una fase que amenaza convertirle en estrella fugaz de la constelación atlética. Simeone aprecia la humildad, las ganas de escuchar y aprender de sus jugadores y que las individualidades emergen como fruto del trabajo colectivo. En alguna o en varias de estas facetas Diego Pablo no debe ver a Carrasco en la misma sintonía.

Los que menos probablemente tenían que demostrar de los no habituales, Giménez y Juanfran no sólo cumplieron sino que marcaron los goles que siguieron dando tranquilidad al corazón atlético que nunca vio peligrar realmente la clasificación. Un cabezazo a balón parado como los de antaño y un buen gol ejecutado con precisión fueron un gran botín para sus sacos de confianza personales. Aunque probablemente son de los que menos lo necesitaban porque tienen las espaldas anchas y Simeone a ambos les ha puesto la etiqueta de superútiles y polifacéticos (la misma que tiene Lucas por cierto que nunca desentona y sigue creciendo). Debe ser definitivamente que con confianza se juega mejor y ayer se notó porque unos se enchufaron y los otros sólo a medias.

Fotografía: ANDER GILLENEA/AFP/Getty Images

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