Meine Lieben Krieger (Mis queridos guerreros)

Lars Baron/Bongarts/Getty Images

CONTRACRÓNICA. En el siglo V oleadas de guerreros germánicos invadieron hasta hacer suya la península ibérica, arrebatándosela a un imperio romano moribundo y arrodillado. El martes, catorce guerreros imitaron el trayecto a la inversa asaltando el BayArena con insultante superioridad y sin quien nadie osara cuestionar su jerarquía en Europa. El dominio aplastante no se transformó en el resultado para la historia que debería haberse visto porque en ocasión y media el Bayer se llevó un botín jugoso de dos goles cuando no merecía semejante hilo de vida.

También asaltaron las gradas las huestes colchoneras. Son unos 1.000 seguidores atléticos insistían sin cesar en la televisión. No dejaron de ser oídos, atronadores, por encima de los otros 29.000 espectadores que pensaron que con unas carracas, más propias de una chirigota que de un estadio, acallarían a la hinchada más entregada de España. No se puede silenciar la «obsesión» de la que hablaba Gabi el día antes. Ya lo verás, la vuelta a todo el mundo vamos a dar.

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Que a cada uno se le oiga por diez del rival es la lección número uno del aficionado en desplazamientos. También hubo victoria por goleada. A cada aficionado rojiblanco se les oyó por treinta. Los alemanes contemplaban estupefactos mientras giraban la carraca con un juego de muñeca. No lo puedes comprender…

Saúl en alemán se dice golazo de rosca. Da igual que seas el Bayern o el Bayer. Te la va a clavar aunque pongas un defensa por delante. No importa que tengas un porterazo perfectamente colocado que vuele buscando en vano llegar con las yemas a ese balón que se aleja hasta buscar la red a la que está destinada. El ocho no sabe hacer goles normales, sus goles son caviar: escasos, deliciosos, inolvidables.

Griezmann está volviendo y ya suelta fogonazos de esa grandeza que le ha llevado a liderar este equipo dos años. Toca poco a poco a su fin el invierno, florecen los árboles, se alargan los días y emerge el siete. No ha vuelto aún del todo pero se despereza como el oso tras hibernar. Es primavera en este Atleti y con el deshielo, el arroyo Antoine baja como un río en crecida. La afición sueña que pronto vuelva a ser ese torrente imparable.

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Gameiro dio un gol, forzó un penalti y lo marcó. Se fue enfadado porque quería más. Debe alegrar al aficionado ese enfado porque no es egoísmo, su séptima asistencia lo demuestra. Es señal de la ambición que tiene por jugar, hacer las cosas bien y ayudar al equipo. No se ha borrado jamás en los momentos malos y parecen que llegan por fin los tiempos buenos de Kevin. Sentémonos a disfrutarlos.

El partido, luminoso arriba, tuvo dos apagones defensivos, uno fue mérito del Bayer y el otro demérito de Moyà. En el primero quedó claro que Carrasco (y Griezmann) defienden peor que el resto en estático. Bellarabi lo sabía y buscó explotar ese espacio hasta que llegó su ocasión; la aprovechó. parecía que sería el único lunar de una noche mágica. Pero volvieron las dudas al arco. Tras Celta y Sporting, Leverkusen… van muchas ocasiones en las que el portero no es relevante y comete errores de bulto. Moyà no es Oblak y este llama a la puerta. Savic no es Godín tampoco, todo sea dicho también. Entre ambos sin desearlo crearon de la nada un segundo gol para el Bayer. No despejas, ay que me quedo corto en la estirada, ay que me rebota, ¿no la ibas a coger? ¿no la ibas a despejar? Dentro balón, fuera tranquilidad.

El marcador con sólo un gol de ventaja no parecía justo para un equipo que había sido al menos tres veces más peligroso que su rival. Las dudas crearon zozobra, la zozobra precipitación y la precipitación diez minutos en las que el Bayer jugó el farol de creer tener muchas opciones de pasar y el Atleti, hipnotizado, no se acordaba de lo bien que había jugado y que casi había encarrilado la eliminatoria.

El fútbol explicado con sencillez dice que es un juego de once contra once donde siempre ganan los alemanes. También dice otro dogma que Torres fallará el gol más fácil para marcar otro antológico e inolvidable. Y que nadie ose dudar de la auténtica fe cholista.

Un partido que se había convertido en una invasión inversa a tierras germanas acabó con otra inversión similar. El Atleti cerró el partido en los minutos finales con un jaque pastor (la victoria más rápida en ajedrez). Vrsaljko sacó sin aparente peligro a Koke, este devuelve inesperadamente a Sime que desde la línea de fondo centra para que Torres en su primer balón de la noche la aloje en la mallas. Jaque mate en tres movimientos.

Mi compañero Iván decía en la previa que los guerreros de Cholo, aquella compañía Easy, es una banda de hermanos de sangre que iban al asalto del Bay Arena. Cumplieron; en Europa siempre lo hacen. Es una noche para sacar pecho se habrán dicho en el vestuario. Lo es, mis queridos guerreros, meine lieben Krieger, lo es.

Fotografía: Lars Baron/Bongarts/Getty Images

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