Volver a ser un equipo hijoputa

OPINIÓN. Dice mi amigo Peris que el Atleti de los mejores momentos (muy cercanos en el tiempo) era “un equipo hijoputa con jugadores hijos de puta“. Hijos de puta en el buen sentido, que en el castellano también lo tiene. Aunque la RAE lo recoge como mala persona, lo usas para alabar la pericia o carácter de alguien desde una cierta envidia.

Bueno, no nos engañemos. En el caso del Atleti hablamos de hijos de puta de verdad. De esos tíos a los que acusaban de ser los más guarros y los más leñeros del mundo (sin razón), simplemente porque Madrid y Barça no nos querían ni ver. Unos hijos de puta de esos que te amargan la vida. Unos hijos de puta que te persiguen por cada centímetro del campo hasta el baño del vestuario si es que te da un apretón…

Un equipo rocoso, fuerte, aguerrido, combativo, ganador, que no daba un balón por perdido, que apretaba hasta el último segundo, que ganaba cada balón dividido, con el que sabías que había que meter la pierna fuerte porque si no te la partían.

SE ECHA DE MENOS A UNOS CUANTOS HIJOS DE PUTA

Un equipo que ganaba cada balón aéreo, como el sábado el Alavés. Sí, el Alavés, no el Atleti. El Cholo echa de menos ese equipo. Y en la rueda de prensa post partido se acordó de algunos de los que no están.

“Tener buen juego aéreo como tenían ellos (el Alavés) es importante si te sale bien. Nosotros cuando teníamos a Raúl García, a Madzukic, a Diego Costa, que eran altos [esos sí que eran hijos de puta], podíamos aprovechar ese juego. Hoy tenemos otras características de futbolistas y estamos intentando acercarnos a ponerlos de la mejor manera para que puedan responder”, manifestó el técnico argentino, reconociendo la superioridad del conjunto vitoriano.

NO SACAMOS BIEN NI UN BALÓN PARADO

Ese equipo, además de a los citados por el Cholo, tenía a Miranda o al mejor Tiago, que también eran una garantía por arriba a balón parado. En Mendizorroza el Atleti no tenía a ninguno de esos cinco hombres, pero aunque los hubiera tenido, creo que no habría rematado ni una jugada a pelota detenida.

Minuto 19 – Falta lateral de Koke. No la levanta un metro al palo corto. Griezmann no puede rematar. Saque de puerta.

Minuto 26 – Falta lateral de Gaitán. No la levanta un metro al palo corto. Despeja la defensa.

Minuto 31 – Falta lateral de Gaitán. Blanda y centrada, a las manos del portero.

Estos tres ejemplos fueron una tónica en Mendizorroza de lo que viene siendo la norma esta temporada. No hace tanto, que cada saque de esquina provocaba un bramido en la grada del Calderón muy cercano en decibelios al estallido de un gol. Sin embargo, ahora, cuando nos disponemos a sacar un córner el grito más generalizado es algo parecido a “¡Koke, levántala, por Dios!”.

CON EL BARÇA ES VITAL VOLVER A SER UN EQUIPO HIJOPUTA

Esta noche, ante el Barça, es importante (vital) volver a ser un equipo hijoputa. Básicamente, porque si nos ponemos a jugar al fútbol, es innegable que técnicamente ellos tienen más y mejores jugadores (Messi, Neymar, Luis Suárez, Iniesta…).

Ahora, si se trata de correr, de bregar, de pelear, de creer… de luchar como hermanos, defendiendo sus colores, derrochando coraje y corazón… Los Gabi, Godín, Juanfran, Filipe, Koke… qué quieren que les diga, no tienen parangón.

Y si a eso le unimos que Griezmann vuelva a estar de dulce como hace dos semanas en San Mamés (o el año pasado en Champions precisamente contra el Barça), que Gaitán no tenga frío (que lo hará), que Carrasco vuelva a irse en el uno contra uno y a romperla desde la frontal (la bola, no las botellas en el banquillo) o que Gameiro enchufe alguna entre los tres palos (alguna tendrá que entrar), ya sería antológico.

LA COPA ES EL OBJETIVO

Y tiene que ser así, porque la Copa del Rey es el objetivo número uno. Para mí lo es. No ahora, en unas semifinales contra el Barça, sino que ya lo dije antes de enfrentarnos siquiera a Las Palmas y al Eibar.

La Copa debe ser el objetivo por varias razones. Primero, porque la Liga está más que perdida (a diez puntos de un líder con un partido menos), pero confío plenamente en que la clasificación para la Champions no peligra, porque el equipo terminará cuarto, o incluso tercero, sin excesivos problemas.

Y segundo, y fundamental, porque este club tiene que volver a ganar un título. Puede que nos hayamos malacostumbrado, sin duda. Pero históricamente el Atlético de Madrid está acostumbrado a tocar metal, y después de cinco temporadas ganando títulos prácticamente cada año (2010- UEFA Europa League y Supercopa de Europa; 2012- UEFA Europa League y Supercopa de Europa; 2013- Copa del Rey; 2014- Liga y Supercopa de España), tras dos temporadas sin visitar a Neptuno (por mucha final de Champions que haya habido de por medio), una tercera a mí se me haría muy larga…

¿Y LA CHAMPIONS…?

¿Y la Champions qué?, me preguntarán muchos. Pues qué quieren que les diga, señores, no confío para nada en que este año nos llevemos la Champions. No por el rendimiento del equipo, que también, sino por pura dificultad estadística.

La dificultad que entraña llegar a tres finales en cuatro temporadas consecutivas (algo que haría el Atleti de sumar Cardiff a Milán y Lisboa) es algo que (quitando las cinco Copas de Europa consecutivas que ganó el Real Madrid en el nacimiento de esta competición en los años cincuenta) ni Real Madrid ni Barcelona han conseguido.

Lo más cerca de ese logro estuvo el Madrid de cambio de siglo (tres finales en cinco temporadas: 1998, 2000 y 2002) o el Barça de Messi (tres finales en seis temporadas: 2006, 2009 y 2011).

Pero, y termino como empecé, dice mi amigo Peris que si fuera por estadística “el Atleti ya tendría que tener al menos una Champions”. Porque, como yo mismo me harté de repetir tras la derrota en Milán, nunca, jamás, en la vida, un club había perdido sus tres primeras finales de Copa de Europa… y el Atleti lo hizo (1974, 2014 y 2016). Eso es otra historia. De momento, volvamos a ser un equipo de hijos de puta, porque #QueremosGanarLaCopa.

FOTOGRAFÍA: Esto es Atleti / Tania Delgado

COMENTARIOS