Don Diego o la fuerza del sino

OPINIÓN. Las últimas declaraciones de Diego Costa en la concentración de la Selección han traído nuevamente a la escena mediática y a los foros de debate atléticos, tanto el tratamiento de su salida del Atleti al Chelsea como su pretendido regreso en el pasado mercado veraniego. Intentaremos aquí analizar ambas secuencias y así mismo desvelar algunos asuntos poco o nada tratados en lo que concierne a esta relación amor-indiferencia (que no odio) que mantiene Costa con la afición rojiblanca. Vaya por delante que el que esto escribe se declara ferviente seguidor del de Lagarto y considera que nunca debería haber salido del Atleti.

Si nos remontamos al 1 de julio de 2014, fecha en que se hizo oficial el fichaje por ambos clubes, podemos recordar lo que el Chelsea pagó por Costa y lo que el Atleti percibió por esa venta, siempre con la salvedad de que los medios –los clubes silenciaron el precio- no publicaron una cifra pacífica, pues unos hablaron de 36 millones y otros de 38, el importe de su cláusula de rescisión. Lo que sí parece claro es que un 23% de la cantidad final no lo recibió el Atleti, pues el Sporting de Braga se había reservado un 20% del traspaso y los cinco clubes en los que estuvo cedido (Penafiel, Braga, Celta, Albacete, Valladolid y Rayo) cobraron un 0,5% cada uno en concepto de cláusula de solidaridad o derechos de formación.

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El Atleti sólo habria recibido 28 millones por DiegoCosta, suficiente para que Gil Marín lo diera por amortizado

Pero unos meses antes, la noticia había saltado cuando se hizo público que Chelsea y Costa habían firmado un precontrato entre febrero y marzo de 2014, a todas luces ilegal según la normativa UEFA, que solo permite este tipo de vinculaciones dentro de los seis meses anteriores a la finalización del contrato con el Club de procedencia. Esto es, solo en el caso de que Costa finalizara contrato verano de 2014, el precontrato hubiera sido legal. No era el caso porque el contrato del hispano-brasileño se extendía hasta 2016 y de hecho se estaba negociando su renovación.

Así las cosas, suscrito tal precontrato, Diego Costa se arrepintió en poco menos de un mes y así se lo hizo saber a Gil Marín en vísperas de la eliminatoria de octavos de Champions contra el Milan, solicitando que negociara no salir del Atleti camino de Londres. Ante tal tesitura solo cabían dos posibilidades: que el Atleti considerara el precontrato nulo por ilegal o que no pudiera ejercer tal pretensión porque habría sido parte de dicho precontrato consintiendo el mismo o incluso firmándolo. Evidentemente nos inclinamos por la segunda opción, dado cómo se dieron los acontecimientos, luego habrá de concluirse que el Atleti vendió a Costa al Chelsea en el primer trimestre de 2014 y no el 1 de julio.

Llegados a este punto, ustedes dirán que alcanzo tal conclusión porque soy un rendido admirador de Diego. Cierto, es muy posible. Pero explíquenme entonces por qué Gil Marín no juega la baza de denunciar a la UEFA el precontrato y anularlo, no pudiendo entrar en juego penalización alguna –se hablaban de 30 kilos- ante el fin ilícito del mismo. Es obvio que estando Jorge Mendes por medio el tema se enfanga hasta límites insospechados, pero no es menos cierto que Gil Marín prefería cobrar 28 millones por Costa a final de temporada, un jugador al que consideraba amortizado porque apenas le había costado un millón de euros.

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Lo que pasó en esos meses todo el mundo lo conoce. Costa hace un final de temporada brutal sabiéndose jugador del Chelsea e incluso paseándose en Stamford Bridge en semis de Champions.

Diego triunfa en Londres, pero añora el Atlético

Que Diego se fue forzado y ha tratado de volver aquí desde el mismo momento de su marcha es algo irrefutable, su relación con el Cholo y el Profe Ortega y con la mayor parte de sus ex compañeros ha sido fluida y constante y todos han deseado su vuelta. Sin embargo, él se ha dedicado a lo suyo y triunfa en el Chelsea, siendo el principal baluarte de su liderazgo en la Premier con sus goles y asistencias decisivos.

Hace unos días soltó esta perla radiofónica: “El Atleti no me esperó y ahora no me pelearía por volver”. Podría ser el entierro definitivo de la ilusión de unos y otros por su vuelta pero ¿estuvo verdaderamente cerca de regresar? Yo sostengo que no. Que se ha hablado de una oferta de 60 kilos trasladada al Chelsea que, de existir, era un brindis al sol, una maniobra más de distracción de Gil Marín, dado que a todas luces parecía insuficiente para traerse a Diego, que nada tiene que envidiar a ningún delantero top del mercado y por el cual el Chelsea pedía mucho más, a fin de poder acometer el fichaje de un sustituto. De esta forma, la primera opción del Cholo se esfumaba y Cavani e Higuaín se antojaban igual de intratables. Incluso pasó con Icardi que estaba también por delante de Gameiro. Lo de Morata fue también otra salida de pata de banco de Calam pues se sabía que Florentino no tragaría. Y finalmente el Cholo, impaciente por disponer de un 9, se tragó el quinto o sexto plato. Cuando en rueda de prensa le preguntaron por Gameiro, Simeone, sincero y decepcionado, habló de Costa.

Diego ahora se reivindica de forma oportunista -al ser un ídolo en Londres por encima de cualquiera, incluido Conte y salvaguardarle ese estatus- y de manera inoportuna, porque no venía a cuento ahora remover ese asunto y porque parece que cuando alude al Atleti está poniendo el foco sobre Simeone, cuando no es así, aunque sí fuera el máximo responsable del vestuario el que exigiera a un mes de cerrarse el mercado un 9 para culminar la plantilla. Y aunque Costa debería haber especificado quién no le esperó o más bien quién no le fue a buscar, tengo claro que hizo todo lo posible por volver y verdaderamente está defraudado con Gil Marín. También me consta que muchos atléticos lo están con él porque consideran que dejó tirado al Atleti. Espero que este artículo sirva para dar una vuelta de tuerca más a esa supuesta infidelidad. Costa siempre ha sido fiel, quizás fue débil por unas semanas, cuando se sintió maltratado por la oferta económica de renovación y Mendes vio la oportunidad de engatusarlo. Parecía rectificar a tiempo aun con un precontrato ilegal firmado. Pero el tiempo en el Atleti no lo marca el reloj sino Miguel Ángel Gil Marín. Y la pasta ya estaba asegurada. Es el sino de este club que ahora arrastra también a Diego Costa. Fin del capítulo.

Fotografía: Esto es Atleti/Tania Delgado

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