Qué fue de…20. Mateja Kezman

Denis Doyle/Getty Images
Denis Doyle/Getty Images

QUÉ FUE DE: Mateja Kezman militó en el Atlético de Madrid en la temporada 2005/2006, disputando 33 partidos oficiales y marcando 11 goles en su único curso como colchonero.

No había llegado julio si quiera del año 2005. El mercado de fichajes no estaba abierto, pero el Atlético ya tenía a su primer refuerzo. Mateja Kezman (12 de abril de 1979, Belgrado) llegaba desde el Chelsea tras un año frustrado en Londres y fue junto con Nikolaidis la pareja de Fernando Torres que más cerca estuvo de agradar y consolidarse. Kezman fue el último delantero en enfundarse la rojiblanca justo antes de que llegara la época dorada del ariete, la de los Agüero, Forlán, Diego Costa, Falcao o Griezmann y, ciertamente, de haber coincidido con otros jugadores de mayor nivel y en una temporada menos convulsa, su historia como rojiblanco podría haber sido mayor y mejor.

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Para recordar lo que era el serbio en un campo de fútbol, ayuda mucho poner de fondo unas canciones de Los Rolling Stones, Led Zeppelin o AC/DC. Kezman era excentricidad, era locura transitoria, era jugar al fútbol a ritmo de Rock & Roll. Sus goles con la diestra eran zarpazos. Sus tantos de cabeza martillazos. Sus celebraciones, adrenalina pura.

Mateja Kezman se ha forjado a base de sobreponerse las adversidades de la vida. Afirma que sus tatuajes son su vicio, casi todos de índole religiosa, y en ellos ha ido representando significados que le ayudaron a lidiar con lo imposible. Su infancia en Belgrado fue caótica y durante su adolescencia tuvo que sobrevivir a los bombardeos de la OTAN a su pueblo natal. «Pasé mi vigésimo cumpleaños en un búnker-refugio contra las bombas», afirmó y los reveses que le ha dado el destino le hacen definirse a sí mismo como «un guerrero», concretamente, uno para el que la debilidad es impensable. En su cabeza, rendirse nunca estuvo permitido.

Sobrevivió a los bombardeos de la otan en su pueblo siendo adolescente y se libró milagrosamente de un secuestro en holanda

Kezman debutó en la Primera División de Serbia a la edad de 16 años. Lo hizo en el Zemun, el club en el que militaba desde los nueve años. En su primer curso, Mateja hizo 12 goles en 12 partidos y rápido se ganó el ir fichando por equipos de mejor calado. Por eso, antes de cumplir la mayoría de edad, hizo las maletas y dejó atrás su vida entera para buscar su sueño. Primero en el Loznica, luego en el Sartid, a los 19 años le llegó al fin el fichaje por uno de los grandes del país: Partizán de Belgrado. Allí vivió tiempos convulsos, vio cómo la temporada y la vida se paralizaban por la guerra y en su último año, con algo más de tranquilidad y regularidad, se alzó con el título al máximo goleador de la Liga (27 goles) y con el trofeo del campeonato.

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Con 21 años, el PSV Eindhoven se fijó en él. Aquel equipo que había tenido en sus filas a Romario, Ronaldo o Gullit buscaba pareja de baile para Ruud van Nistelrooy y gastó 14 millones de euros en él, convirtiéndole, aún hoy, en el fichaje más caro de su historia. Dado el rendimiento del serbio, los holandeses se permitieron el lujo de vender a Van Nistelrooy en el primer mercado de fichajes y con el dinero firmar a Arjen Robben, que a la larga sería el mejor socio de Kezman en Holanda. La famosa pareja formada por Batman (apodo que adquirió el serbio pues jugaba con una camiseta interior sin mangas con el símbolo del súperheroe) y Robben (haciendo referencia a Robin, el compañero del murciélago). Lo que hizo el serbio para el club tulipán es sencillamente historia.

Kezman militó en el equipo holandés cuatro temporadas, jugó 122 partidos con la camiseta del PSV y marcó 105 tantos (promedió exactamente un gol cada 90′). Por el camino, dejó en el zurrón dos ligas de Holanda, tres Supercopas, fue tres veces máximo goleador del campeonato y se alzó en 2003 con la Bota de Plata, solo superado ese curso por Roy Makaay. En su estadía en Holanda volvió a vivir un episodio que no hizo más que reforzar su autoestima, su confianza en sí mismo y su alma de guerrero. Y es que la policía desarticuló un plan que «estuvo apunto de llevarse a cabo». Kezman estuvo muy cerca de acabar secuestrado por un yugoslavo que antiguamente había trabajado como alto cargo del gobierno. En los planes del rapto, encontrados en el apartamento del secuestrador, figuraba una cantidad exacta de dinero que se le iba a exigir al PSV por su liberación y todo tipo de locuras posibles que el jugador iba a sufrir.

La policía, que confirmó que «el secuestro se pudo evitar milagrosamente», le brindó seguridad 24 horas al día durante meses hasta que el jugador acabó llegando al Chelsea en 2004. Aterrizó en Londres en el primer gran Chelsea millonario de Abramovich, aquel en el que Mourinho iba a empezar a dirigir a los Cech, Lampard, Drogba, Mutu, Joe Cole o Gudjohnsen. El serbio quedó relegado desde un primer momento a un segundo plano y encasillado como cuarto delantero, ni siquiera llegó a sumar 1.000 minutos con la camiseta de los blues. Saliendo desde el banquillo y jugando los minutos de la basura, Kezman logró convertir 7 goles en las islas en 41 partidos, promediando un gol cada dos partidos completos jugados.

Hizo historia en el PSV, sintió histeria en el Chelsea

Kezman era bueno. Incluso diría que muy bueno. Pese a no disfrutar de minutos en el Chelsea, el serbio era el líder de su selección, entonces Serbia y Montenegro, y fue la pesadilla de España en la fase de clasificación para el Mundial 2006 de Alemania. Los balcánicos acabaron como primeros de grupo y Torres y Kezman, con seis y cinco goles, acabaron como máximos anotadores del grupo.

Esa ronda de clasificaciones la empezó como jugador del Chelsea pero la terminó vistiendo de colchonero. En una temporada en la que el club se reforzó con Maxi, Petrov y Kezman como jugadores de mayor renombre, Carlos Bianchi desde el banquillo nunca supo dar con la tecla de una campaña convulsa que acabó con Pepe Murcia como técnico. Kezman, en su puesta de gala, afirmó ansiar llegar a unos 25 goles con la camiseta rojiblanca y puso como referente a Diego Forlán, que después sería ídolo rojiblanco. El charrúa, tras ser casi residual en el Manchester United había logrado romper el cascarón en un Villarreal en horas altas. El serbio quería emularle.

Kezman demostró que la suya era otra pasta casi nada más aterrizar. En uno de los primeros partidos de pretemporada, el 7 de agosto ante el WBA inglés, el serbio se retiró en camilla, inmovilizado y con un traumatismo craneoencefálico para el que se recomendaba reposo severo. Seis días después, el jugador fue parte del once inicial de Bianchi en el Trofeo Ibérico ante el Sporting de Lisboa. Y eso que, tres días antes, los colchoneros se midieron en el trofeo Fiesta de Elche a los alicantinos con un equipo plagado de canteranos, en el que el serbio, que quería agradar y convencer, pidió jugar pese la negativa del club.

Su inicio en el Manzanares fue esperanzador, con tres dianas en sus primeros cinco partidos, uno de ellos para derrotar al Barcelona. Kezman estaba enchufado, pero ese año, al Atlético de Madrid le faltaba mordiente, creación, no generaba, no llegaba a la portería rival. Eso se tradujo en una cifra paupérrima de goles a final de temporada. Los 45 goles a favor que consiguió el equipo en Liga aquel curso son la peor cifra de goles que ha obtenido el club desde la 1981-1982 (sólo en la 2003-2004 la cifra fue inferior, de 40 concretamente). Como muestra, Fernando Torres cosechó sus peores números en su primera etapa como rojiblanco, haciendo 13 dianas. Maxi logró 10 y Kezman se quedó en 8 tantos, aunque en Copa del Rey sumó tres más.

El serbio disputó 33 partidos como rojiblanco, anotando 11 goles, logrando casi el 20% de los tantos del equipo en aquella temporada. Por el camino, el ariete tuvo tiempo para dejar boquiabiertos a los servicios médicos del club. En una nueva muestra de superación y de su poderío físico, el serbio, que se rompió el menisco en diciembre, acortó los plazos hasta límites insospechables nunca vistos y que hoy no se han vuelto a repetir.

Se recuperó de una operación de menisco en poco más de dos semanas

Kezman se rompió el menisco de su rodilla el 15 de diciembre de 2005. El futbolista fue intervenido y se le esperaba para entre seis y ocho semanas después. A los 18 días de la operación el punta ya entrenaba al mismo nivel que el grupo, jugó partidillos con el filial y antes de cumplirse un mes volvió a los terrenos de juego.

Mateja no era un prodigio del balón. De técnica iba más bien justito y verle tirar una pared era, en ocasiones, hasta doloroso. Pero él era otra cosa. Sus desmarques eran un placer para la vista, los movimientos de arrastre del rival, un manual para los jóvenes que empiezan, su inteligencia en el área la tenían muy pocos y su oportunismo le ha brindado unas cifras goleadoras envidiables. Su gusto particular por crecerse en los partidos más exigentes era algo que enamoraba a la grada. Así, logró marcar al Barcelona para dar la victoria al Atlético. Al Real Madrid le hizo un gol de tacón en el Bernabéu y vio puerta también en Anoeta y San Mamés, entre otros.

Pero en el fútbol hace falta suerte, además de talento. Necesitas estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Su cartel seguía siendo inmenso en Europa, por eso el club, que acababa de fichar al Kun Agüero por 23 millones de euros y necesitaba hacer caja, nunca le cerró la puerta un año después de su llegada. Más bien todo lo contrario.

El Atlético había cuajado la peor temporada desde que había regresado del infierno de Segunda y la plantilla, en una época en la que cada año se cambiaban diez cromos, era susceptible de continua renovación. Si Kezman y el Atlético hubieran unido sus caminos un par de años más tarde, posiblemente el resultado habría sido mejor para todas las partes, con el serbio compartiendo nómina con los Forlán, Falcao y Costa en el recuerdo como ariete colchonero de tronío. Así, aunque el serbio mostró interés por quedarse, pues en el Calderón había encontrado la confianza y la regularidad que perdió en Londres, a finales de agosto, cuando el mercado tocaba a su fin, una oferta del Fenerbache que permitía al Atlético recuperar lo invertido hizo que el balcánico preparase las maletas.

En el Atleti logró 11 goles en 33 partidos en una temporada global poco prolífica

Ahí empezó a labrarse ya la fama de trotamundos del gol. Ciertamente, aunque sus números no sean de gran altura, su porcentaje de gol por minuto siempre fue bastante bueno. Estuvo dos años en Turquía, logrando una Liga y una Copa y llevando al Fenerbache a su mejor actuación en Champions de siempre; luego se marchó a un PSG que quería volver a reinar en Francia, donde aguantó tres años y logró la Copa de la Liga (entre medias estuvo cedido en el Zenit ruso). Ya con 32 años hizo las maletas y puso rumbo a Hong Kong, antes de volver a Europa para dar sus últimos pelotazos como profesional en el Bate Borisov, donde se retiró como campeón.

Por eso, 530 partidos como profesional y 255 goles después, Mateja Kezman decidió colgar las botas. Si el serbio hubiera disputado todos los minutos como futbolista en su carrera profesional (algo que obviamente no hizo, por lo que su cifra gol/minuto es mayor) habría logrado marcar un gol cada dos partidos de media. Ahora, Kezman se desenvuelve en los despachos y asesora a algunos futbolistas en calidad de agente. Entre ellos, es el encargado de llevar a dos de los jugadores más prometedores de Serbia, los hermanos Milinkovic-Savic (Sergej juega en el Lazio y Vanja en el Torino), pero sobre todo, tiene tiempo para amar a Dios y la vida clerical, su otra gran pasión junto a los tatuajes y de la que cada día está más cerca. Recientemente ha publicado su autobiografía, donde recuerda con gran cariño su temporada como rojiblanco aunque, quizás como todos, él sabe que haber corrido todo de otra suerte, su nombre y el del Atlético podrían haber caminado juntos a gran escala.

Fotografía: Denis Doyle/Getty Images.

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