Retales de gloria

CONTRACRÓNICA. Sacudía Giménez la cabeza. Con la incredulidad que da el déjà vu que no deja de volver. Un codazo de Boateng le costaba al delantero rival la expulsión y daba con el central uruguayo en el suelo, frotándose la cabeza pero también con un problema de aductor; el enésimo. El central en una caída aparatosa se unía (de nuevo) a la larguísima lista de lesionados que esta temporada ha plagado al equipo rojiblanco. La notable persistencia de las lesiones ha de ser explicada y analizada para que no se repita. ¿Ha llevado la preparación de ironman del Profe Ortega este año demasiado al extremo el físico de un equipo que se enorgullece de su dureza y resistencia pero que se está resquebrajando físicamente desde el inicio del curso?

Urge encontrar respuesta a las 37 lesiones de esta temporada

Por suerte el Atleti fue su versión más seria, efectiva y demoledora en Las Palmas. Los grancanarios se estaban quitando el chándal para empezar el partido  y ya iban perdiendo 0-1. Se intentaron reponer y se llevaron dos más en menos de cuarto de hora. Game over con 75 minutos por jugar. Como me decía un amigo, era el sueño de cualquier entrenador antes de un choque de la máxima exigencia, entrenamiento competitivo, portería a cero, recuperar a Gameiro de cara a gol, ver que Gaitán aún tiene dentro de sí mismo recuperar la dimensión del jugador que creímos ver muchos en él. Al final el vendaval rojiblanco dejó un saco de goles en Las Palmas y se hizo de la desgracia, virtud (una característica de lo más cholista). Thomas salió para ser lateral de urgencias y acabaría marcando. Correa salió para dar descanso a Griezmann y se convirtió en el máximo asistente del equipo con el pase al ghanés para que marcara. Torres ingresó para que Gameiro no tuviera ningún susto en su retorno a la competición. No participó mucho en el juego el fuenlabreño en el rato que estuvo pero cerró un 0-5 con un remate de ariete. El partido canario dejó «sólo» la horrible noticia de la baja de Giménez. Otra más. Sacude la cabeza el aficionado atlético viendo el enésimo cambio por lesión pero le dura el pesar un momento. Sabe que el que salga dará todo por la camiseta y rendirá bien en una posición que probablemente no sea la suya. Así es la plantilla más versátil y comprometida de la Liga española. Camina diezmada pero orgullosa hacia la batalla final que ya se atisba en el horizonte.

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El Atleti es el púgil de antaño, el que siempre amenaza con ser campeón, aunque encaje golpe tras golpe

Se asomarán a las puertas del abismo de nuevo el martes, con la sonrisa de Leónidas dibujada en cada una de sus caras. Muchos hermanos han tenido que caer para llegar aquí y no dejarán pasar esa «cita con la historia» que explicaba Torres que han vuelto a ganarse. Porque este enfrentamiento también será un déjà vu de batallas pasadas y quieren que la mueca al finalizar sea de satisfacción y no de incredulidad. Como los espartanos saldrán los guerreros de Simeone con las ideas claras; «¡Aquí es donde les contendremos»! ¡Aquí es donde nosotros lucharemos!» cómo diría el rey de Esparta.

Camino a la enésima madre de todas las batallas ante el mismo rival que lo separa de la gloria

Con una defensa hecha jirones, con dos cicatrices profundas que hubiesen fulminado al más fuerte, llega el Atleti a los que probablemente sean los diez días más importantes de su temporada , levantándose de nuevo. Observa atónito el rival a un equipo que no se deja derrotar y al que ya no se atreve a despreciar. Con dificultad primero, pero con la determinación del que sabe que está de manera inesperada, de nuevo, ante la batalla de su vida, mirará el Atleti al Real Madrid a los ojos. Queda morir en la orilla o agarrar al destino por la pechera y reclamarle que le devuelva los retales de gloria que le pertenecen.

Fotografía: Club Atlético de Madrid / Ángel Gutiérrez

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