El Calderón tiene un plan

CONTRACRÓNICA. Los jugadores del Atleti acusaron el golpe tras la Champions y les costó entrar en un partido que terminaron sacando adelante. Tras el encuentro, se vivieron momentos emocionantes en los que el Calderón ovacionó a unos futbolistas que terminaron cargados de moral y con granas de revancha.

Llegaban los muchachos del Cholo al duelo frente al Eibar con la cara hecha un cuadro, moratones hasta en el cielo de la boca, la moral por los suelos, y el corazón encogido. El martes habían recibido la peor de las palizas en casa del vecino, y eso fue algo que se les notó hasta en la forma de saltar al campo. En la grada, los hinchas no llegaban al partido mucho mejor, de hecho más de medio estadio estaba vacío cuando su equipo ya pisaba el verde y una gigantesca pancarta presidía el fondo sur: “Combato y me levanto”. Los futbolistas la miraban de soslayo, mientras en los graderíos unos hacían chascarrillos, otros la admiraban absortos, y una creciente mayoría entonaba el himno mientras comenzaba a creer en la remontada.

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Entre tanto, con el pitido inicial, caímos en la cuenta de que había partido en el Calderón. Bueno, solo algunos, porque otros seguían fuera del estadio. En el césped sucedía lo mismo, pues daba la sensación de que había jugadores que aún estaban en el vestuario, incluso alguno en su casa echando la siesta, que era a lo que invitaba el horario, por otra parte. Pocas cosas pasaron en un primer acto anodino en el que lo más celebrado fue el pitido final del árbitro, y unas pancartas que fueron desplegando los chicos de la grada joven tras el lema: “Protagonistas del Calderón”. Detrás de dicho lema se podían leer los nombres de jugadores históricos del club, hasta que entre todos esos nombres, uno levantó ampollas. Allí, entre honores a Simeone, Kiko, Pantic, Antic, Caminero, o Ufarte se encontraba él. Sí, él. Aquel, presidente primero y dueño después, que un día dijo que en el Atleti el que no tiene un hijo drogadicto, tiene una hija prostituta, siendo aquella una de sus menores fechorías.

En el intermedio se sucedieron las tertulias, y es que la afición del Atleti en estos momentos se divide entre los que los que creen, los que quieren creer, los que no creen, y los que no se enteran. Los primeros son capaces de tirarse tribuna abajo si el Cholo se lo dice, y a los segundos no les hace falta mucho para ir de la mano de los primeros, pero enfrente está un grupo de agnósticos cabreados que sólo cree al calor de las victorias. Estos últimos encuentran apoyo en los que no se enteran, y así, las discusiones estuvieron de lo más entretenido.

El descanso le vino bien al equipo, porque salió Torres y se marchó Gaitán. El niño salió con ganas, y enganchó a la gente, pero aún así, lo mejor no fue que entrara Torres, sino que saliera Gaitán. Gaitán, sí, ese jugador que uno no sabe si es un jugador o un ente que transita por una tercera o cuarta dimensión que sólo él conoce. Una caricatura del jugador del Benfica, vamos. Y en estas, había partido en el Calderón, recuerden. La sensación de peligro crecía en el área visitante con el paso de los minutos, hasta que una jugada de arrestos de Godín terminó con un centro raso que, tras dejada de Torres, fue rematado a la red por Saúl para tranquilidad del respetable.

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Las ovaciones de la tarde fueron para Griezmann y un Tiago que salió para estar donde había que estar cuando había que estar, y evitar así el drama final. Antes, Godín se las había tenido tiesas con el asistente, y Fernández Borbalán había decidido que le hacía falta pasar por la ducha urgentemente para refrescar la tensión. Estas cosas que pasan en el Calderón y no en otros sitios, ustedes ya saben.

Ganó el Atleti. Ganó por la mínima, otra vez. Dejó la tercera plaza casi asegurada, y recuperó sensaciones. Pero lo mejor de la tarde no fue nada de eso, ni siquiera el gol de Saúl, o la acción salvadora de Tiago. Tampoco lo fueron las ovacionadas pancartas del fondo sur, o el enésimo lleno de la temporada. Lo mejor de la tarde, y casi del año, fueron los minutos vividos en el estadio con el partido ya liquidado.

Los que creen que se puede remontar la eliminatoria al Madrid y colarse en la final de Cardiff, se quedaron en las gradas animando a los jugadores. Los que quieren creer, también se quedaron dando rienda suelta a sus gargantas, mientras los que no creen y los que no se enteran se esfumaban por los vomitorios, perdiéndose unos minutos preciosos de comunión entre jugadores y afición. Los jugadores, que ya estaban en el vestuario, terminaron por salir y dar la vuelta al campo agradeciendo a la grada esos emocionantes minutos de aliento. Los mismos jugadores que habían saltado al césped malheridos y con la moral por los suelos, a buen seguro terminaron por subirse al carro de los que creen. Incluso los que querían creer terminaron creyendo. Lo cierto es que unas 40.000 personas se conjuraron para que lo que está por venir el miércoles perdure en la memoria de todos para siempre. Tengo un amigo que dice que, ante su última noche, el Calderón tiene un plan. No sé si lo tendrá o no, ni si es verdad que lo tiene. Tampoco sé si le saldrá bien, pero lo de ayer ya no se lo quita nadie, y para muchos, eso vale más que cualquier título, por más que al otro lado de la ciudad no lo puedan entender jamás.

Fotografía: Esto Es Atleti

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