Llegó Gil y después fue la nada

30 AÑOS DE GILISMO. En Esto es Atleti publicamos una serie de artículos en los que hacemos un repaso de los diferentes momentos, claves, anécdotas, triunfos, fracasos, decepciones, robos y lamentos, justo ahora que se cumplen tres décadas desde que la familia Gil está al mando del Atlético de Madrid.

PARTE II. EL FIN DEL ATLETI QUE CONOCIMOS. Seamos sinceros desde la primera línea: a nadie le pone lo más mínimo tener que escribir sobre alguien que no es más que una vergonzante copia a la española de Frank Underwood atravesada por los rasgos siniestros que definen el entendimiento que se hace en nuestra cultura del self-made man. Y eso incluye que en este concepto puede caber hasta la figura de alguien capaz de provocar de una sola canallada más muertes que el grupo terrorista más cruento de este país entre el día de su fundación y el de la muerte del dictador.

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Nos podemos ahorrar entonces todo aquel trance de Los Ángeles de San Rafael, la escenita chusca con Aldolfo Suárez que se rumorea, a la Guadalupe celestinando un indulto por dependencias franquistas o al propio hombre de éxito en cuestión convertido en patrón de la merca del economato de la cárcel en la que cumple condena. Señas de identidad más que definitorias para hacerse una idea de cuanto estaba por caerle en en suerte al Aleti y su gente. Aquella década, la de los 80, que, con el tiempo -y por aciaga influencia del siniestro Gil y Gil y su descendencia-, ha mudado mayormente en un paisanaje acomodado (y acrítico) cuya realidad atiende a las mentiras y a las dobleces patente de Burgo.

Al lío pues. ¡Qué sencillo puede resultar quitarle la máscara a esta manada! Empecemos por poner su andadura en contraste con la que hasta su llegada era considerada como la época menos venturosa de la historia del Atlético de Madrid, que además coincidió con los vaivenes de Vicente Calderón, en la presidencia, y los de Luis Aragonés en el banquillo alético. Más mérito aún para estos. Aligeremos pues y sometamos la cosa a la debida comparación.

Fácil entonces. Al pie. De primeras. Resabida es la estadística que habla de cuál era el palmarés liguero (incluso internacional) del Aleti en 1987 en relación con el del F. C. Barcelona. No abundaremos en ello. Ahí tienen el big data para ponerse al día. Pero sí lo haremos a la hora de reseñar que, justamente antes de aquel verano de los 80, el Atlético de Madrid había ganado una Copa del Rey (1985) y una Supercopa de España (1985), había llegado a la final de la Recopa (1986) y había hecho lo propio en la de Copa de aquel mismo año en el que don Vicente Calderón falleció y Jesús Gil y Gil alcanzó la presidencia del club. Ahora echen cuentas y comprueben cuántos años le costó a este ganar un título nacional. De la cuestión europea mejor ni hablamos.

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¿Saben también cuánto tiempo le llevó a Alemao -el último gran fichaje de la era Calderón- ganar un campeonato de liga nacional y otro europeo? Ya se lo digo yo: dos cursos. No fue en el Aleti, que a alguno quizá le haya asaltado la duda. Repasen ahora el palmarés del que fue el primer (y jacarandoso) fichaje de quien ya conocen y enumeren -en voz muy baja, por favor- los títulos ligueros y europeos que ganó junto a su mecenas. (A Julio Salinas -Eusebio y Juan Carlos- le costó un poco más, tampoco mucho, aunque no tanto como a Baltazar, también es verdad).

¿Y de la deuda histórica del club? Ay, ese eufemismo tan del agitprop gileriano… Ahí podemos decir que los números no han cambiado demasiado, bien es cierto. Si se conoce que la gestión última de Calderón dejó al Aleti con unos números rojos próximos a los 1800 millones, los de la familia Gil tienen que estar rondando en la actualidad una cifra que se acercara, estadio mediante a los 500. El detalle sin importancia es que en 1987 se contabilizaba en pesetas y ahora, en euros. Pequeños matices. Nada. O no.

Las deudas millonarias de antes y ahora distan tanto como las PESETAS y los EUROS)

Nada debe de importar tampoco a estas alturas que, antes de aquellas elecciones de 1987 (las de 1991 se las saltó ostentóreamente, porque él lo valía, el señor este que reconocía que siempre había sido del Athletic), la titularidad del club, el estadio (y sus terrenos adyacentes) y todos los elementos simbólicos de cuanto constituían el patrimonio del Atlético de Madrid y sus socios, hayan sido canibalizados desde entonces por la banda de artistas del trile de cuyos nombres… De sus nombres se acuerden las más altas instancias judiciales de este país. Por ejemplo. Nunca es tarde. El Tribunal Supremo ya lo cuenta todo en una sentencia sobre cómo fue el proceso de conversión en sociedad anónima. Nunca lo olvidemos: Jesús Gil y Gil salvó al Atlético de Madrid de desaparecer. (Risas enlatadas.) (Más risas enlatadas.) Puntos suspensivos.

Que sí, que el hijo de don Vicente Calderón también formó parte de algunas de las directivas que encabezó su padre. Pero lo hacía, suponemos, sin sueldo y sin contratas de servicios a explotar. En el propio Calderón, para más señas. Casi un millón de euros anuales, de un tiempo a esta parte, se asigna el hijo de King Kong (como le llamaba Vicente Calderón) por su inclasificable -sentido literal- manejo del jueguecito que le tocó en fortuna (en desgracia para muchos otros) como herencia.

La primera decisión de Jesús Gil, recordemos, fue la de destituir a Luis Aragonés

Lo de hacer recuento del número de jugadores y entrenadores que transitaron sin pena ni gloria, y frecuentemente con escarnio a posteriori del propio sujeto que un día los vendió al mundo como la quintaesencia de lo habido y por haber, sería demasiado ventajista. Aunque hay que tenerlos de hormigón (como la brutalísima fachada del Metropolitano, el nuevo) y no entender nada de nada (de nada de nada) cuando la primera decisión que adoptas como presidente electo es la de destituir a otro don, este Luis Aragonés. Casi nadie en el Aleti.

El destino querría después que nos bajase y nos subiese. ¡Ay, la Segunda! Otra muesca en la culata. Y así una detrás de otra, decenas, cientos, miles… de circunstancias que podrían relatarse sobre las enormes diferencias entre lo que un día fue y cuanto hoy en día es el Atlético de Madrid. O en lo que lo han convertido. Ticketing, wifi, amenities, lilas y albicias mediante.

Abel, Tomás, Ruiz, Sergio, Quique, Julio Prieto, Landaburu, Marina, Uralde, Da Silva y Rubio. Setién y Julio Salinas. Y Luis Aragonés. Y después, el principio del fin.

 

 

 

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