No es un cambio, es una transformación

OPINIÓN. En cuestión de meses el Atlético de Madrid ha cambiado de estadio y de escudo. Y parece que la camiseta para el curso que viene va a ser la enésima afrenta que sufre la hinchada rojiblanca por parte de Nike. Eso no hay renovación que lo tape.

El cambio de estadio se ha vendido como necesario, como bueno para el crecimento del club y positivo para las arcas. Ahora resulta que no es tan gracioso para las arcas. De ganar dinero con el cambio y saldar la deuda, -Miguel Ángel Gil Marín y Cerezo dixit-, se ha pasado a estimar que en cinco años se habrá saldado el coste de abandonar la ribera del Manzanares. Vamos, que sale a pagar. El traslado se ha convertido en necesario por la falta de atenciones dispensadas al Calderón durante años y el crecimiento derivado del estadio irá ligado al crecimiento del club en tanto en cuanto el rendimiento deportivo sea igual o superior al actual. Vamos, que todo dependerá de Simeone. Si él sigue, se crecerá y se pagará el traslado en cinco años. Si se va, ¡ay si se va!.

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La denominada evolución del escudo es en realidad una transformación. El Atleti ha pasado de ser el único equipo del mundo que llevaba el escudo de Madrid insertado dentro del propio, a tener un logo con algo que podría ser desde una seta a un manzano. Del oso no diré nada, harto tiene con lo que tiene. Le han puesto mirando a Cuenca. Y no es algo figurado. El cambio no se entiende ni siquiera con las explicaciones oficiales. Si se buscaba una simplifación cromática se podría haber hecho eso. Y no esto otro.

Y la camiseta, ya convertida en el tema de cada verano en los corrillos colchoneros, otro desacierto. Ni Nike ni los encargados del asunto en el Atlético parecen dispuestos a respetar la historia del equipo ni el sentir de la afición. Cada año, peor. Si es posible. Este año, además han decidido cambiar también el aspecto de Indi. El mapache, otrora del Atleti, ahora parece ser la mascota de Chimo Bayo.

Y la afición del Atlético ¿qué? Poca cosa. Unos callan, los más patalean, pero pocos buscan la forma de que se les escuche. A estas alturas ni haciendo señales de humo les valdría. Dicen que el amor todo lo puede y que la hinchada del Atlético lo aguanta todo. De lo primero tengo dudas, pero de lo segundo, viendo lo visto en los últimos 30 años, no tengo la más mínima. Mientras, el Atlético avanza firme e inexorablemente a ser una empresa. El equipo de fútbol que un día fue, ya está derruido.

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Fotografía: Atlético de Madrid

 

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