La pizzería de Enzo, una fábula

UNA FABULA. Todos en el barrio llevan yendo a la Pizzería de Enzo desde antes de lo que puedan recordar. Enzo siempre fue el más querido del lugar y la Pizzería de Enzo es el lugar donde confraternizan todos y se sienten en contacto con sus raíces y la historia del barrio.

La pizza de Enzo es tan auténtica que nadie en el barrio quiere saber nada de otra pizza que no sea la suya. Sabe a tradición, sabe a barrio y probarla es degustar el cielo. Un día llegó un ayudante para que Enzo pueda seguir haciendo las mejores pizzas del barrio.

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Su nombre es Vito y es un tipo vivarracho y grandote, con una personalidad magnética y palabra fácil. Cree que puede convertir la pizzería de Enzo la mejor del mundo…¡o más!, afirma confiado Vito. Nadie sabe bien de donde ha salido Vito. No es del barrio y unos pocos le miran con resquemor. Se gana a muchos regalando pines de pizza y elucubrando en alto «lo genial que sería que todo el mundo quisiera comer la pizza de Vito…digo Enzo».

Enzo es mayor y un día para tristeza de todo el barrio, fallece y deja un hueco en el corazón de todos, imposible de llenar. Vito afirma que había acordado comprar la pizzería de Enzo y que lo tiene escrito ‘ por ahí ‘ en un papel en casa. La gente asolada por la tristeza de perder a Enzo, no reacciona, aunque siendo sinceros si alguien merece ser dueño de la Pizzería de Enzo son los vecinos de barrio, los que llevan yendo a comer pizza ahí media vida. Así debería ser.

Sin embargo el que tiene las llaves de la pizzería es Vito, el recién llegado, pero tranquiliza a todos con una palmada en la espalda, una risotada y espetando «¡ya verás que pizza más rica vamos a comer!». Pronto llegan los cambios para sorpresa de todos. Vito trae a la pizzería a su hijo Michael para que trabaje también ahí y a Enrico un conocido que no sabe hacer pizzas pero es muy gracioso. La gente se mira desconcertada pero no dice nada, Vito sabrá… por algo habrá confiado en él Enzo, ¿no?

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Vito sube los precios y hay gente que deja de ir porque la Pizzería se ha vuelto más cara de lo que se pueden permitir. Vito dice que con lo que gana de más le da igual perder algún cliente. «¡Que la huelan desde casa; esta es la mejor pizza del mundo!», espeta. Añade nuevos platos al menú. «A todo el mundo le gustan las pizzas pero ¿a quien no le gustan los macarrones?». La gente se mira con tristeza, es la Pizzería de Enzo. Pizza. Es lo que siempre ha sido. Hay un par de chavales que miran entusiasmados los macarrones y piensan que ya están un poco cansados de tanta pizza. Que los tiempos cambian y se frotan las manos.

Nadie sabe decir por qué, pero la pizza sabe diferente. Ha perdido ese toque único. Pero cualquiera lo diría oyendo a Vito gritarle «¡La mejor pizza del mundo!» a Michael que le mira con cara de poco interés. Enrico ni le oye. Está leyendo el periódico al fondo.

Varios años después Vito también fallece y Michael y Enrico se hacen cargo de la Pizzería de Enzo. La pizzería vende pizzas pero nada es igual. La gente aún va y come pizza pero sin alegría y sin disfrutarla. Suspiran y recuerdan ese sabor auténtico, pero sigue siendo la Pizzería de Enzo, ese lugar tan central en sus vidas.

Michael y Enrico han seguido mejorando la carta. La pizzería vende un montón de platos desde macarrones hasta arroz tres delicias. «Globalización», dicen, de manera poco convincente. «Los clientes comen pizza donde quieren», dice Enrico ante la protesta de algún cliente por la carta tan bizarra.

«¿Clientes? Para Enzo eramos la gente de su barrio. Nada más, nada menos. No clientes». Los mayores ya no van a comer pizza porque les entristece demasiado. A algún chaval se le antoja arroz tres delicias o callos. La gente les mira mal, pero no dicen nada. «Estos chavales están perdidos», piensa en alto algún vecino mientras se dice que esa es su última visita a la pizzería.

Un día Enrico y Michael reunen a todos y se suben a una mesa. «¡Tenemos una gran noticia!». Todos se miran esperanzados pensando en una vuelta a los orígenes, una vuelta a lo que nunca debieron dejar de ser. «¡Nos mudamos al gran centro comercial que abre en la otra punta de la ciudad!»

La gente se mira hundida. «La nueva pizzería será tres veces más grandes, con wifi para todos para que sea una gran experiencia comer pizza y la vamos a llamar ‘La Nueva Pizzería y mucho más’. Va a ser la pizzería más espectacular de Europa. Está todo el mundo muy emocionado. Todos los barrios van a venir a comer pizza, seguro que muchos de vosotros también venís», afirman ambos sin darse cuenta que casi todo el mundo está mirando al suelo desolado.

Algunos chicos al fondo piensan en lo genial que será salir de ese barrio tan viejo y tener wifi mientras comen un kebab. «No vamos a subir el precio de las pizzas más sencillas». Algarabía de los chicos de nuevo. «¡Y vamos a cambiar la caja de la pizza!», para adaptarnos a los nuevos tiempos. «¿¡La caja!?», grita algún disconforme que despierta del shock. «¡La caja no la podéis tocar!. Eso sí que no. ¡Es el último símbolo de lo que era la Pizzería de Enzo!». Su protesta queda ahogada entre una explicación que los nuevos tiempos exigen redondear la caja, no tiene sentido que sea tan cuadrada, algo de los espacios negativos y muchas explicaciones que nadie logra conectar con un cambio justificado.

Unos pocos dicen que no irán al centro comercial, otros que con esas cajas no, otros que por qué hay arroz tres delicias en el menú… La muchedumbre, entristecida, dividida y abandonada se da cuenta de que su barrio nunca será igual sin la Pizzería de Enzo. Enrico sonríe y mira a Michael… «Michael, amigo,… ¡nos vamos a forrar!».

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