Qué fue de… 22. Musampa

Fotografía: Getty Images
JAVIER SORIANO/AFP/Getty Images

QUÉ FUE DE… Kizito Musampa perteneció al Atlético de Madrid entre 2003 y 2006, aunque solo estuvo en el club año y medio (los 18 meses restantes estuvo cedido en la Premier). Disputó 34 partidos con la camiseta rojiblanca, en los que anotó dos goles a las órdenes de Manzano y Ferrando. Llegó del Málaga, por 3 millones, y se fue gratis al fútbol turco.

Todo en la vida tiene un antes y un después. Y el Atleti, a principios de siglo, se convirtió en una máquina de triturar jugadores que parecían tener condiciones para dar más de sí de lo que realmente dieron. Un punto de inflexión de los que van hacia abajo y no hacia arriba y hacen que levantar el vuelo tras una gran caída sea una quimera. Kizito Musampa (Kinshasa, RD Congo, 1977) fue uno de esos que en sus años mozos apuntaba a comerse el mundo, cuyo nivel decayó con el paso de las temporadas y que tocó fondo al vestir de rojiblanco.

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Nació y creció en el país que antiguamente se conocía como Zaire (hoy RD Congo), envuelto durante tres décadas en la dictadura de Mobutu y siendo el nexo y soporte para refugiados de la continua guerra entre Ruanda y Burundi. Su padre trabajó durante años como ministro, pero la situación enturbió tanto a principios de los 90, que la familia Musampa decidió buscar mejor suerte en Ámsterdam, Holanda. Hay quien afirma, aunque esto no está confirmado, que existe un vínculo familiar tío-sobrino entre Frank Rijkaard y el propio Musampa nacido del primero de los tres matrimonios del ex técnico del Barcelona.

Lo cierto es que Kiki, como se hacía llamar ya en casa, dio sus primeras patadas al balón en un club amateur, el VV Blauw Geel 55, cerca de la capital. Allí le observaron durante meses los ojeadores del Ajax, que con 17 años acometieron su fichaje y lo inscribieron como parte del primer equipo en la 1994-1995. El informe para su adquisición era claro y concluía que Musampa era «una mezcla entre Davids y Seedorf», dos de los jugadores más prometedores y fundamentales, pese a su juventud, de un Ajax que acabaría ganando ese año la Champions League. Musampa debutó ese mismo año, pese a no ser mayor de edad, y ese año no tuvo continuidad.

Vivía el Ajax una época de reinvención del fútbol desde lo físico-estadístico. Por eso, cada jugador tenía un plan específico de entrenamiento para potenciar su desarrollo y la explotación de sus cualidades al 100%. Los entrenamientos grupales acababan siendo coreografías de baile en un método que ha estado en el ojo del huracán desde que se conoció. Por eso, Musampa, que conducía el balón sobremanera y de una forma extraña (vamos, que no la pasaba y era poco ortodoxo), estuvo meses trabajando en solitario, perfeccionando su técnica de carrera, pues los técnicos aseguraban que su método de correr impediría que sus músculos se desarrollasen de manera adecuada. Algo que también le dijeron a Kluivert (que tardó mucho en desarrollar) y Kanu.

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Locuras aparte, ese Ajax dio una generación de jugadores envidiables (Kluivert, Davids, Seedorf, Van der Saar, Kanu, Litmanen, Blind, Overmars, Ronald y Frank de Boer, etc.), se alzó campeón de Europa y el año siguiente (ya con Musampa como titular, con solo 18 primaveras) perdió en los penaltis la que habría sido su segunda Champions League consecutiva. Además, ese 1996 inauguraron su nuevo estadio, el Ámsterdam Arena, y Kiki Musampa entró en sus libros de historia al anotar el primer tanto y conseguir la victoria por la mínima en un feudo que el año pasado cumplió 20 años. «La gente apostaba por Kluivert y Litmanen…Si alguien hubiera apostado por mí como primer goleador, que no sé siquiera si se podía, se habría llevado un buen pellizco», bromeaba el ex futbolista en un documental especial estrenado el año pasado por las dos décadas del estadio. Para Louis van Gaal era insustituible desde que cumplió la mayoría de edad. Es decir, desde su segundo partido.

En su tercer año, Musampa ya había ganado dos Ligas de Holanda, una Supercopa de Holanda, una Liga de Campeones, una Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental. Solo tenía 20 años y había sido parte importante de la Selección Sub 20 y Sub21, pero su afán por ir a la absoluta le llevó a tomar la decisión de dejar el Ajax, donde la competencia era brutal, para jugar en el Girondins de Burdeos. Además, la marcha de Van Gaal del Ajax fue también determinante en su nuevo camino. No lo consiguió, pues por juventud, la Federación Holandesa prefirió que fuera un jugador importante del equipo Sub21. En Francia ganó la Liga en su primer año y a mitad del segundo, en enero, se enroló en las filas del Málaga, donde pasó más de tres años. Allí alcanzó la madurez y la estabilidad. Fue titular indiscutible y llegó a ser, en ocasiones, de los jugadores desequilibrantes de la Liga.

Eso le valió el fichaje por el Atlético de Madrid en el verano de 2003, que de la mano de Gregorio Manzano buscaba la grandeza y volver a los puestos de prestigio tras sus dos años en el inframundo. Los colchoneros pagaron 3 millones de euros. Allí coincidió con Simeone, a quien recuerda con cariño. «Es un guerrero en el campo, pero fuera de él es una persona extraordinaria. Fuimos muy buenos amigos y siempre me invitaba a su casa», afirma, y se alegra de que tanto al Atlético como a él les vaya bien. «En Congo decíamos que las barbacoas son buenas para el alma, pero un asado argentino… Con esos trozos de carne…Simeone era un enfermo de los asados. Había construido en su jardín un apartado especial para situar las parrillas. Me encantaba ir», admite.

Musampa no hizo carrera en uno de los Atléticos más pobres en los últimos tiempos. Los fichajes (De los Santos, Ibagaza, Novo, Nano, Rodrigo, Olivera, etc…) no cuajaron y a él, que fue de los que más jugó, le pudo la presión y, ciertamente, su rendimiento estuvo muy lejos de ser el que había aportado años atrás. Parecía un ex futbolista. Y eso, en tiempos en los que la plantilla se renovaba cada año con 10 entradas y 10 salidas, le llevó a no hacer carrera de rojiblanco. Por eso, en enero de 2005, solo un año y medio después de haber fichado por el Atlético, Musampa se marchó cedido al Manchester City por la puerta de atrás. También se marchó Gronjkaer y el Atlético, a mitad de curso, dejó de jugar con extremos para hacerlo casi todo por dentro, órdenes de Ferrando.

Musampa, que había firmado cinco temporadas, dejó el Atlético con la intención de reencontrarse a sí mismo y volver. Y vaya si lo hizo, lo primero, solo. Su impacto en Manchester, nada más aterrizar, fue de tal tamaño que Marco van Basten le reclutó para la Selección a pocas semanas de llegar a la Premier. Aunque nunca llegó a debutar en partido oficial. El juego alocado y frenético del fútbol británico le vino como anillo al dedo y en un Manchester City con nombres más bien mediocres destacó sobre la media hasta llevar al equipo a una inesperada octava posición liguera.

El Atlético, en una nueva reforma general, se hizo con Maxi, Petrov y Galletti para los costados, dejando al holandés sin sitio, por lo que todas las partes estuvieron de acuerdo en que Musampa se quedara una temporada más como cedido en Manchester. Allí, una nueva temporada positiva habría podido ser un escaparate para una futura venta jugosa en una Premier League a la que estaba empezando a llegar el dinero y en un Manchester City que ya estaba en trámites de venta (aunque los petrodólares tardarían en llegar casi cuatro años más).

«Me acuerdo que nada más irme cedido al Manchester, Simeone invitó a Maradona a uno de sus asados. Y me lo perdí. Y eso me dolió», bromea el jugador, sobre su salida del Atleti. Al final, su segundo año en Inglaterra fue negativo, en enero dejó de ser titular y poco a poco sus minutos se fueron reduciendo. Nadie quiso acometer su fichaje en verano y a su vuelta, el Atlético, que por primera vez había mantenido algo los cimientos, le dio la carta de libertad en el verano de 2006, tras 34 partidos como rojiblanco en los que marcó 2 goles en el año y medio que estuvo en la disciplina del club. Musampa firmó con el Trabzonspor turco y ahí empezó el principio del fin para él, el inicio de uno de los muchos contratos fugaces que firmó.

En Turquía se aseguró un buen jornal. Fue el jugador mejor pagado del club y firmó por tres temporadas. Solo estuvo el primer curso y salió, sin ver un solo euro, por la puerta de atrás. Por eso, Musampa denunció al club turco, que estuvo sancionado durante años por la UEFA hasta que en 2013 el máximo organismo europeo levantó el veto tras la confirmación del holandés de que había recibido los 1’4 millones de euros que se le debían. Tras su paso fallido por Turquía volvió a Inglaterra. Entrenó con el Sunderland duro para ganarse un puesto, pero el entrenador, Roy Keane, desestimó su fichaje.

Entonces apareció la posibilidad de volver a Holanda y reencontrarse con su máximo valedor, Louis Van Gaal, y en diciembre de 2007 Musampa se enroló en las filas del AZ Alkmaar, que estaba empezando a construir algo grande (la temporada siguiente ganarían la Liga por segunda vez en su historia). Pero Musampa, que ya había agarrado la treintena, había dejado escapar mucho tiempo. Salvo unos meses fugaces en Manchester, su fútbol se había estancado hacía cuatro años y la falta de ritmo competitivo le pasó por encima. Por eso, tras un puñado de partidos, volvió a salir por una puerta de atrás. El club necesitaba aligerar plantilla y, aunque Van Gaal no quiso deshacerse de él, tuvo que tomar la decisión porque por detrás los jóvenes venían pisando fuerte.

Buscó suerte en la MLS estadounidense sin éxito. El Toronto FC no le quiso tras tenerle entrenando semanas y se marchó al fútbol de Corea del Sur donde, pese a firmar por dos años, solo estuvo tres meses. Tras casi un año entrenando en solitario, siendo rechazado por clubes y entrando y saliendo de campus de entrenamiento estando a prueba, a Musampa le llegó una nueva oportunidad de seguir jugando al fútbol profesional. Fue en el Willem II, que en marzo de 2009 le firmó hasta final de temporada. Jugó seis partidos, lo hizo bien, pero sus 32 años fueron un impedimento para que renovara. Se fue al Metz francés, donde solo jugó un partido amistoso (marcó un gol) antes de decidir salir del club.

Y así, con 32 años, Kizito Kiki Musampa colgó las botas. Siguió jugando al fútbol en un par de equipos amateur de la capital holandesa y a los 35 años formó parte del Lucky Ajax, un equipo formado leyendas senior del Ajax. De manera paralela, empezó a sacarse el título de entrenador y se hizo cargo de los juveniles del Ajax, uno de los puestos más cotizados y más importantes para una de las mejores canteras de todo el mundo.

Tras su primera experiencia bajo la tutela de su club de formación, decidió probar suerte en el Almere City, club de la Segunda División de Holanda. Empezó entrenando a los juveniles en 2013 hasta que en 2016 se hizo con los Sub19, la categoría inmediatamente anterior al primer equipo. Su rendimiento fue excelente, tanto que consiguió llevar al club a la pelea por el título y logró el ascenso del segundo equipo a la Primera División de la Liga de filiales. En cambio, una pelea interna entre dos jugadores acabó con la expulsión de ambos y la decisión por parte del club de apartar a Musampa, quien pese a los éxitos deportivos, consideraron no había sabido llevar bien el vestuario.

Ahora, Kizito Musampa se encuentra sin equipo, como tantas veces le sucediera como jugador. Pero su éxito en los banquillos a tan pronta edad asegura que, cuando quiera, podrá volver a entrenar y probablemente a un primer equipo. Padrinos no le faltan y oportunidades tendrá cuando él lo desee. Siempre tendrá la espinita de saber qué habría pasado si no se hubiera marchado del Ajax, o si la presión que envolvía al Atlético hace diez años no le hubiera engullido como a tantos otros. Porque Musampa sabía jugar al fútbol, aunque a veces pareciera que no se había calzado bien las botas. Nunca llegó a debutar con la selección de Holanda en partido oficial (por eso RD Congo estuvo intentando convencerle hasta sus últimos días como profesional), pero con 25 partidos con la Sub21, es uno de los 10 jugadores con más presencias en el equipo inferior oranje.

Fotografía: Javier Soriano / AFP / Getty Images.

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