No Diego, el miedo lo tiene El Profe

Ángel Gutiérrez / Club Atlético de Madrid.
Ángel Gutiérrez / Club Atlético de Madrid.

OPINIÓN. Diego Costa y el peso. El peso y Diego Costa. Hemos pasado de aquellas maravillosas pretemporadas de hace más de un lustro cuando el grueso de la afición le quería fuera del equipo por su indisciplina y ahora es el elegido, el niño pródigo. Ya está en manos de los nutricionistas y del Profe. Pero este año es que ni le hace falta.

«Estoy bien físicamente. No me da miedo subirme a la báscula, tengo miedo de los entrenamientos del Profe Ortega«, decía nada más aterrizar en Madrid un Diego Costa a quien la afición esperaba más emocionada que si de la visita de un familiar se tratara. El peso, su actividad, su físico y sus condiciones eran las cuestiones que más preocupaban en el seno rojiblanco.

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Después de tres meses de vacaciones sin salir de su Lagarto natal, tras más de 100 días sin jugar un partido oficial, cómo llegaría el jugador, a quien siempre se le ha cuestionado por temas de sobrepeso, era una total incógnita. La actividad pública en sus redes sociales no invitaba a lo mejor. Muchos no recuerdan que Diego Costa llegó al Atlético de Madrid hace 10 años y para quien llegar en el peso establecido era una quimera pretemporada tras pretemporada, que siempre empezaba con el hándicap añadido de los kilos de más y que acababa saliendo cedido en busca de minutos. «La culpa la tiene mi mamá, que cocina muy bien», se excusaba en verano de 2011, cuando llegó cuatro días tarde por haber ‘perdido el móvil’ y no tener cómo comunicarse y con una barriga imposible de esconder en los primeros días de San Rafael. Entonces esquivaba las cámaras y pedía a los periodistas salir solo en planos de cara. Bajó siete kilos en siete días en los que la dieta era exigente.

Y es que hace 10 años, Diego Costa, sí era un problema. Hoy no. Nada más lejos de la realidad, este verano, después de los días netos de vacaciones y alegría brasileña, Diego se puso a entrenar en solitario. Por las mañanas hacía físico con un preparador siguiendo un plan que le había mandado un antiguo preparador del Atlético (según confirmó un amigo suyo a los medios) y por las tardes tocaba sesión de fútbol con los amigos en el campo del pueblo.

Y puede que al de Lagarto, cuando llegue enero, le falte ritmo de competición. Partidos, al fin y al cabo, pero el físico no será un problema si es que todas las lesiones musculares que arrastró en su época londinense han sanado bien. Pero no será por su condición física. «Siempre llegaba falto de ritmo, porque él cuando tiene vacaciones, las tiene de verdad», admite Álvaro Domínguez sobre lo que le pasaba en sus pretemporadas en el libro Diego Costa, el Arte de la Guerra de Fran Guillén. «Pero cuando se pone a entrenar lo hace al máximo. En 15 días ya era un portento físico. Yo me tiraba una hora en el gimnasio y él llegaba, hacía 15 minutitos y luego era un avión«.

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«El físico de Diego es ancho. Si para un mes, lo nota. Pero a los 10-15 días ya está perfecto«, señala Assunçao, uno de sus mejores amigos entonces en la plantilla. «Genéticamente es un superdotado, necesita muy poco para definir su cuerpo y en la pretemporada dejaba alucinado al cuerpo técnico», añade Juanito.

Una excelencia física que también se encontraron en Vallecas, cuando llegó cedido para media temporada tras una lesión del ligamento cruzado de su rodilla. Allí acortó todos los plazos que le proponían. Corría cuando debía ir andando, saltaba cuando tenía solo que agacharse e iba una semana por delante del planning del cuerpo médico, hasta que acabó sanando en cinco meses una lesión que se suele ir a más de seis.

Por eso, y porque el Profe Ortega, que considera a Fernando Torres «el jugador con las mejores condiciones físicas que ha entrenado» alguna vez ha llegado a decir que Diego Costa le iguala e incluso le puede llegar a superar, Diego Costa no le teme a la báscula. Pero tampoco al Profe.

Fotografía: Ángel Gutiérrez / Club Atlético de Madrid.

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