Cuando los hermanos Rosicky fueron del Atleti

Phil Cole/Getty Images
Phil Cole/Getty Images

HISTORIA. Tomas Rosicky cuelga las botas. En 2006 tuvo su fichaje con el Atlético cerrado, pero el Borussia Dortmund se impacientó por las formas de pago y acabó vendiéndolo al Arsenal. Jiri, su hermanó, militó en la cantera rojiblanca durante cuatro años.

Hoy, 20 de diciembre de 2017, Tomas Rosicky anuncia que no puede seguir en el mundo del fútbol. El físico no le da para más, y tras muchos años de idas y venidas de la enfermería, de largos plazos de recuperación y de unas rodillas machacadas por la exigencia del primer nivel, el jugador da la primicia: su fútbol profesional ya se ha terminado. Lo hará en su amado Sparta de Praga, equipo de la capital Checa donde el apellido familiar es todo una institución y se pronuncia con una sonrisa de medio lado en la boca. El Rosicky huele a grandeza.

Jiri Rosicky fue un consumado defensa de la antigua Checoslovaquia en los años 60 y 70. Formó parte de las categorías inferiores y dedicó su vida entera al Sparta, donde militó más de 11 años como profesional antes de jugar sus últimos tres en el tercer equipo de la capital, el Bohemians (tras el Slavia). Al primero de sus hijos le dio su mismo nombre: Jiri. Al pequeño, tres años menor, le puso Tomas.

El más famoso de los hermanos Rosicky estuvo cerca de ser rojiblanco

Jiri Rosicky hijo pronto demostró ser un jugador rudo, como su padre. Sus quehaceres en la medular estaban claros y destacaba en aquello que se le pedía. Destruir y realizar transiciones rápidas de balón. Por eso, con 19 años recién cumplidos y tras casi 10 en la cantera del Sparta, decidió dar el salto a Europa. Llegó al Atlético en el verano de 1996 junto a Bjbel, que curiosamente llegaba desde el otro equipo de la capital, el eterno rival Slavia de Praga. Ambos con un corte muy similar, Bjbel formó parte del primer equipo (que acababa de lograr el Doblete de Liga y Copa), mientras Jiri, joven aún, entró directamente al filial, cuyo equipo entonces militaba en Segunda División.

Compartió medular con Rubén Baraja y sus actuaciones llamaron la atención de la Selección Sub21, que decidió contar con él. Jiri Rosicky estuvo cuatro temporadas en el Atlético de Madrid B (54 partidos), yendo de más a menos y perdiendo sitio a medida que pasaban los meses. Gran culpa de ello la tuvo una lesión en su tercera temporada, aquella en la que el filial hizo historia quedando Subcampeón de Liga en Segunda. Tras 13 partidos de Liga, en los que el medio había jugado todos, una lesión de rodilla le dejó tocado durante toda la temporada y la siguió arrastrando también en el siguiente curso.

Tanto, que en la 1999-2000 ni siquiera llegó a disputar un solo minuto. A su lesión se sumó la llegada de jugadores como Casquero, la presencia de Pablo García o el ascenso de jugadores como Cubillo o Zahínos, que le privaron de minutos, por lo que el verano de 2000 el primer equipo perdía la categoría y arrastraba al filial a la categoría de bronce, hecho que provocaba la espantada en masa de muchos jugadores, entre ellos, Jiri Rosicky, que probó suerte en el fútbol de Austria antes de volver a casa.

Ese mismo verano, el mundo entero supo que el bueno de los Rosicky era el menor, Tomas. Con apenas 20 años debutó en la selección absoluta y, tras regalar tardes de gloria en el Sparta de Praga, fichó por el Borussia Dortmund. Tomas era un jugador único, irrepetible. Desde la mediapunta, era capaz de danzar con el balón en los pies, bailar con él melódicamente dibujando los pases más armónicos posibles. Cómo serían de buenas sus composiciones con la pelota, cómo la mimaría y cuidaría en tres cuartas partes del campo, que uno de los campeonatos que mejores mediocentros ha visto en su historia, la Bundesliga, le apodó nada más verle como El pequeño Mozart. Más tarde supimos que a su habilidad para con el balón, Tomas también sumaba un don para tocar el piano y la guitarra con dulzura. Pocos apodos mejor puestos.

Tomas recogió el guante y deleitó con el fútbol de toque más bonito que se ha visto en el Westfalenstadion (hoy Signal Iduna Park). Lideró a la República Checa a su mayor éxito contemporáneo, las semifinales de la Eurocopa 2004, donde fueron apeados en la prórroga por un gol de la campeona Grecia. Rosicky y Baros rompieron la puerta completando un quinteto mágico junto a Gálasek, Koller y Pavel Nedved. Allí, además, hizo sus migas con Ufjalusi, quien años después recalaría en la ribera del Manzanares.

Impacientado por el pago, el Dortmund acabó vendiéndolo al Arsenal

Tras aquella gesta, medio mundo se interesó por Rosicky, pero no fue hasta 2006 cuando el equipo bávaro se dignó a desprenderse de él. Su destino estaba cerrado, el Atlético de Madrid iba a ser su nueva casa, hasta que los flecos de las operaciones se cruzaron en el camino. A Rosicky le bastó una conversación de 5 minutos con su hermano para prendarse del club. Viajó a Madrid para conocer las instalaciones rojiblancas y cuando iba a firmar el contrato, el Borussia le informó que había cambiado de opinión y que se fuera a Londres, que las negociaciones en Madrid se habían roto y que ya habían cerrado un acuerdo con el Arsenal.

“No nos esperábamos lo que ha pasado. El Dortmund estaba impaciente por el dinero y quería unas garantías económicas que el Atlético no le ha dado, por lo que se ha metido el Arsenal, declaraba Jiri a la radio en el verano de 2006, cuando, parece, los jugadores no eran dueños de su destino, ni juegan donde quieren jugar“Mi hermano estaba encantado con la idea de jugar en el Atlético, estaba impaciente, pero la cosa cambió”, sentenciaba, mientras confirmaba que le había preguntado mucho sobre el club, entusiasmado.

“Si no viene Rosicky, vendrá uno igual o mejor”, dijo Cerezo

Tomas Rosicky llegó al Arsenal por solo 10 millones de euros. Militó durante 10 campañas en Londres, siendo dueño de la medular en siete de ellas, y lastrado por las lesiones en tres, dos de ellas las dos últimas. Su palmarés no hace justicia a su grandeza como futbolista. Apenas cuatro Copas con el Arsenal, una Liga con el Borussia Dortmund y tres Ligas con el Sparta. Rosicky, por calidad, pudo haber jugado en cualquier equipo del mundo. Pero quiso jugar en el Vicente Calderón y no le dejaron. Por su no fichaje, fue la primera vez que oímos de boca de Enrique Cerezo una de sus celebérrimas frases. “Si no viene Rosicky, vendrá uno igual o mejor”. Los que llegaron al final fueron Maniche y Costinha.

FotografíaPhil Cole/Getty Images.

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