Nuevos valores a precio de coste

Fotografía: Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images
Fotografía: Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images

OPINIÓN. El fichaje de Adán no ha gustado entre la hinchada rojiblanca por su pasado madridista. El guardameta, criado en la cantera blanca y con una larga trayectoria en Concha Espina, ha sido la elección para la portería en un año donde el Atleti pierde dos baluartes: Gabi y Torres.

El Atlético ya tiene guardaespaldas de Oblak. Responde al nombre de Antonio Adán, tiene 31 años, es español, ha sido internacional en todas las categorías inferiores de la selección, ha jugado los últimos cuatro años en un equipo de la Liga siendo titular, alternando actuaciones buenas con otras no tan destacadas (e incluso en los malos días hizo paradas de mérito) y tiene experiencia. Es un proyecto continuista similar al que se empezó con Aranzubía y que luego siguió Moyá. Alguien nacional, con años a sus espaldas y que venga a sumar experiencia y serenidad. Hasta ahí, todo bien, si no fuera porque Adán es un jugador formado en la cantera del Real Madrid, un confeso madridista, donde estuvo diez años llegando a debutar con el primer equipo.

Se ha caracterizado el Atlético en sus últimas temporadas por presumir de su sentido de pertenencia, por regirse por unos valores que se enorgullecían de ‘no ser como vosotros’. La actitud, hasta entonces vista como un movimiento del aficionado, ha sido respaldada por la institución, con su consejero delegado a la cabeza, y con Simeone como persona visible, acompañado de una plantilla en la que destacaban los Torres, Gabi, Saúl, Koke, Lucas o Thomas. Jugadores, todos ellos canteranos, que portaban una bandera de orgullo con la satisfacción reciente que dan los títulos que últimamente acompañan. Y es que al fin, gracias al Atlético reciente, los niños no tenían que preguntarle a sus padres por qué son del Atleti.

Muchos pensarán que Juanfran también se formó en la cantera del Real Madrid, que Filipe Luis estuvo un año cedido por el Ajax en el Castilla y que seguro más de un jugador de la plantilla, de pequeño (y de mayor), pensó en jugar de blanco. La diferencia, en este caso, está en la propia ideología del portero que llega, que además de ser un profesional que una vez jugó de blanco, es hincha del Real Madrid, que viajó con la afición cuando estaba fuera de la estructura y que nunca ha escondido ser blanco de cuna. Y eso no es exactamente lo mismo que haber simplemente jugado en el rival.

Adán va a venir a sumar. Eso que no lo dude nadie. Será el portero de la Copa del Rey y quien recoja el guante si Oblak coge un constipado. A él se le brinda una oportunidad única de formar parte de una plantilla que puede aspirar a todo y quizás sea su último tren real en busca de títulos. No va a ser un polvorín en el vestuario, ni mucho menos. Pero el mensaje que se manda es otro. Porque había muchas opciones de mercado, algunas incluso que anhelaban a ese tan aclamado sentido de pertenencia que pide Simeone. Pero se ha optado, por un solo millón de euros, por quitar valor a todo eso de lo que se presumía y que tanto y tanto ha costado transmitir. Adán podrá ser un magnífico profesional. Seguro que hará buenas migas con la mayoría del vestuario (que realmente es una gran familia), pero nunca podrá ser parte de esos intangibles que tanto valen y que tan poco habría costado tratar de mantener.

Se intentó con Roberto Jiménez, formado en el Cerro del Espino, pero su salida del Espanyol no se antojaba sencilla. Con Joel Robles, colchonero confeso, ni siquiera se intentó porque el chico, aún joven, quiere jugar, pero sobre todo porque parece que la historia no acabó muy bien con él. A Pichu Cuéllar, que también fue portero del primer equipo, y que lleva 10 años haciendo la mili en equipos de Primera, no se le ha dado la posibilidad. Todos estos, además de haber debutado con el primer equipo del Atleti, también han sido internacionales en las inferiores de España y, futbolísticamente, no tienen nada que envidiarle a Adán. Y ellos sí habrían gustado a la hinchada, habrían sido uno de los nuestros, porque a ellos no habría que explicarles nada. Con otros, como Guaita, se llegó tarde.

En la búsqueda de una identidad propia, de un núcleo duro de vestuario que sepa transmitir el mensaje del Atleti a las generaciones venideras, la marcha de Torres y Gabi el mismo verano le hace mucho daño. Uno era el capitán, el otro el mejor exponente de la marca Atleti en el mundo. Ambos eran y son parte del escudo. Pero ya no están. Son tiempos en los que Godín, Saúl y Koke han de recoger el testigo rojiblanco. El primero no lo ha mamado desde crío, pero lo disimula muy bien. Los otros dos se desenvuelven como líderes en el verde, pero falta saber qué harán entre bambalinas.

Fotografía: Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images.

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