La rebelión de los veteranos

Fotografía: Alex Caparros/Getty Images

OPINIÓN. Filipe Luis ha sido el último en poner el grito en el cielo. Quiere salir. No a toda costa, pero se quiere ir. ¿El motivo? Acaba contrato el próximo año, en el club aún no le han presentado oferta de renovación, la presencia de Lucas ya no le asegura la titularidad y en otros sitios le ofrecen más y mejor. Antes que él, Godín, Torres, Gabi o Tiago ya han pasado por lo mismo.

El Atlético de Madrid ha hecho un mercado de fichajes impecable y ha confeccionado una plantilla de ilusión. Quizás la mejor de toda su historia. Y lo ha hecho sin tener que esperar al último día de mercado. Ni siquiera a la última semana y, si nos ponemos exquisitos, ni al último mes. Prácticamente todos los que podían estar el primer día de pretemporada, estaban a las órdenes de Simeone.

Pero hay algo que sigue sin encajar del todo en la plantilla y es la política que tiene el club para renovar a los veteranos. Y es que, una vez cumplidos los 30 años y cuando acabe el contrato que se tiene vigente, el club estima que lo idóneo es que los más mayores renueven año a año, en muchos casos de manera automática al llegar a 25 partidos. Así, se asegura no cometer errores con jugadores que puedan ser tendentes a lesiones o tipos que de un día para otro se apaguen por un simple tema cronológico. El tiempo pasa para todos.

El problema reside en que a esa tesitura ya se ha llegado con jugadores de la época dorada del Atlético. Esos que merecen más que el resto por lo que fueron y que saben puede apretar las tuercas un poco más. El primero en sufrirlo fue Tiago. Que se fue a ninguna parte para volver primero y a quien luego se ha renovado sin hacerse siquiera oficial. Al final, en vista de que no podía más con las botas, fue él quien decidió colgarlas tras varios veranos de tira y afloja por medio millón más o menos.

En época de bonanza económica, el club se asegura que de esta manera puede renovar a la baja a unos jugadores que entienden merecen más por posición, por historia, por galones y por nivel, porque muchos aún conservan el toque y son cruciales para Simeone. Por eso, Gabi se pensó demasiado aquella oferta que vino hace dos años desde China. Sacrificó dinero, muchísimo dinero, más del que va a ganar ahora, y siguió de rojo y blanco pese a que se sintió infravalorado. Y quizás por eso, no ha podido dejar escapar un segundo tren.

Por eso, cada año existía un culebrón con Fernando Torres. “Su renovación dependerá de su rendimiento”, que oímos mil veces. Un fuego que ni el propio Simeone se encargaba de apagar y que se ha acabado con la marcha del símbolo a Japón tras años de renovación el último día real de ejercicio. Por eso, Godín aún no ha renovado y, aunque quiere quedarse, ha aprovechado estos últimos días para recalcar que no ha firmado nada y que espera una propuesta mejor, dando un portazo así también a los medios que aseguraban que ya había rubricado su permanencia. Por eso, ahora es Filipe Luis el que ha puesto el grito en el cielo. De momento, de la vieja guardia, Juanfran es el único que no ha tenido una sola queja. Tampoco lo hizo Moyá, que ahora juega en Anoeta.

La política de renovar jugadores año a año no está mal como base, pero tiene que tener matices. Ni todos los jugadores suponen lo mismo para el Atlético de Madrid, ni todos los jugadores llegan al mismo nivel de plenitud física y futbolística a los 30 años, una edad en la que muchos futbolistas incluso alcanzan la madurez y llegan a su mejor juego.

La historia con Filipe Luis tiene mala pinta. Acaba contrato el próximo verano y en el PSG le ofrecen estar con ellos hasta 2021, cuando cumpliría 36 años. De marcharse, se iría a un equipo absolutamente dominador de una Liga menor por lo que, salvo catástrofe, se aseguraría ganar la Liga y la Copa prácticamente cada año y competir en Champions con mucha mayor dosificación. Aquí, además, le ha salido un competidor serio como Lucas, mejor lateral del Mundial que ya jugó la final de la Europa League y la Supercopa contra el Real Madrid. El jugador, que ya salió una vez, quiere volver a marcharse, aunque no a cualquier precio. El mensaje, de todos modos, queda bastante claro.

Fotografía: Alex Caparros/Getty Images.

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