¿Quién es Nikola Kalinic?

Emilio Andreoli/Getty Images
Emilio Andreoli/Getty Images

SCOUTING. Leonardo, director deportivo del Milan, confirmó que está ya cerrado y será oficial en breve. Kalinic viene a ser una opción distinta de ataque, con prestaciones diferentes a las que ofrecen Costa, Griezmann o Correa. Nunca ha sido un gran goleador, pero sí un objetivo claro de generación de peligro para sus compañeros.

El Atlético necesitaba un tercer delantero que se diferencie en absolutamente todo de lo que ya tiene. Diego Costa es la potencia descontrolada, el caballo desbocado, el asesino del gol. Aquel que lo hace todo a trompicones y sin excesiva elegancia por el simple hecho de no ser ortodoxo, pero que derribaría una presa con tal de embocar el balón. Griezmann es el fino estilista, cada vez más inteligente. Es un asesino con cara de niño que juega dulce entre líneas y tira contragolpes diabólicos. Aún no ha terminado de crecer y, aunque no tenga la vitola de goleador, seguro acabará el curso como el rojiblanco con más dianas.

Por eso, ante esos dos perfiles y la posibilidad de la entrada de Correa, que es un poco mezcla de ambos tirando casi más al francés, el Atlético necesitaba un delantero distinto a todo lo que ya tiene en nómina. Un punta alto, espigado, que vaya bien de cabeza, que sea capaz de fijar a los defensas y de desatascar partidos que estén cerrados. Kalinic no viene a ser titular, a menos que las cosas que se tienen en mente se tuerzan. Tampoco viene a ser un goleador. Nunca lo ha sido y sus cifras deambulan entre los 8 y los 15 goles por temporada. En algunas se sale por arriba, en otras no llega. En Italia aseguran que es cuestión de horas que sea oficial y el jugador ya está en Madrid. Ha sido el propio director deportivo rossonero, Leonardo, quien ha confirmado que la operación está ya sellada.

El croata, sobre el que mucho se ha escrito en los últimos días por su negativa a salir en el minuto 85 del partido debut de su selección ante Nigeria en el Mundial, será un hombre que pise el verde para dar descanso a los dos habituales o para remediar problemas en el área. Cuando un rival se encierre y haya que bombear balones, allí aparecerá el ya ex del Milan, para generar peligro, para dejar un balón de cara a la segunda línea encabezada por Saúl, para centrar los focos y liberar a los Correa, Vitolo o Lemar que aparezcan por los costados.

Kalinic, pese a su altura (1’87m) y que es un delantero lento, no es un delantero tosco. Tiene buen juego de pies, combina y se asocia bien. ¿Alguien ha visto el nivel de Griezmann jugando detrás de Giroud en Francia (y no solo en este Mundial)? Pues Kalinic no es Giroud, pero se le parece. Y el del Chelsea no ha metido un gol en todo el torneo pero sí ha potenciado el nivel de todos sus compañeros. La llegada de Pogba, el espacio a Mbappé, la imprevisilidad de Antoine, etc.

Su carta de presentación trae claros y oscuros. Maduró más bien tarde en esto del fútbol y en la Premier (Blackburn Rovers) se curtió a base de golpes y juego físico, lo que le llevó a ser mejor jugador. Pasó cuatro años en Ucrania, en el Dnipro, al que llevó sorpresivamente a una final de Europa League jugando junto a Konoplyanka en la que el Sevilla ganó el trofeo. En la final él abrió el marcador.

Sus mejores años los vivió en la Fiorentina, donde llegó en 2015 para jugar dos temporadas a su máximo nivel. Allí se asentó como único delantero junto a una promesa por explotar, como Bernardeschi, y a un dominador de la irregularidad, como Ilicic. Como islote arriba demostró que sabe buscarse la vida si es menester, que puede caer a banda sin problemas (de hecho, en Croacia alguna vez ha llegado a partir desde la banda derecha) y que es un perfecto socio de todos. En Florencia marcó 33 goles en dos años, dio 12 asistencias y contribuyó en prácticamente cualquier jugada de peligro del equipo viola.

En un ímpetu por crear un equipo campeón, el Milan se hizo con sus servicios buscando la mejor pieza de cada equipo para competir a la Juventus. Pero no es actualmente el equipo rossonero un buen termómetro para medir las capacidades de los jugadores. Entre André Silva y un incipiente Cutrone al que nadie esperaba, Kalinic ha sido carne de banquillo. No empezó mal, pero ha acabado siendo un jugador de 20 minutos y de moral por los tobillos.

En su debe está su carácter, a veces frío, a veces caliente. Puede pecar de pechofrío y a los cinco minutos encararse con tres rivales. Solo él y el seleccionador croata sabrán qué pasó realmente en la concentración de la selección y por qué se quedó fuera. La versión oficial es que el jugador, con problemas de espalda, no iba a poder jugar en todo el torneo y por eso le mandaban a casa. La extraoficial y la que se maneja en los corrillos es que el jugador dijo que le dolía la espalda para no salir al campo ni en el último entrenamiento de preparación ni en el primero del torneo y el técnico le expulsó por ello.

Quizás Kalinic no triunfe en el Atleti. Si alguien espera que marque 20 goles y sea un jugador diferencial durante 50 partidos del año, obviamente se llevará un chasco porque ese no es el listón. No viene a eso. El que sea capaz de ver más allá de los números, podrá observar que es un delantero que, solo por lo que hace en el campo, es una pieza necesaria. Puede salir bien, o puede salir mal, pero ese ariete diferente sí hace realmente falta. Podrían haber llegado otros nombres de un estilo similar, como Mario Gómez o Bas Dost, o algunos con cualidades parecidas pero sin tantos partidos a las espaldas, como el propio hijo de Simeone o Willian José. Pero ha llegado el croata, con ese punto de experiencia, esa diferencia clara en cuanto al estilo y esa posibilidad de cambiar el registro de un partido y manejar algo que hasta entonces la plantilla no tenía.

Fotografía: Emilio Andreoli/Getty Images.

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