Cuando un amigo se va

Charla organizada por la Peña Los 50 en el Centro Cultural Galileo de Madrid. Fotos realizadas para Esto es Atleti.

BERNARDO DE SALAZAR (1942-2018) IN MEMORIAM. Detestaba la inexactitud. El dato impreciso, por muy anecdótico que este fuera, le ponía nervioso hasta el punto de llegar a enfadarse por un quítame allá un partido, entre cientos, del campeonato regional centro de 1917. Tal era su apego a la más estricta verdad de cualquier hecho. No negociaba ni hacía prisioneros si de debates de memoria se trataba. Siempre salía victorioso de cualquier conversación de esta índole por un hecho indiscutible: él sabía más.

Bernardo no era del Atleti, Bernardo era el Atleti.

Bernardo de Salazar (él lo prefería así) siempre sabía más. El privilegio que teníamos los que a él nos acercábamos era el mayor de todos: el de aprender y disfrutar de su amenísima charla, siempre cuajada de anécdotas, fechas, nombres y datos, que desfilaban colgados de esa voz ronca y grave, tonante, como de profesor a la antigua, envuelta en un humo (ay) al que nunca pensó en renunciar.

Bernardo no era del Atleti, Bernardo era el Atleti. Su abuelo, don Eduardo de Acha, fue uno de los fundadores del club, su primer secretario y su segundo presidente, y Bernardo, el que mejor lo ha contado. Nadie que quiera saber algo sobre la historia del club debería intentarlo sin acudir a su obra. Lo contó todo, lo contó bien y lo contó sin cortapisas ni compromisos. Siempre dijo lo que pensaba, molestara a quien molestara. Le avalaba su independencia y su conocimiento.

Bernardo de Salazar, nieto de uno de los fundadores del club, contó su historia mejor que nadie

Su compromiso era con la verdad y para que esta se impusiese no le importaba dedicar horas y horas a la corrección de todos aquellos libros y artículos que le llegaban y en los cuales identificaba algún tipo de imprecisión o inexactitud. Luego escribía al autor o al periódico de turno y les enviaba, sin coste alguno, su personal revisión de la obra. Ese era Bernardo.

Un señor capaz de remover archivos, partidas de bautismo y actas de defunción para fijar el día exacto y el lugar en el que había nacido o fallecido un jugador del Athletic de Madrid de los años 10. Llamaba a quien tuviera que llamar, le daba la vuelta a las guías telefónicas, repasaba a todas las personas que tuvieran apellidos coincidentes con aquella sobre la que andaba indagando, seguía la pista hasta el final y, cuando ya había atado todos los cabos, lo escribía.

Minucioso hasta el extremo, su credibilidad era tan indiscutida que famosos periodistas de este país le consultaban antes de publicar cualquier artículo sobre la historia del fútbol español.

Pero, antes que el escritor, que el historiador, que el incansable conversador, se ha ido el amigo. El Bernardo que te hablaba con ilusión de los éxitos deportivos de su hija Alejandra, de las nuevas perspectivas laborales de Borja y Berni, sus dos hijos varones, y de los primeros sentimientos atléticos de sus nietos.

El que pretendía convencerme de que todos los cigarros que le afeaba no eran, en realidad, más que uno, que demoraba horas en gastarse puesto que lo dejaba apagado largos ratos en el cenicero antes de volverlo a encender y además, añadía, “ni siquiera me trago el humo”.

Antes que el escritor, que el historiador, que el incansable conversador, se ha ido el amigo

Ese Bernardo que te indicaba donde compraba en Madrid el riquísimo farinato tan propio de su querida Ciudad Rodrigo mientras reía contándote aquella anécdota con el embajador de España en Bruselas tras la final del Atleti contra el Bayern.

Un amigo entrañable al que primero admiré y luego quise se ha ido. De él aprendí y con el que compartí confidencias y preocupaciones personales y profesionales a las que él procuraba siempre quitar importancia con un “bueno, bueno…” que dejaba colgado del aire antes de dar una nueva calada. Bernardo, amigo, fue un honor. ¡Aúpa Atleti!

FotografíaTania Delgado / Esto es Atleti

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