Qué fue de…28. Ibrahima Baldé

Ibra, en un partido contra el Racing de Santander

QUÉ FUE DE… Ibrahima Baldé. Llegó al Atlético en 2008 para jugar en el filial y un año más tarde estaba debutando con el primer equipo por la ausencia de delanteros. Ibra jugó 22 partidos y marcó tres goles en la única temporada que disfrutó de oportunidades en el primer equipo.

Con 16 años, Ibrahima Baldé jugaba al fútbol de la calle en Senegal mientras intentaba sacar con éxito secundaria. Siempre soñó con ser futbolista, con emular a Ibrahimovic, el ídolo con quien comparte el inicio de su nombre y por eso, antes de cumplir la mayoría de edad, lo dejó todo por el fútbol. Cuatro años después, Ibra estaba debutando en Primera División con el Atlético, junto a Simao y Forlán, ante la baja del Kun.

Pero volviendo atrás, a sus inicios, tuvo que hacer malabares para lograr su sueño. El muchacho, de Dakar, cogió los únicos 100 euros que tenía para vivir y se marchó a Argentina en un viaje de cuatro escalas por todo el mundo que le había pagado un hombre al que no conocía de nada pero le había prometido una prueba en el país de Maradona y Messi. Ibra, que entonces no sabía situar Argentina en el mapa, llegó a Buenos Aires y se gastó más de la mitad de esos 100 euros en un taxi que le llevó a donde debería estar su padrino futbolístico, pero allí no iba a haber nadie hasta dentro de un mes, le dijeron.

La historia, que suena a engaño por todos lados, esos que sufren miles de chicos que como él persiguen un sueño y son estafados por tipos que juegan con ser agentes, no acabó saliendo mal. El senegalés, que se veía solo, se empezó a impacientar y, todos los días a las cinco de la mañana, salía por su cuenta a correr y mantenerse en forma. Lo hacía a esas horas para no verse envuelto en la vida pública, pues se sentía intimidado por las miradas que le cruzaban aquellos por el simple hecho de ser de otro color. Al mes le llegaron noticias buenas. Su padrino al fin apareció y le había conseguido una prueba con Velez, después de que Argentinos Junior les hubiera cerrado la puerta sin siquiera ver al jugador.

En Vélez llegaron los problemas, él no hablaba ni una pizca de español, en el vestuario los jugadores le hacían bullying (le tiraban la ropa, le rompían las botas, etc) porque era lo que tocaba por el simple hecho de ser el novato. Además, los papeles para jugar con el filial no llegaban e Ibra solo podía entrenar, pero al no ser elegible para la competición, siempre quedaba relegado por el entrenador. Hasta que un día, el reserva jugó un partido entrenamiento contra el primer equipo, Ibra fue el delantero del filial y la historia acabó 1-0 para los canteranos con gol del senegalés. Ahí se aceleraron los plazos y el muchacho logró debutar en la Liga de Reservas.

Fue por poco tiempo, pues a finales de 2008 el Atlético se fijó en el jugador. Velez y Atleti llegaron a un acuerdo para que el jugador llegara a probar a Madrid. Ibra, por su parte, se marchó a Senegal sin permiso del club argentino y nunca regresó, teniendo una salida mala del club. En esas navidades, se enroló en el Atleti B y solo un año más tarde estaba debutando en la Primera División.

Y es que, a finales de 2009, para Ibra los planetas se alinearon. Borja Bastón, entonces delantero estrella y máximo proyecto del Atlético B, se fue al Mundial Sub17, donde cuajó una actuación soberbia logrando la Bota de Oro (España quedó tercera). A la vez, Sinama Pongolle tenía un pie fuera del club, y ese mismo mercado fue vendido. Ante la necesidad de tener un tercer delantero, el senegalés empezó a entrenar con los mayores. La idea era que Borja, cuando regresara de la cita mundialista, tomara relevo, pero Ibra y su potente físico gustaron mucho a Quique Sánchez Flores, que acababa de llegar al club.

Todo se aceleró cuando el día dos de enero, ante la baja de Agüero y la ya oficial salida de Pongolle, Sánchez Flores se vio huérfano de delanteros y llamó al senegalés, que estaba de vacaciones navideñas. Fue titular, el Atlético venció 2-1 al Sevilla y el desparpajo de aquel patizambo de casi 1’90m agradó a la afición. En su siguiente partido, Ibra marcó un gol que sería fundamental y su celebración, corriendo durante casi un minuto por todo el campo, enganchó a la grada más por su simpatía que por su fútbol.

Ibra no tuvo nunca ninguna posibilidad de restarle minutos al Kun y a Forlán, pero sí se hizo habitual verle en los tramos finales de partidos resueltos o en partidos adversos donde su altura era un arma para los balones aéreos a la desesperada. El senegalés marcó tres goles aquel año y todos ellos le dieron puntos al Atleti en una temporada que se culminó con la Europa League en Hamburgo y de la que el senegalés no pudo ser parte al no haber estado inscrito desde el inicio de la temporada.

Esa fue su única temporada en el Atleti. Aquel verano, con 21 años, se casó con la novia de toda su vida y se marchó cedido en busca de minutos al Numancia de Segunda División. Como apagafuegos puntual, Ibra había venido bien a un equipo huérfano de puntas, pero su nivel real y su techo estaban peldaños por debajo de un Atleti que acada vez cogía más altura. Tras Numancia, pasó por Osasuna y se marchó al Krasnodar ruso, donde vivió sus mejores días como futbolista mientras era fuertemente perseguido por el racismo del país. Allí, además, logró debutar con Senegal, con quien jugó los JJOO de 2012.

Tras cuatro años en Rusia, pasó una temporada en el Stade Reims francés y el curso pasado firmó por el Cluj de la liga rumana, donde tuvo una temporada irregular. Admitía hace poco que los meses en el Atlético habían sido los mejores de su vida, que no se lo pensaría dos veces si le llegara una propuesta de un equipo español porque es el país en el que mejor se vive. Por eso, cuando este mercado de verano tuvo la posibilidad de firmar por el Oviedo, ni se lo pensó. Ahora tratará de llevar al club carbayón a Primera. De momento no lo está teniendo muy fácil. La competencia con Toché y Joselu es voraz.

Fotografía: ANDER GILLENEA/AFP/Getty Images.

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