¡Salud y correísmo para todos!

GABRIEL BOUYS/AFP/Getty Images

OPINIÓN. El minutero corría inexorablemente hacia el 90, la primera parte había sido roma, y en la segunda había más empuje y llegada, pero sin premio. Nada parecía poder romper el 0-0… hasta que emergió Correa. Su ángel se apareció en medio campo para robar una pelota, tirar una pared, recortar al defensa y, con un derechazo, cruzar el cuero hasta mandarlo a dormir junto al palo. Inalcanzable para el meta rival.

Correa se ha especializado en ser el abrelatas del Atleti

La descripción corresponde al gol de la última jornada ante el Betis. El 1-0. El único. El que valió los tres puntos, pero con palabras similares y en situaciones casi idénticas podrían narrarse otras citas en las que el rosarino abrió el camino para llevar al Atleti a una victoria que parecía escaparse (diez de sus últimos once goles han sido el primero del Atleti): de derechazo por la escuadra, ante el Valencia; ajustado al palo corto tras gran control orientado, contra el Villarreal; o remachando una triangulación perfecta, en San Mamés, la temporada pasada, todos en el segundo acto.

El equilibrista que vive sobre el alambre de la línea de fondo

Correa es la frenada en seco para después arrancar. Es la internada por banda apurando una línea de fondo cual alambre sobre el que hacer equilibrismos. Es el uno-dos, derecha-izquierda. El corro hacia un lado, pero te gambeteo hacia el otro. Es el amago y el engaño; lo ves, ya no lo ves.

Es la potencia, con trallazos imparables ante el Girona o el Rayo (en Copa); y la sutileza, ese toque ¡tac! junto a la cepa del poste de Ter Stegen, tras romper a Mascherano en el Camp Nou.

De repertorio ilimitado, marca goles de todos los colores. Goles con el interior (Celta, Granada, Deportivo…). Goles con el exterior, como esa rosquita preciosa y precisa ante el Getafe. O goles de puntera, ese recurso a veces tan infrautilizado (incluso criticado) en el fútbol 11, y con el que el argentino ya nos sorprendió contra el Celta (también en Copa) o Las Palmas, tras colarse entre una maraña de contrarios y resolver de punterazo.

Marcó su primer gol en su segundo partido con la rojiblanca… ¡al minuto de saltar al campo!

Correa lleva haciendo goles en el Atleti desde el mismo momento en que su corazón le permitió debutar. Ya en su segundo partido, en el rudo Ipurua, cuando apenas llevaba un minuto sobre el césped ¡un minuto! y tras entrar en sustitución de Koke, encarriló el choque para los suyos. Otro 0-1 en un partido que caminaba hacia el precipicio del 0-0. Ya en ese gol primigenio dio muestras de lo que es Ángel Correa: recibo desde la izquierda, la dejo pasar, sentando a dos rivales con el amago, y fusilo con la derecha.

Aquel pase se lo dio Fernando Torres. ¡Ay el Niño! Uno de sus mayores idilios con la rojiblanca. ¡Se entendían a la perfección! Esa misma tarde, le devolvió el obsequio con un sutil pase profundo que Fernando mandó picadita a la red. La conexión entre ambos terminó en gol del Niño en múltiples ocasiones: Zaragoza, Espanyol, Levante…

El argentino ha sido uno de los máximos asistentes del 9 de Fuenlabrada. Sin ir más lejos, le buscó sin descanso en su último partido en el Metropolitano, hasta que le regaló el primer gol… también contra el Eibar… cerrando el círculo.

Sus cifras asistiendo a compañeros para el gol son mejores que las de Saúl o Arda Turan

Y es que lo de dar goles no es fruto de la casualidad. Correa prácticamente asiste lo mismo que marca. Así lo demuestran sus números: 27 goles y 21 asistencias en 150 partidos (justo celebró con gol contra el Betis esta cifra redonda). Su media es de 0,14 asistencias por partido (mucho más alta si tenemos en cuenta los minutos jugados), por encima de futbolistas que en ocasiones ocupan su posición como Saúl: 11 asistencias en 214 encuentros (0,05 por partido); o de quien ocupó su espacio en el campo, Arda Turan: 23 asistencias en 178 partidos (0,13 por encuentro). Un Arda del que ha terminado heredando ese 10 que en su momento quedó grande a futbolistas talentosos como Óliver o Carrasco.

Correa hace honor a ese número siendo diferente, imprevisible, atrevido. Es el dulce caos en el férreo orden de Simeone. Y muchas veces falla, por supuesto, pero es lo que lleva aparejado el riesgo. El que siempre encara, el que jamás se esconde, el que en todo momento intenta romper en vertical… Angelito no está aquí para dar pases de seguridad en horizontal.

Correa es el control ante Modric en la Supercopa de Europa, uno, dos, tres, cuatro toques, entre Ramos y Varane, sobre la cuerda como siempre, al borde del alambre, al filo de perderla… pero la jugada acaba en un pase atrás para que Costa ponga el 2-2 y cambie el destino de otro título europeo que ya parecía facturado.

Correa es el pase en profundidad a cinco minutos del final en el Bernabéu, entre Nacho y Carvajal, para dejar solo a Griezmann y prolongar un año más la racha sin perder en Chamartín.

Correa es el último gol en el Vicente Calderón (aunque muchos recordaremos que fue Torres), para evitar que el último tanto en el Manzanares fuera de un chico negro de Bilbao. Correa es la jugada del primer gol en la historia del Metropolitano, rompiendo al lateral Ricca, te amago por dentro, me voy por fuera, y se la pongo al Principito al primer palo.

Mucho más que un revulsivo

Correa es mucho más que un revulsivo (12 de sus 27 goles llegaron desde el banquillo), aunque desde ese papel marcara en su primer año tantos decisivos en Vallecas o ante el Málaga, que nos permitieron seguir soñando con la Liga hasta la penúltima jornada. Correa es un tipo por el que yo pago una entrada y al que a mí, personalmente, me hizo recordar al Kun Agüero con sus primeras pinceladas en el Calderón, con sus recortes y quiebros inverosímiles que sólo él ve. Y quizá nunca llegue a las magnitudes de su compatriota, pero, aunque parece que lleve una vida con nosotros, sólo tiene 23 años. No lo olviden. Y ya ha dado mucho a este Atleti del Cholo. Así que yo lo tengo claro: ¡Salud y correísmo para todos! Aún están a tiempo de subirse al tren del correísmo.

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