Qué fue de…29. Seitaridis

JAVIER SORIANO/AFP/Getty Images

QUÉ FUE DE… Giorgos Seitaridis. Estrella de Grecia en la Eurocopa de 2004, llegó al Atlético en 2006, que llevaba dos veranos tras él. Nunca mostró su fútbol, simplemente porque no le agradaba jugar. En el club rojiblanco estuvo tres años y acabó saliendo por la puerta de atrás tras algún acto de indisciplina.

Hubo una época en la que Giorgios Seitaridis era el Adonis del fútbol. Alto, de buen ver, con un físico imponente, una melena cuidada y un gusto estiloso por su imagen. Su gusto por los coches de lujo, su imagen de deportista intelectual y su fama de lector culto y de tipo autosuficiente le ponían en la primera fila de los jugadores más deseados de Grecia. Pero Seitaridis, un superdotado para todo lo que se proponía, pocas veces tuvo el fútbol entre sus predilecciones.

Debutó con solo 17 años en la Segunda División griega en el Pas Giannina, equipo al que logró ascender y del que fue jugador más importante pese a jugar en el lateral. Su potencia física, su zancada y su superioridad futbolística le llevaron a ser un puñal en el costado en el que se fijó el Panathinaikos, uno de los tres gigantes del fútbol griego, donde pasó tres temporadas haciéndose con un nombre en Europa. Tanto, que un equipo con una dirección deportiva importante como el Oporto se decidió a ficharle el verano de 2004, antes de la Eurocopa. El equipo luso no era un cualquiera, pues venía de lograr ese mismo año la Champions League y firmaba al griego para tapar la baja que había dejado Paulo Ferreira, que se marchó a Stamford Bridge por la nada desdeñable cantidad de 30 millones de euros.

La Eurocopa de 2004 le cambió la vida a Seitaridis. Grecia se llevó el título logrando la mayor hazaña jamás ocurrida en el fútbol de selecciones y el lateral derecho cuajó un torneo sensacional, siendo elegido en el once ideal de la cita. Rápido los equipos que aún no habían puesto sus ojos en él quisieron saber su situación contractual, pero se llevaron un chasco cuando se enteraron que ya había firmado con Os Dragoes. Tras un curso en Portugal, le llegó la oferta del Real Madrid y su fichaje estuvo a un paso de concretarse, pero al final no se dio y los blancos, que tenían en nómina a Salgado, ficharon a Diogo y a Ramos, además de a Cicinho en el mercado invernal. Jorge Mendes, su agente, decidió mandarle al Dínamo de Moscú por 10 millones de euros junto a sus compañeros Derlei, Maniche y Costinha. Manchester United y Atlético también lo intentaron, sin éxito.

Tras dos veranos buscándole, el Atlético se hizo al fin con sus servicios pagando cerca de 6 millones de euros en una operación que se fijó en 12, pues con el griego vinieron de la mano con Costinha y Maniche. En su puesta de largo, vio la roja a los 44 minutos y cuatro jornadas después se volvió a marchar expulsado. Su temporada fue un absoluto desastre, parecía el hermano malo de aquel jugador que sorprendió en la Eurocopa y entre la grada se ganó los apodos de Seitarugo y Seitarado por la absurdez en su toma de decisiones.

Su segunda temporada empezó mejor, marcando un absoluto golazo desde el centro del campo ante el Gloria Bistrita que supuso media clasificación para jugar ese año la UEFA. Aquello le reconcilió un poco con la afición, pero no duró mucho. Lo cierto, es que Seitaridis mostraba su mejor versión en las grandes citas. Fue uno de los jugadores más destacados en cada partido contra el Real Madrid y daba la sensación de ser un futbolista para las mejores plazas. La realidad es que el 80% de las ocasiones, como poco, mostraba carencias dignas de jugadores infantiles. La cosa no iba con él.

Igual eso se debió a que, como él mismo confirmó, el fútbol no le gustaba y solo jugaba porque era su trabajo. A Seitaridis le apasionaban la velocidad, los coches (tiene una colección de Lamborghinis) y las motos. Su tiempo libre lo empleaba en leer y culturizarse, como buen griego y hablaba varios idiomas con fluidez. Hobbies todos ellos de los que hoy sigue disfrutando. De una familia de futbolistas, pues su padre y su abuelo fueron profesionales, heredó todo menos la pasión.

En noviembre de su segundo año tuvo una lesión en el tendón de Aquiles y prácticamente dijo adiós a la temporada porque solo reapareció al final. En la última jornada de aquella Liga tuvo tiempo para anotarse un autogol ante el Valencia de esos que levantan las sospechas de las apuestas deportivas.

A su tercer año, la situación se hizo insostenible. Ujfalusi y Heitinga, recién llegados, alternaron con Perea en el costado y Seitaridis fue cada vez contando menos hasta que en abril el club le suspendió de empleo y sueldo. El motivo fue no presentarse a un partido en el que no estaba convocado pero al que estaba obligado a ir como espectador. Aunque García Pitarch, entonces director deportivo, admitió en un comunicado que se debía a un cúmulo de faltas de respeto e irresponsabilidades y que quizás la suspensión de empleo y sueldo de 10 días se quedaba corta. Al final la sanción fue mayor y el griego quedó apartado toda la temporada. Nunca más se volvió a poner la camiseta del Atleti.

Según afirmó Pitarch, el Atlético había intentado venderle durante los dos últimos mercados sin éxito y en ese que se acercaba el jugador y el club debían llegar a un acuerdo, pues aún tenía un año de contrato, su salario era altísimo, nadie quería ficharle y en la disciplina rojiblanca no podía seguir. Al final, Seitaridis rescindió su contrato tras tres temporadas, en las que jugó 70 partidos y en los que solo anotó aquel gol en la casa de Drácula.

Seitaridis firmó con el Panathinaikos, donde jugó cuatro temporadas más antes de retirarse con 32 años. En su haber tiene 72 internacionalidades con Grecia, una Eurocopa, una Intercontinental, una Copa de Portugal, dos Ligas de Grecia, una Copa de Grecia y un premio al mejor jugador de la Liga Griega, además de ser elegido en el Mejor Once de la Eurocopa 2004. A Seitaridis se le dieron unas condiciones bárbaras, pero nunca quiso aprovecharlas salvo tres momentos puntuales en su carrera y ninguno coincidió en el Atleti.

Una vez retirado, el griego ha podido hacer de su vida su pasión. Se dedica a recorrer mundo con su Ducati (tiene más de una) y es un adicto al gimnasio y al crossfit. De hecho, Seitaridis luce mejor físico ahora con casi 40 años que cuando estaba en activo. Cuestión de prioridades. Desde hace un par de meses, el ex futbolista ha comenzado el curso de entrenador y admite que sueña con entrenar al Oporto, donde vivió sus mejores días como futbolista. Que no lo planea a corto plazo, pero que sí quiere estar en Portugal en unos cinco años. Quién sabe si porque se le estará acabando el dinero, porque se habrá aburrido de su nueva vida o porque le gusta más vivir el fútbol desde el otro lado de la banda.

Fotografía: JAVIER SORIANO/AFP/Getty Images.

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