14 millones de razones

estoesatleti.es / Tania Delgado
Tania Delgado / Esto Es Atleti

OPINIÓN. Gabi se fue, pero siempre estará presente. Tras una vida en rojiblanco, ahora le toca decir adiós. Pero volverá, lo admite él, en plan amenaza, como si eso no fuera una de las cosas más maravillosas que a esta entidad le pudiera pasar.

Las lágrimas de un recién llegado como Santiago Arias, con quien ni siquiera compartió un entrenamiento. Las sonrisas de Koke, recordando los buenos momentos vividos con su mentor. La cara seria pero emocionada de Juanfran, su mejor socio en el vestuario, ese con quien vivió absolutamente todo. La mirada perdida al videomarcador de Griezmann, héroe de la tarde que pasó a un segundo plano cuando los focos del Metropolitano se apagaron. «Ojalá algún día reciba un amor tan incondicional como el que le dan al Capi», debió pensar el francés.

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Escribe esto un servidor, que no pudo ver el partido porque la magia de la Navidad duplicó el compromiso laboral, que tuvo que rechazar a muy pesar una entrada ya comprada como regalo de cumpleaños para el partido porque era imposible cambiar un turno de trabajo en estas fechas, pero que hizo malabares, se escondió como pudo y se bajó a fumar un cigarro de 35 minutos tras una vida sin haber dado siquiera una calada para poder ver, en un streaming de malísima calidad, en un móvil de pantalla reducida y con una tarifa de internet de otro planeta, la despedida del 14.

Los jugadores han de despedirse en el campo, no en la sala de prensa ni en las redes sociales. A los grandes, a los únicos e irrepetibles, a las leyendas, que no deben alcanzar nunca a contarse con los dedos de una mano, ese homenaje se merece un evento por todo lo alto, un partido con amigos y mucha historia o un post partido como el que el club le brindó. Con detalles, con momentos, con palabras, con sentimiento y con recuerdos.

Y por si tras toda la parafernalia de gente emocionada (la emoción llama a la emoción), los cortes del videomarcador, los regalos ofrecidos y la Nuvole Bianche de Ludovico Einaudi sonando por megafonía (¿Cuándo es la próxima revisión de las maravillas del mundo? Porque el compositor lleva años haciendo méritos) hubiera algún valiente sin las mejillas coloradas y el pañuelo en mano, salió Fernando, recién llegado de Oriente. Y se juntaron el futuro presidente y el futuro entrenador, al menos en el imaginario atlético. El pasado sobre el campo, los dos últimos capitanes más longevos del club. Los dos máximos exponentes de la cantera. El Atleti, vamos.

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Nunca nadie tuvo tanto éxito como Antonio López en la toma de decisiones cuando se saltó varios jugadores (lo siento, Domínguez y Perea, pero supongo que lo entendisteis) y proclamó a Gabi su heredero. No había nadie en la plantilla que entendiera como el 14 lo que significaba el Atlético de Madrid. El sentido de pertenencia que recalca Simeone fue el abecé del centrocampista durante sus dos etapas aquí, la primera de canterano inmaduro, la segunda de Capitán América. Extensión del Cholo en el césped.

Porque Gabi tuvo que salir, cuando no estaba hecho, de un Atlético que era mediocre. Y aunque pareció definitivo, ambos unieron sus caminos años más tarde, en plena ascensión, para lograr juntos la excelencia. Yo era Gabi cuando presionaba haciendo una cobertura hacía atrás. Siempre estaba tapando el hueco que había que tapar. Yo era Gabi cuando lideraba la presión alta y era el caballo desbocado que iniciaba, como hombre más adelantado pese a residir en el doble pivote, una carrera para recuperar un balón imposible. También fui Gabi en una tarde aciaga en Almería, cuando acabó con los guantes de portero intentando parar un penalti, o cuando expulsado, vio el partido justo detrás del banquillo, en plena grada. Yo fui Gabi el día que se puso el transistor haciendo las veces de un Simeone sancionado. Yo era Gabi en aquel disparo desde el centro del campo que hizo empatar un derbi en el ya antiguo Calderón. Muchos no lo piensan bien, pero ese punto valió una Liga. Yo era Gabi en las lágrimas de Milán y Lisboa, pero también en el jacuzzi del Camp Nou en una tarde mágica de mayo en 2014. Y cómo no, yo fui Gabi en Lyon, y en Neptuno.

Y es que Gabi volvió. Y lo hizo como un niño ilusionado. Porque en una tarde veraniega de sábado, cuando no había ni un solo rumor de su vuelta, cuando nadie esperaba que un chico del Zaragoza que tampoco había despuntado como profesional pudiera volver al Atlético, Gabi y yo cruzamos unas palabras en un centro comercial de la capital tras un encontronazo repentino. «¿Qué haces aquí, de vacaciones?«, pregunté, como si tuviera alguna obligación de contestarme. Y él, nada firmado, nada oficial, no se pudo contener, creo que necesitaba decírselo a alguien, incluso a alguien a quien no conocía de nada. «Vuelvo al Atleti». Y sonrió. Y cuando lo hizo, vi en su cara cómo sería la mía si alguna vez me hubiera fichado el Atlético de Madrid.

«No quiere decir que siempre tengamos que ganar». Y pocas veces estuvo más acertado alguien con un micrófono en la mano. Porque de eso va el Atlético de Madrid. Del escudo, aunque lo hayan cambiado, de los colores, de sentimiento. Porque Gabi tenía a su lado seis Copas, cada una más grande, cada una con un motivo y un significado, cada una de un triunfo, pero si le preguntáramos, regalaría todas sin pensarlo por lo que vivió sobre el césped en la poco más de media hora que duró su despedida. No vayamos a engañarnos, ¿quién no quiere ganar? Pero el Atlético de Madrid no va de eso. No se trata de ganar siempre, sino de salir a ganar siempre. Y a veces ganas más cuando menos títulos tienes.

Y es ahora cuando esta simple opinión toca a su fin, que ya va siendo hora. Pero bien podría seguir redactando horas y horas sobre el mejor capitán de la historia del Atlético de Madrid. Y si no es así, que eso es algo subjetivo, sí es el capitán del mejor Atlético de Madrid de la historia, que para el caso igual es concluyente. Porque Gabi, nosotros nunca quisimos que fueras futbolista. Siempre quisimos que fueras futbolista del Atlético de Madrid. Y así podría seguir horas y horas. Tengo 14 millones de razones.

FotografíaTania Delgado / Esto es Atleti 

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