Qué fue de…32. Hasselbaink

Hasselbaink, durante un partido con el Northampton Town.

QUÉ FUE DE… Hasselbaink. Solo jugó una temporada, la fatídica del descenso. Pero fue quizás el jugador más destacado de aquel equipo. Marcó 33 goles en 43 partidos, fue segundo máximo goleador en Liga y se marchó por la puerta de atrás tras un partido para olvidar en Oviedo pero siempre con el buen recuerdo hacia su persona de los aficionados.

Nacido en Surinam, antigua colonia holandesa que ha dado al fútbol jugadores de la talla de Davids, Seedorf, Kluivert, Rijkaard, Gullit o Winter, Jerrel Floyd Hasselbaink era el más pequeño de seis hermanos. Cuando cumplió los seis años, su madre, junto a otros tres hermanos, decidió separarse de su padre y emigrar a Holanda, donde dio sus primeros pasos como futbolista curiosamente como portero. Luego, se convertiría en el mejor de una familia de futbolistas, toda vez que su hermano Carlos hizo carrera en Holanda y sus sobrinos Marvin y Nigel (el de más nivel) aún están en activo.

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Tuvo una infancia complicada, quizás fruto de esa falta del referente paterno mientras su madre se dejaba la vida trabajando para mantenerles a él y a sus hermanos. Y tanto tiempo sin nadie que le supervisara, a una edad tan joven y en un barrio marginal en Zaandam, al noroeste de Ámsterdam, derivó en un muchacho conflictivo. Pronto se unió a una pandilla de delincuentes y probó las mieles del mal camino. Pasó tres meses en un reformatorio por robar.

El fútbol, que a esas edad se jugaba por diversión, tampoco le servía como vía de escape. Cuando salió del correccional le fichó el DWS para su equipo juvenil, pero duró poco en el equipo después de que le pillaran robando las pertenencias de la taquilla de un jugador del primer equipo. A los 18 años, el Telstar fue el primer equipo que le dio la posibilidad, pero a las pocas semanas fue despedido, debido a que solía llegar tarde a los entrenamientos cuando aún seguía siendo miembro de aquella pandilla de delincuentes.

Fue su hermano Carlos quien le quiso sacar del mal camino. Carlos, cuatro años mayor que él, le llevó a entrenar con el AZ, donde él jugaba. Jimmy lo hizo tan bien que se quedó dos años en el club. No era un desconocido en la disciplina del AZ, donde ya había jugado con el equipo sub19 tiempo atrás, pero los técnicos se llevaron una gran sorpresa con su evolución mientras había dejado de entrenar con ellos durante unos meses. Con todo, el club decidió no renovarle tras dos temporadas y con 21 años Hasselbaink se quedó sin equipo.

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Jugó para varios amateurs, hizo pruebas en varios países de Europa hasta que, dos años después de su último partido profesional se interesó por él Campomaiorense, recién ascendido a la Primera División de Portugal. Fue donde, por primera vez, dejó la banda y empezó a jugar como delantero. Porque sí. Uno de los mayores goleadores de las últimas décadas se pasó los primeros años de su carrera pegado a la cal. Su velocidad le había valido hasta entonces para ser un buen extremo, pero su falta de medición en el tempo, a la hora de regatear, driblar o acertar con el centro, le estaba lastrando la carrera.

En Portugal descubrieron un goleador incansable y el Boavista, que suponía dar un paso gigantesco, le firmó un solo año después de llegar a tierras lusas. En dos años llegó a marcar 33 goles. Contra todo pronóstico, el Boavista ganó aquel año la Copa y el nombre de Hasselbaink se proyectó en todo el mundo. Tanto, que desde la Premier League, el Leeds United desembolsó cuatro millones por él.

El Atleti lo fichó por 18 millones. Llegaba de ser pichichi en la premier league. Un año después, se fue por 24 al chelsea y volvió a ser top scorer en inglaterra

Su ascenso fue meteórico y en 1999, con 27 años, el Atlético de Madrid puso 18 millones de euros por el jugador que acababa de ganar el premio al Máximo Goleador de la Premier League. Nada podía salir mal… Pero todo salió mal.

Hasselbaink llegó a un Atlético herido de muerte, con una plantilla para ganarlo todo que acabó en Segunda División. Intervención judicial, encarcelamiento del presidente, jugadores sin cobrar… Todo fue un cóctel letal para un equipo que contaba en su plantilla con jugadores del calado de Valerón, Baraja, Solari, Capdevila o Molina, que entró en una dinámica derrotista y que solo se podía desquitar con la alegría de pasar rondas en la Copa del Rey.

El holandés fue aquel año el ídolo de la grada, marcó 24 goles en Liga y fue segundo en el Trofeo Pichichi, solo superado por Salva Ballesta. Los aficionados hicieron gala del ‘Jimmy Pichichi Hasselbaink‘ en cada partido y el neerlandés, protagonista para bien todo el año, fue el primero en sacar las lágrimas de los rojiblancos cuando falló un penalti que, en la jornada 36, mandó al Atleti a Segunda. Si Hasselbaink hubiera marcado ese penalti, el Atleti habría bajado en la siguiente o en la última jornada casi seguro, pero quiere el destino que sea el delantero recordado en la mala historia del club. También en la final de Copa, donde el club, ya descendido, perdió todo el orgullo que le quedaba. El holandés, tras acabar el partido, pasó minutos tumbado en el césped, llorando sin consuelo.

No obstante, siempre será uno de los favoritos de la grada. Su celebración fetiche, tirándose en plancha dentro de la portería contra las redes, es icónica. Hasselbaink jugó 43 partidos esa temporada en todas las competiciones y marcó 33 goles. En Europa, contó cada partido por gol (7 en 7).

jugó en la 1999-2000 en el atleti, marcó 33 goles en 43 partidos y fue el mejor en una temporada para olvidar

Su salida tras el descenso se antojó necesaria. El club no podía retener a sus estrellas y el Chelsea llegó a la cifra de 24 millones de euros por él. En Londres vivió sus mejores años. Nada más llegar volvió a ser pichichi y un año después se quedó a un gol del trofeo. Asesino letal. Dos pichichis y dos segundos puestos en cuatro años. La suya fue la época pre Abramovich, donde el Chelsea no era tan grande como es hoy. Allí ganó una Supercopa inglesa y perdió una Copa de la Liga, quedando también subcampeón de Liga y sellando las bases del Chelsea que hoy conocemos.

Sus últimos años como futbolista los pasó entre Middlesbrough y Cardiff, donde la mala suerte volvió a cebarse con él. Fue subcampeón de la UEFA con el Boro y subcampeón de la Copa inglesa con los galeses.

En la selección, las cosas siempre le fueron de manera más reservada. Compartió la oranje con delanteros de la talla de Van Nistelrooy, Makaay, Kluivert, Bergkamp, Van Hooijdonk y su papel siempre fue secundario en una Holanda que pasó años muy malos tanto institucionales como futbolísticos. Con Holanda, marcó 9 tantos en 29 partidos. Acudió al Mundial 1998, donde Holanda, llamada a ganar, acabó eliminada por penaltis en semifinales. Su mejor momento de forma, 2002, coincidió con la Copa del Mundo que la Oranje no disputó. Sorpresivamente, en el año 2000 se quedó fuera de la lista de Holanda en la Eurocopa que organizaba el país.

Cuando Hasselbaink se retiró, su sobrino Nigel parecía haber heredado algunas de sus habilidades. Jugando para la academia del Ajax, Nigel empezó a jugar como extremo izquierdo, aunque alternó rápido con la delantera y todos le pusieron ya bajo el paraguas de su tío. Pero lo de Nigel fue más fuegos artificiales que otra cosa. Disfrutó del fútbol en Escocia a buen nivel antes de jugar en Grecia. El año pasado volvió a Holanda y este, a los 28, está en la liga de Israel. Quizás el espejo fue demasiado grande.

Hoy, Hasselbaink es entrenador, pero no tiene equipo. Hace colaboraciones para las televisiones británicas en la retransmisión de partidos y tiene muy buen calado entre los aficionados por la cordura y sensatez que demuestra en sus análisis. Desde que se retirara y se sacara el título ha entrenado a cuatro equipos, cada uno con sus particularidades. La alternativa se la dio el Amberes, donde tuvo un papel discreto. El Burton confió en él, y él devolvió la confianza ascendiendo al equipo a Championship. Después le tocó en un gigante de la categoría como el QPR, pero el club, un polvorín, no supo aguantar y esperar a que los resultados llegaran. Su última experiencia ha sido en el Northampton.

Fotografía: Pete Norton/Getty Images.

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