Caer y levantarse

Caer y levantarse

OPINIÓN. El 11 de mayo de 2017, el Atleti cayó eliminado de la Champions League. Una vez más, por el eterno rival. Sin embargo, aquella noche, que había comenzado con la tarea imposible de levantar un 3-0, es considerada por casi todos los atléticos como una de las más mágicas del Calderón. El equipo salió a comerse a los vikingos, y en menos de 20 minutos consiguió quedarse a un gol de igualar la eliminatoria. Pese a todo, el Madrid consiguió rehacerse y marcar un gol que frenó cualquier aspiración. Aquella noche el resultado era lo de menos, ningún colchonero se fue decepcionado a casa. Lo que habíamos vivido durante esos noventa minutos fue, probablemente, el último gran día como el Atlético de Madrid de Simeone. La grada alentaba mientras diluviaba sobre el Calderón, los jugadores dieron todo por una camiseta en la que creían, y cuando el partido terminó, no había sitio para los reproches. Pocas veces nos hemos sentido tan orgullosos de llevar nuestra camiseta rojiblanca como el día siguiente a aquel partido.

Desde ahí todo fue a peor. Cambiamos nuestra casa por una mega construcción en un descampado, nuestro escudo por un logo hecho en China, y a jugadores que sentían la camiseta por mercenarios que negocian con otros equipos mientras llevan la rojiblanca.

A día de hoy, queda poco de lo que tan orgullosos nos hizo sentir aquella noche. Nuestro capitán se marchó, y nos ha dejado a un Godín que ha demostrado su entrega y su trabajo en suficientes ocasiones, pero que no ha sabido manejar un vestuario cada vez más lleno de egos, y que, si lo que se dice es cierto, firmó por otro equipo hace meses. Torres, ejemplo claro de lo que fuimos y emblema del club, se marchó también. El Atleti tiene ahora jugadores más técnicos, más caros, con más seguidores en Instagram, pero ha perdido garra, y ha perdido identidad.

Donde antes teníamos a Gabi o a Raúl García ahora tenemos a Lemar y a Correa, cuya calidad es incuestionable, pero que no parecen entender de qué va todo esto. Y no son los únicos culpables, ni mucho menos. Jugadores que formaban parte del equipo que nos hizo sentirnos orgullosos en aquel derbi, están dejándose en evidencia a ellos mismos: Lucas, canterano, borrándose desde hace semanas para no entorpecer su fichaje por el Bayern; Filipe, que ya dejó tirado al club una vez y se le perdonó, se empeña en tropezar dos, tres, cuatro veces con la misma piedra; el propio Godín, al que no podemos reprocharle nada más allá de que quiera que le den un contrato de dos años que sin duda merece…

FILIPPO MONTEFORTE/AFP/Getty Images
FILIPPO MONTEFORTE/AFP/Getty Images

 

Mientras, alarmistas y atléticos que sólo han visto a los colchoneros desde que juegan Champions año sí y año también, piden la dimisión del Cholo, y el despido de Juanfran, Saúl o Griezmann. No es necesario recordarles cómo estábamos antes de que Simeone, al que llaman cobarde y cagón, se hiciera con los mandos del club. No es necesario recordarles cómo pasábamos de largo de los partidos entre semana porque no teníamos competición europea que seguir. No es necesario que se lo recordemos porque nunca supieron lo que era eso. Aquellos que sí lo saben, son conscientes de que hace ocho años no eran capaces de imaginarse que estarían enfadados por haber sido eliminados de Champions por la Juventus. Por muy mal que haya ido este año, siempre puede ir mucho peor. Simeone no sólo ha resucitado al Atleti, sino que le ha dado la mejor vida que ha tenido en los últimos años, quizá en la historia.

El principal culpable de todo esto no es el Cholo (quién ha cometido errores graves, por supuesto), sino unos jugadores que no creen en su mensaje. Nada puede reprochársele a hombres como Juanfran, uno de los más cuestionados y sin duda, de los que más ha dado la cara. Jugando a banda cambiada, con la consigna de frenar nada menos que a Cristiano Ronaldo. Lo que pedimos no es ganar siempre, lo que pedimos es esfuerzo, trabajo, entrega, morir en el campo creyendo en las ideas del entrenador.

Juanfran es de lo poco que queda de aquel sentimiento. Junto a él, Saúl (que ha tenido un año nefasto), o Koke, son las escasas señas de identidad que le quedan a este equipo. A Griezmann (de los pocos que han dado la cara) o a Oblak, por mucho que no hayan estado acertados en este último partido, no se les puede reprochar nada. Ambos han sostenido al Atleti en más ocasiones de las que nos gustaría reconocer esta temporada, y deben continuar haciéndolo. El Atleti necesita volver a ser lo que era, dejarse de malabaristas, incorporar guerreros, y volver a ser el bloque que provocaba frustración y admiración a partes iguales.

FILIPPO MONTEFORTE/AFP/Getty Images

Es normal estar decepcionado y enfadado. Es normal sentir que se ha tirado la temporada y que se ha desperdiciado la mejor opción de ganar la ansiada Copa de Europa. Es normal buscar culpables. Lo que no es normal es dejar de apoyar al equipo en estos momentos, pedir la dimisión de Simeone y avergonzarse de lo que somos. Es lo único que nos diferencia de ser como ellos: nuestro orgullo no va asociado a los títulos, va asociado al esfuerzo, al trabajo, a darlo todo. Esta vez, los jugadores nos han fallado, no han muerto en el campo, y debemos ser nosotros quienes les levantemos del suelo, como tantas veces hemos hecho.

Hace menos de una semana, el Metropolitano coreaba “Diego Pablo Simeone, nunca sólo tú estarás”. Veremos cuántos sentíamos de verdad aquel cántico.

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