¿Qué pasa con los cedidos?

¿Qué pasa con los cedidos?
Fotografía: Ross Kinnaird/Getty Images.

OPINIÓN. En las últimas temporadas, el club se ha caracterizado por fichar buenos jugadores jóvenes pero no acertar con el destino de sus cesiones, donde han tenido pocos minutos, partidos de poca calidad o incluso una experiencia nula.

Sucede ya desde hace varias temporadas. Decisiones a veces atropelladas, que parecen ser elegidas al tuntún, y acaban con jóvenes promesas necesitadas de minutos en el ostracismo, de un banquillo a otro y quemándose en vez de fogueándose. No cabe duda que la dirección deportiva del Atleti tiene unos ojos magníficos a la hora de acometer fichajes de calidad en cuanto a muchachos imberbes se trata. Pero las decisiones a la hora de buscarles destino flojean. Quizás habría que plantearse poner alguna cláusula de partidos obligatoria, como hacen otros clubes, para asegurarse que al menos se va a contar con el jugador. Hay muy pocos jugadores que salgan cedidos para acabar volviendo al primer equipo, el cual debería ser el objetivo primordial.

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Algunos, incluso, salen de la cantera para no volver. Caso de Javier Manquillo, posiblemente el primero en esta lista que ahora se va a detallar. Amenaza de un Carvajal años mayor que él en las categorías inferiores de España, Manquillo se topó con un Juanfran en plenitud y con la exigencia de un equipo que acabó ganando la Liga y se quedó a dos minutos de la Champions. El lateral solo necesitaba jugar para crecer. Bielsa, entonces en el Olympique de Marsella, estaba loco por la música. El Getafe también lo quería. En España, casi una decena de equipos le aseguraban la titularidad, pero Manquillo se fue al Liverpool. ¿Por qué?

Quizás es normal que al jugador le atrajera la idea de jugar en Anfield. Se le presentaban dos opciones allí: hacerlo tan bien que el Liverpool se lo quedara en propiedad, o volver al Atlético. Con ninguna salía perdiendo. Pero desde el primer día, nunca tuvo sentido irse a disputar el puesto del lateral a un equipo que ya contaba con dos carrileros derechos: Glen Johnson y Jon Flanagan. El primero, entonces internacional por Inglaterra en el Mundial, alma de la creación del Liverpool. El segundo, el llamado a ser la bandera de Anfield por muchos años que acababa de debutar con la absoluta de Inglaterra, el protegido de Steven Gerrard, el alma de Jamie Carragher que, por unas cosas o por otras (las lesiones) nunca se pudo quedar en el primer nivel. Es decir, Manquillo, que necesitaba minutos, se fue a disputar un puesto a los que en junio de 2014 eran los laterales derechos de Inglaterra.

Aprovechando que ambos estaban lesionados, Manquillo fue titular los dos primeros meses, pero nunca más se supo de él. Apenas 10 partidos en Premier, un puñado en las primeras rondas de Copa y alguno más en Champions donde los Reds no dieron la talla cayendo en grupos en un grupo que debería haber sido asequible. Un año más tarde, Manquillo sí fue a Francia, fue titular en el Marsella y cumplió en la derecha al mismo tiempo que se adaptó en la izquierda. Pero la decisión volvió a ser errónea cuando en la 2016-2017 decidió volver a Inglaterra, al Sunderland, un equipo que acabó descendiendo y con una exigencia defensiva que obviamente el canterano no tenía. Por eso su temporada fue una montaña rusa, empezando como titular, siendo luego suplente e incluso desconvocado y volviendo a tener minutos (en la izquierda, encima) cuando el equipo ya no tenía posibilidades de salvación. Posiblemente, de haberse tomado mejores decisiones, su destino sería otro, pues hoy Manquillo es suplente en el Newcastle, equipo de la parte baja de la tabla.

Hay casos llamativos como los de André Moreira, Santos Borré o Schiappacasse. El primero es, quizás, el jugador con el que peor tino se ha tenido. Cedido en su primer año (2014-2015) en el Moreirense, donde claramente no iba a jugar y no jugó. ¿No habría sido mejor dejarle en su equipo de origen, donde era titular? Tras un gran Mundial Sub20, el Uniao Madeira le hizo su portero titular y cuando llamaba ya incluso a la absoluta como tercer portero, se partió la rodilla y dijo adiós a la temporada. En julio de 2016 se le cedió a OS Belenenses… y en agosto del mismo año se le repescó. Moyá se había lesionado y se pasó toda la 2016-2017 entre el banquillo y la grada ejerciendo como tercer portero del Atleti porque en invierno, cuando se iba a ir cedido, el que se lesionó fue Oblak. Resumen: año y medio sin ponerse los guantes, pérdida de la titularidad con Portugal Sub21 y adiós al sueño de la absoluta.

Pero el cartel de Moreira era tan alto que el Benfica y el Sporting lo querían. Fue el Benfica “quien se hizo con sus servicios” en verano de 2017. Moreira entrenó con el primer equipo, pasó reconocimiento y hasta fue presentado en un acto privado posando con la camiseta. Pero a las pocas semanas, las diferencias entre clubes echaron para atrás la contratación. Al punto que el Atlético, en una decisión casi espontánea, lo cedió al Sporting Braga. La larga lesión de Marafona, portero titular, hizo que Moreira tuviera que competir la titularidad con Matheus, que ya llevaba muchos años en el club e incluso había sido una temporada completa el titular, y con Tiago Sa, de la misma quinta que Moreira, canterano del club y su rival en las inferiores de Portugal por un puesto. Resumen: otros seis meses sin ponerse los guantes. Dos años seguidos ya.

Porque en navidades, Moreira volvió a salir. Se marchó a Os Belenenses, donde no le habían dejado jugar años antes por la lesión de Moyá y, tras dos años enteros sin jugar un solo partido, alternó luces y sombras. Le costó hacerse con la titularidad, pero acabó jugando 11 partidos en la segunda vuelta, dejando la portería a cero en cinco, pero encajando 17 tantos en solo seis duelos.

La 2018-2019 está siendo para él otra serie de catastróficas desdichas. Llevado al Aston Villa por su agente, que se peleó desde el primer día con el técnico Steve Bruce, Moreira apenas jugó dos partidos en el primer semestre, ambos de Copa. Apenas fue convocado en siete ocasiones (de 28) en Championship y pasó de tercer portero a cuarta o quinta opción. En enero se le buscó una nueva cesión exprés y fue al Feirense, colista de Portugal. Caio Secco, titular, se había lesionado el mismo enero para unas seis semanas. Por lo que Moreira jugó ese tiempo, y ahora nuevamente ha vuelto a la suplencia. Apenas ha disputado cinco partidos encajando 14 goles. En cinco temporadas apenas ha disputado 40 partidos y todos de aquella manera.

Santos Borré puede pensar algo parecido. Fichado en agosto de 2015, se quedó un año más en América cuando quizás lo mejor era llegar a España para acortar plazos de adaptación. Entonces, Borré era un jugador con un buenísimo cartel, una de las perlas del Sudamericano Sub20 (con 19 años) que incluso ya había sido tenido en cuenta por Pékerman para compartir nómina en alguna concentración (aunque sin llegar a ser convocado oficialmente) en la absoluta con Falcao, Bacca, Zapata, Muriel o Jackson Martínez, que entonces los marcaba por treintenas en Oporto. En Colombia, Borré se rompió el tobillo, la afición le tuvo en el punto de mira por haber firmado con otro club y la temporada fue una odisea.

Cuando llegó a España, su destino fue el Villarreal, un equipo que contaba en ataque con Soldado, Bakambu y Sansone, y donde obviamente el cafetero fue de más a menos hasta acabar olvidado en la grada.

Schiappacasse es el jugador que ha destacado en torneos juveniles y en las Ligas de Sudamérica por encima de jugadores como Rodrygo (por el que el Real Madrid ha pagado 45 millones de euros), Lautaro Martínez (hoy en el Inter), Richarlison (Everton), Paquetá (Milan), Neres (Ajax), Barco o Zaracho. Es ese chico que tiene mejores registros goleadores con las inferiores que Cavani, Forlán o Suárez. Es obvio que las decisiones del propio jugador han influido en su carrera, pero se ha pasado dos años jugando entre Tercera División y 2ªB y cuando ha salido cedido ha sido a un Rayo Majadahonda que desde el primer día no contó con él. Hoy, en el Parma, busca una adaptación que le habría venido genial hace dos temporadas.

En esos torneos, por cierto, también estaba Caio Henrique, que incluso era el capitán, el líder y posiblemente el mejor jugador de todos esos brasileños antes citados. Su pasado es igual que el de Schiappacasse, estando un par de años olvidado en el inframundo de las ligas menores e incluso castigado por su comportamiento fuera del campo. Caio, hoy en el Fluminense, disfruta de una temporada magnífica que se suma a las grandes actuaciones que hizo el año pasado en Paraná. Pero quién sabe si, sin estos dos años perdidos, hoy podría ser un integrante de nivel de la primera plantilla.

También podría tener cabida la situación de Emiliano Velázquez quien, siendo cedido al Getafe en verano de 2017, acabó una semana más tarde en el Rayo porque los azulones no le querían. ¿Entonces cómo llega ahí si no le quieren de primeras? Velázquez, que era el jugador titular por delante de Giménez tanto en clubes como en selecciones. ¿Qué hubiera pasado con Josema si de primeras se hubiera elegido mal con él? Sin olvidarnos de Axel Werner, que está siguiendo de manera peligrosa los pasos de André Moreira. Su primera cesión fue en Boca, donde apenas jugó dos partidos. Obviamente, no puedes ceder a un jugador en ciernes a un equipo con una exigencia como aquella y menos si como titular hay alguien contrastado como Guillermo Sara. Y eso que allí sí tenía obligación de jugar por contrato el 50% de partidos, pero… El año pasado se quedó como tercer portero y, ante la salida en febrero de Moyá, le llegó incluso el debut con el Atleti. Pero al final, fue un año en el dique seco sumado a otro que ya llevaba con Boca. Cuatro partidos en 2 años, muy poco para un chico de 21 años.

Esta temporada, la jugada ha salido mal. Leo Franco le quiso para el Huesca como titular. Pero Werner perdió el sitio pronto. Cuando el técnico fue destituido, Werner pasó incluso de ser suplente a la grada. Pero el Huesca, que ha tenido tres porteros más o menos titulares esta temporada, seguía siendo un sitio donde al menos pelear por volver a las convocatorias. Los cambios de entrenador también favorecían a pensar que no todo estaba perdido. En cambio, en enero se decidió que era mejor cederle al Málaga, un equipo en puestos de ascenso donde todo va más o menos bien, que tiene un portero titular contrastado como Munir, que es además internacional absoluto, y un segundo portero muy solvente. Y así ha pasado. Werner no ha debutado. No se espera que lo  haga, y solo ha ido convocado en una ocasión, cuando Munir tuvo compromiso con Marruecos.

Con Rubén Pérez la situación fue distinta. Ocho años de interminables cesiones donde parecía que lo único importante era quitarse de en medio a un jugador que ha crecido hasta mostrar un gran nivel en Primera y que hoy sería un complemento más que aceptable para la plantilla. Vamos, que no está muy lejos de la situación que en su día vivió Gabi en cuanto a cesiones y decisiones.

Luego los hay como Borja Bastón, que a base de resultados se ganan oportunidades que nunca tienen. La mayor promesa de la cantera en años se partió la rodilla cuando debutó con 17 en el Vicente Calderón y ha ido construyéndose un futuro a base de goles. De no contar en su primera cesión en Murcia a terminar siendo titular allí y marcando goles allá donde iba: Huesca, Zaragoza y Eibar, ya en Primera (hizo 18 esa temporada) ganándose una oportunidad en el primer equipo que nunca tuvo. Ni siquiera una pretemporada.

En definitiva, en los últimos cinco años, hemos fichado o tenido en nómina, entre otros, al portero de Portugal Sub21, al portero de Argentina Sub20, al mejor delantero de la historia de las inferiores de Uruguay y jugador más joven en debutar en la Liga, al delantero estrella de Colombia Sub20, al capitán de Brasil Sub20 o al pichichi del Mundial Sub17 con España y máximo goleador de la historia de nuestra cantera.

Sirve de poco fichar o tener en plantilla a algunos de los mejores jugadores de cada generación si luego a la hora de hacerles crecer las decisiones no solo son en muchos casos erróneas, sino que además parecen en bandazos y sin mucho miramiento para el bien futuro del jugador. Mollejo, Camello, Dos Santos, Solano o Cédric engrosan ahora una camada de futbolistas como no se recuerda entre el B y el juvenil. Acertar con ellos debe ser primordial.

Fotografía: Ross Kinnaird/Getty Images.

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