Héctor Herrera, el Zorro que buscó un destino alternativo

Héctor Herrera
Fotografía: Hector Vivas/Getty Images.

INTRAHISTORIA. Héctor Herrera llegó al fútbol profesional de manera tardía. Tenía 21 años cuando debutó en Primera, jamás había integrado las categorías inferiores de México, pero tras sus primeros seis meses con el primer equipo de Pachuca la vida le cambió. Un año después, se colgó la medalla de oro en Londres 2012. Hoy, es nuevo jugador del Atlético de Madrid.

Héctor Herrera nació en 1990 en Rosarito, un barrio de la Baja California mexicana. Allí, a diario, es común ver el tránsito de jóvenes a partir de las 5 o las 6 de la mañana en busca del agua de la playa. A orillas del Pacífico, centenares de muchachos llevan sus tablas de surf con el objetivo de coger las mejores olas del amanecer. Otros, en cambio, se suben a sus botes para iniciarse en la pesca, ya sea como trabajo o como hobby. Son los dos motivos de alegría de los jóvenes. Viven para ello con pasión.

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Por eso, es raro ver cómo algún chaval no solo muestra interés por algo que no tenga que ver exclusivamente con el agua, sino cómo además triunfa. A Héctor Herrera le pasó. Con 11 años, jugando en la calle, le descubrió Ángel Coca González, famoso ojeador de talentos que tiene entre sus éxitos haber llevado a la élite a algunos como Cuauhtémoc Blanco.

Rápido puso al muchacho bajo su tutela futbolística y avisó a Pachuca de que podía tener un futuro pelotero en los pies de un chiquito al que apodaban Zorrito y que soñaba ser el nuevo Juan Román Riquelme. Con 14 años le tocó salir de su casa e ingresó en la inmensa disciplina que es el Pachuca, un equipo con clubes afiliados por todo México y con multitud de relaciones contractuales para el crecimiento de los jóvenes.

Su camino hacia el profesionalismo de la mano de los Tuzos fue muy lento, a fuego lento. Apareció como de la nada a una edad en la que la mayoría ya suelen estar consagrados y por eso, al principio, muy pocos confiaron en que pudiera llegar al nivel que ha terminado dando. Con 17 años pasó por un club de Cuarta División, luego por uno de Tercera y finalmente acabó en el Tampico Madero, el filial de Pachuca, de Segunda.

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Cuando estaba allí, solía subir a la azotea del complejo del club con varios compañeros, desde donde se veían por completo los dos municipios anexos al estadio: Tampico y Ciudad Madero. Un lugar desde el que sentirse rey del mundo. Allí, fantaseaba con lo que podía llegar a ser en el futuro y se mimetizaba consigo mismo para acabar dando el gran salto que no parecía estar cerca, porque ya tenía 20 años y seguía jugando en una división menor. Nunca había formado parte de ninguna categoría de la selección y no había indicios de que nada de eso fuera a cambiar.

A Tampico, Pachuca mandaba a los jugadores que ya no necesitaba. No era un filial para desarrollar jugadores para el primer equipo, sino más bien un club afiliado para deshacerse de los jugadores que nunca iban a llegar a dar el salto. Héctor pasó momentos muy difíciles. No cobraba, ni siquiera era titular indiscutible y el embarazo de su mujer, cerca de tener su primer hijo, le hizo replantearse dejar el fútbol para siempre y tratar de ganarse la vida de otra manera.

Pero con 21 años le llegó la hora. Efraín Flores, técnico de Pachuca, le pidió al club que le mandaran al equipo Sub20 y al Sub17 para ver qué tenían en el futuro. Con ellos, llegó también un grupo de jugadores de Tampico, con Herrera entre ellos. Flores admite que jamás había visto ni oído hablar de ningún jugador del equipo de Segunda. Trabajó con todos durante siete días, y se enamoró del juego de Herrera, al que dio la alternativa con el primer equipo. Entonces, ya padre de un niño recién nacido, Herrera encontró las fuerzas para jugar un Torneo Apertura sensacional. Tanto, que fue nominado al Premio al Novato del Año y, aunque no lo ganó, apuntó su nombre en muchas listas. Hizo seis meses sensacionales.

Por eso, el verano siguiente y tras consagrarse en la Primera División Mexicana, formó parte de la Selección de México que conquistó el prestigioso Torneo de Toulon. Allí se gestó un grupo que a la postre sería histórico para el país, donde coincidieron jugadores como Marco Fabian, Javier Aquino, Raúl Jiménez o Diego Reyes. Poquito antes, había ganado su sitio en la selección Olímpica al ganar el Preolímpico y tener acceso a los Juegos de Londres.

Y aunque la carga de partidos era bastante alta, el técnico decidió que Herrera iba a ser parte vital de aquella selección que partió a la capital inglesa. Allí, México dio la campanada imponiéndose por sorpresa a Brasil en la final escribiendo su historia para siempre con letras doradas, metal que se colgaron siendo el único primer puesto que obtendría el país. El resto de la historia ya se conoce. Se interesó por él el Manchester United, previa petición incluso de Rio Ferdinand. Pero el tedioso procedimiento para obtener el permiso de trabajo hizo que acabara decantando cualquier destino a Las Islas.

Un verano más tarde, el Porto, siempre rápido en la contratación de futbolistas, le sacó de México por 11 millones de euros. Allí ha cumplido seis temporadas a un nivel altísimo. Siendo siempre titular indiscutible. Ahora da el paso definitivo de su carrera. Héctor no se equivocó eligiendo el balón. Aunque habrá que preguntarle si, viniendo de dónde viene, sabe también coger una buena ola a derechas.

Fotografía: Hector Vivas/Getty Images.

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