Una colonia de portugueses en el Atleti

Dean Mouhtaropoulos/Getty Images
Dean Mouhtaropoulos/Getty Images

HISTORIA. El delantero del Benfica se ha convertido en el 19º jugador portugués que forma parte del Atlético de Madrid. De los triunfos de Simao, Tiago o Futre a los fracasos de Costinha o Hugo Leal pasando por la irregularidad de Maniche y los expediente X de Rubén Micael, Diogo Jota o Julio Alves.

Pagar 120 millones (138, contando con las comisiones) por una promesa en ciernes supone un riesgo altísimo que el mercado actual parece obligarte a pagar para seguir en la onda y no perder el tren de lo que está de moda. En un Atlético nada pudiente en lo económico que controla cada céntimo de más en el balance de gastos y ventas por fichaje, es necesidad que João Felix triunfe y acabe rompiéndola como todos aseguran va a hacer.

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El miedo de ir a por Paulo Futre y acabar fichando a Hugo Leal está ahí. Se nota. Es palpable por un simple hecho: hay muchos jugadores que son fruto de una temporada. Hay muchos jóvenes que no acaban de romper el cascarón y por muy talentosos que sean, pueden acabar clavando la rodilla ante la exigencia del máximo nivel, ante la presión de jugar bajo los focos que más iluminan o mil y un detalles más. Que se lo digan a Bojan.

João Felix es el 19º jugador luso que se pondrá la camiseta del Atlético. O mejor dicho, que será del Atlético. Porque en esa colonia de lusos los hay de todos los colores e incluso alguno que solo estuvo en Madrid pasando por Barajas. Solo los argentinos (47), brasileños (25) y uruguayos (21) han sido más que los portugueses.

El más conocido y mediático sin duda es Paulo Futre, que llegó siendo Balón de Plata y Campeón de la Champions y como rojiblanco, en dos etapas, conquistó dos Copas del Rey para más tarde acabar siendo parte también de la dirección deportiva. Futre, leyenda viva, ídolo de la grada, no solo es el mejor jugador de Portugal que ha tenido el Atlético, sino que es uno de los mejores de toda la historia y está en el Top1 de toda una generación.

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Pero si Futre es la cara de la moneda, la cruz la podemos encontrar en Costinha, por ejemplo. Que llegó tras liderar a Portugal y al Oporto en años maravillosos. Que se enfundó el brazalete de capitán nada más aterrizar otorgado por Aguirre y que pareció más bien un ex futbolista que otra cosa en sus pocos meses como rojiblanco. En esa tónica de fracasos también están Pizzi o Silvio. Este último rindió muy bien hasta que una lesión al poco de llegar le hizo desaparecer del panorama.

Tampoco se guarda buen recuerdo de Ze Castro, caracterizado por su fragilidad defensiva y su facilidad para dejar pasar rivales o de Hugo Leal, apodado “el nuevo Schuster” por el propio Futre y que no brilló ni en Segunda División. En esa línea de promesas truncadas está Dani da Cruz Carvalho. Posiblemente más clase, talento y técnica que ningún otro jugador que haya tenido Portugal en sus últimos 30 años, pero una cabeza que no jugaba a la misma altura que sus pies.

Maniche levantó aplausos y ampollas a partes iguales. Cuando quería, O Motor reinaba en esos 4-2-4 frenéticos de ida y vuelta que proponía Aguirre. Cuando no, ni corría y se permitía el lujo de mandar a la Gran Vía a los aficionados para ver el espectáculo de los teatros y no el que ellos hacían sobre el campo.

Contemporáneo a Maniche fue Simao, del que no se puede decir una mala palabra. Oculto tras las estrellas Forlán y Agüero, eclipsado por el fichaje de Reyes, la vuelta de Luis García o el liderazgo de Maxi, Simao fue un puñal en la banda izquierda. Se labró su pedacito de la historia en el club a base de regates y goles de falta y obtuvo títulos portando el brazalete de capitán poniendo las primeras piedras del Atleti ganador que hoy conocemos. Ojalá todos nos hubieran salido la mitad de buenos que él.

O como Mendonça, al que yo no vi pero del que me habló maravillas mi abuelo y que durante casi una década jugó más de 200 partidos y marcó casi 100 goles levantando una Liga y tres Copas. Él fue el primero, el pionero, el que abrió la veda. Angoleño de nacimiento, eso sí, poseía la doble nacionalidad, como Paulo Assunçao.

En la buena línea también está Tiago, el último gran recuerdo luso que dejó las gradas del Vicente Calderón. Se retiró el mismo día que el estadio tras ser el pivote pilar del mejor Atlético de la historia. Y en la mala, un Diogo Jota que solo residió en el Atlético una pretemporada. Ya fue más que lo que estuvo Rubén Micael, traspasado a la par que Falcao y ni siquiera presentado.

Y mucho más también que Julio Alves, el hermano de Bruno Alves. Un muchacho del que muchos ni siquiera habréis oído hablar hasta este momento, pero que estuvo inscrito en la Liga como jugador del Atlético en la 2011-2012 y que ni siquiera pasó por Madrid antes de irse al Besiktas. Quién sabe si como compensación de aquella transferencia entre los clubes por Diego Costa que no se acabó haciendo porque el delantero se partió la rodilla el mismo día de viajar a firmar.

Y es posible que muchos desconozcan que Joao Pinto, que tuvo una carrera exitosa en el Benfica y en el Sporting, además de en la selección, se formó como futbolista en el Atleti B y tras un año en el filial, volvió a su país porque así lo recomendó la FIFA, ya que el acuerdo que le había llevado a España había sido algo oscuro y el Boavista tomó medidas amenazando con ir a los tribunales.

El capítulo lo cierran André Moreira y Gelson Martins, aún futbolistas del Atlético. El meta nunca ha jugado un partido con el equipo, mientras que el extremo tiene los días contados después de que el Mónaco haya dicho públicamente que hay un acuerdo para su traspaso.

Fotografía: Dean Mouhtaropoulos/Getty Images.

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