Temporada de transición

Eric Alonso/Getty Images

OPINIÓN. De los equipos de la Liga, el Atlético tiene un registro análogo al de los equipos de la zona baja en los últimos cinco encuentros. Eso puede considerarse como un momento de caída libre o que tras un momento tan bajo sólo se puede esperar una remontada en positivo. Lejos de entender la autoenmienda a la totalidad que se hizo Simeone cuando aclaró lo que quería decir con este año «había un año de transición» el que firma esta reflexión sí cree que hay transición. Transición significa cambiar un estado pasado a uno nuevo. La transición puede ser buena o nefasta. La del Atleti por ahora está siendo accidentada y mediocre.

¿Qué parte de culpa es de Simeone? Esta es la parte más subjetiva del análisis puesto que tiene un peso muy específico el valor que cada uno dé a lo logrado por el argentino. Si las virtudes del Atlético de la última década se le han atribuido al entrenador, ¿cabría culparle de su carencia cuando se desvanecen?

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Reconstrucción o descomposición

¿Cuanto peso tienen los resultados en las sensaciones? Si se hubiesen ganado muchos partidos empatados, ¿habría siquiera este debate? Personalmente estoy convencido que no. La crítica, más resultadista que de estilo de juego en la mayoría de los casos, desea la victoria a toda costa. En eso hasta los más críticos están alineados con Simeone.

El equipo mantiene facetas reconocibles: es solidario, intenta ejercer una presión alta y construye su bloque desde atrás. En otros aspectos el Atlético ha dejado de ser lo que era, un proceso de descomposición que comenzó la temporada pasada. Ha perdido señas de identidad innegociables hasta junio como su solidez defensiva, su precisión en el pase, su poderío aereo y a ratos incluso su intensidad.

Simeone y el club no han sabido explicar la excepcionalidad de esta temporada o bien creían posible un milagro nada probable

La transición de esta temporada es una reconstrucción profunda. Ninguna de las grandes apuestas (fuera de la defensa) ha mejorado o igualado lo que se fue o lo que había ya en plantilla. El afán en terminar de jubilar a la vieja guardia del Atlético trajo las esperables consecuencias de una perdida de identidad dolorosa. Los que pedían caras nuevas ahora piden más caras nuevas en vez de tiempo para asentarles.

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No da la sensación de que exista una urgencia por rendir cuentas dentro del vestuario por parte de los jugadores más señalados. Muchos jugadores que vinieron para llenar zapatos muy grandes (Llorente es el caso más evidente) no parecen preparados para tal reto. No ha ayudado tampoco que los dos centrales que se quedaron y una de tus figuras, Diego Costa, se hayan lesionado. Nada parece ayudar a que sea una transición dulce. La ausencia de goles y por ende de victorias taparía y ha tapado (en el pasado) carencias y ansiedades. Ganando se transiciona mejor.

La marcha de los históricos del Cholismo trajo la esperable pérdida de identidad

Este equipo, que la temporada pasada fue campeón de la Supercopa de Europa y la anterior campeón de Europa League, ha asumido un proceso que pasa por intentar sustituir a siete internacionales veteranísimos, casi todos titulares, de una temporada a otra. Su éxito en lograrlo ha sido moderado y la paciencia de una parte cada vez más importante de la afición demuestra ser limitada y desmemoriada.

Sin herramientas suficiente para lograr los objetivos, Simeone se ve abocado a una fe en unas cuentas que parecen cada vez más difíciles de lograr. Las opciones parecen claras creer en Simeone sin mirar a la tabla de clasificación cada semana o seguir coqueteando con una etapa Post Simeone. Eso más que transición promete ser una travesía en el desierto.

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