El corazón del Chelsea

El rival del Atleti en las semifinales de Champions es el paradigma del fútbol moderno. O al menos uno de los clubes,  junto a City, PSG y otros ‘equipos fallidos’ como el Anzhi ruso o el Málaga, que ejemplifican esa corriente que entendía el éxito en el fútbol como una consecuencia directa del poderío económico. Así, bajo el auspicio económico de Roman Abramovich, el hombre con más rublos de toda Rusia, el Chelsea ha vivido sus mayores éxitos deportivos y ha logrado la anhelada estabilidad económica, cuya búsqueda años atrás materializó el sentimiento de la afición por su club.

Prisionero de las deudas generadas en la década de los setenta,  el conjunto blue tuvo que vender su estadio para poder hacer frente a sus obligaciones. Si permaneció en él fue gracias a un contrato de arrendamiento entre el club y los promotores inmobiliarios ya que Ken Bates, que compró el club en 1982, fue incapaz de recuperar la propiedad de Stamford Bridge hasta que en 1989, cuando expiraba el contrato de alquiler del estadio, Bates logró negociar con el Bank of Scotland la compra del estadio. Más de una década después el Chelsea volvía a ser el dueño de su campo. Y lo que es más importante, los blues habían aprendido la lección.

La hinchada tomó conciencia de la importancia de ser parte viva del club, no sólo un mero cliente o un fan que consume el merchandising y disfruta de los partidos. Los blues querían materializar su sentimiento de pertenencia. Y sobre todo querían preservarlo, no iban a permitir que el interés privado de un multimillonario o la especulación inmobiliaria acabase con su equipo o con su estadio. Tanto es así que en 1997 se creó la Chelsea Pitch Owner, una asociación sin ánimo de lucro que hoy en día es la propietaria de la marca Chelsea Football Club y del estadio Stamford Bridge. Los aficionados del club londinense consiguieron hacerse con el corazón y el alma de su equipo. Y siempre será suyo ya que a pesar de que una persona u organización pueda comprar las acciones de Chelsea Pitch Owner que quiera, nunca podrá disponer de más de un número de votos máximo, garantizándose así la democracia en las decisiones. Funciona.  Abramovich, cuyo dinero ha llevado al Chelsea a las mayores cotas de su historia, no ha podido convencerlos de que le vendieran el estadio. En 2011, la propuesta del magnate ruso no logró reunir el apoyo del 75% de los socios necesario para mudarse de Stamford Bridge. La Chelsea Pitch Owner no sólo tiene una base democrática, sino que cuenta con un elemento disuasorio muy importante: si alguien quiere llevarse el club a otro sitio de manera unilateral, el club no podría denominarse Chelsea Football Club. Incluso en el paradigma del fútbol moderno, el romanticismo propio del fútbol más amateur sigue presente. Y no sólo en aficionados anónimos: el presidente de la asociación no es otro que John Terry, el capitán del cuadro londinense. Además del central también están presentes otros exblues como Dennis Wise o Marcel Desailly. El Chelsea de los petrodólares tiene corazón.

Iván Fuente[social_link type=»twitter» url=»https://twitter.com/ivanindetapia» target=»on» ]https://twitter.com/ivanindetapia[/social_link]

COMENTARIOS