Loca ‘Academia’ de futbolistas

Post_Loca_AcademiaTres años atrás, cuando el Atlético de Madrid B aún era equipo de Segunda División B y el proyecto que hoy conocemos como ‘Academia’ aún no se había gestado como tal, Milinko Pantic desplazaba a los jugadores del filial a Butarque para pelearse contra el Leganés, salvado agónicamente la jornada anterior, un puesto por el playoff de ascenso. Treinta minutos después del pitido inicial, los rojiblancos encajaron tres goles y el serbio realizó, de forma muy tempranera, dos cambios significativos. Como desencadenante, el Atleti B no remontó, se quedo únicamente a tres puntos de jugar por el ascenso y Pantic, que no renovó al no tener una oferta en firme sobre la mesa y no se sintió valorado por los responsables de la entidad madrileña, nunca quiso pronunciarse sobre aquel encuentro. Aquel 13 de mayo de 2012 el filial sembró la semilla que explica su reciente decadencia.

El 13 de mayo de 2012 el filial sembró la semilla que explica su reciente decadencia

Los motivos que argumentan el descenso de categoría del Atlético de Madrid B a Tercera División son muy variados pero aquella mañana fue el punto de inflexión que marca un declive en lo estructural y en lo deportivo. Aquel equipo acabó en quinta posición y justo un año después finalizó la temporada en séptima posición (puesto engañoso para acabar cosechando 14 derrotas en 38 jornadas) con Alfredo Santaelena en la dirección técnica. Consecuentemente, el filial se salva – con Óscar Mena – el curso 2013/14 de un ‘playout’ un día después de la tragedia de Lisboa contra el Real Madrid y la presente temporada consuma lo que parecía inevitable: confirman su pérdida de categoría sin jugar y dos jornadas antes de concluir la Liga.

Hasta tres entrenadores han pasado por el banquillo de El Cerro a lo largo de esta temporada para salvar los muebles que el club ha puesto en liquidación mediante una bochornosa gestión. Todos ellos, muy diferentes, designados sin un criterio concreto. Mena, con una apuesta de juego muy combinativa y confiando a Samu Sáiz y Dani Aquino el devenir del equipo; Sánchez Aguiar, tras años de inexperiencia exiliado en Rumanía y con el orden como premisa principal; y Roberto Fresnedoso, al que la desesperante situación le ha impedido imprimir un estilo concreto. Ninguno de ellos ha logrado el milagro que esperaban desde los despachos. No ha habido un criterio concreto y la confección de las plantillas en verano, con más de diez bajas y diez altas por temporada, no favorece el contexto.

Más allá del estilo de juego personal de cada preparador, hay varias causas de mayor peso que han potenciado la debacle. El exceso de juventud de la plantilla, unida a una nómina de jugadores cercanos a los 24-25 años, era una de las principales preocupaciones de Óscar Mena en el arranque de la temporada, considerando que el desequilibrio existente en el grupo podría provocar problemas. El argentino arrancó de manera excepcional sumando 10 puntos de 15 posibles pero se vino abajo en noviembre debido a la falta de mano dura dentro del vestuario y la ausencia de plenos poderes por parte de los responsables técnicos de los equipos.

Así las cosas, los problemas de indisciplina y ciertas situaciones de egoísmo individual florecieron en el interior del vestuario. Inmersos en una dinámica de derrotas, Mena se tiró del barco a finales de noviembre al no saber controlar a un grupo de futbolistas poco dóciles y con tendencia a la desobediencia. Samu Sáiz, que ha pasado por hasta cinco filiales diferentes a sus 24 años, protagonizó varios incidentes que motivaron esta decisión. El madrileño llegó una hora tarde a la convocatoria de un partido alegando exceso de tráfico y días más tarde no se presentó a la hora a uno de los entrenamientos en El Cerro del Espino. No fue el único acto de rebeldía y en la recta final de la temporada protagonizó otro incidente más, esta vez con un compañero en los entrenamientos, por el que el club le abrió un expediente disciplinario.

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Otro de los aspectos destacables es que los jugadores de mayor valor, como Thomas, Óliver, Saúl o Manquillo, han echado el vuelo mediante cesiones a equipos de primera línea y han dejado un vacio para jugadores que no han dado la talla. Futbolistas como Héctor Hernández, que tuvo minutos en la primera jornada contra el Rayo en Vallecas y que realizó la pretemporada con el primer equipo, no han aportado lo esperado y los fichajes, como Andrés Robles, o los ascensos de categoría, como sucediera con Benja, Keita o Pierre, no han rendido lo necesario para cosechar un buen año. Al margen, los elevados sueldos de muchos miembros han invitado a un conformismo perjudicial para su rendimiento en el campo.

En consecuencia y debido a una ruinosa gestión de unos responsables con más interés en hacer negocios con agentes y empresas de representación de futbolistas han originado un caldo de cultivo que ha sacrificado la continuidad – y permitido la salida – de futbolistas muy interesantes para la entidad del Manzanares y autorizando la contratación de jugadores que poco o nada mejoraron la plantilla a nivel coral.

la cantera del Atlético de Madrid no está a la altura de las exigencias

En la etapa que más brilla el primer equipo con Diego Pablo Simeone como principal artífice, con cinco títulos en tres años, la cantera del Atlético de Madrid no está a la altura de las exigencias. Con hasta cinco canteranos (Gabi, Saúl Ñíguez, Koke Resurrección, Mario Suárez y Fernando Torres) a las órdenes del ‘Cholo’ como espejo, el francés Lucas Hernández, habitual a lo largo de la presente temporada en los entrenamientos y fijo para el curso que viene, es la única referencia esperanzadora que tiene la desmoronada cantera colchonera, hipotecada con los descensos del ‘B’ y del ‘C y lejos de los primeros puestos en categoría de Juveniles y Cadetes, de cara al futuro.

Victor Molina [social_link type=»twitter» url=»https://twitter.com/VictorMolina7″ target=»on» ]https://twitter.com/VictorMolina7[/social_link]
Fotografía: Esto es Atleti

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