Cholo, tenemos un problema

CONTRACRÓNICA. A la media hora de partido la afición colchonera sonreía plácida, no imaginaba que acabaría el encuentro con el gesto torcido, preocupado por lo visto, el resultado y lo que viene. El gol inicial de Correa prometía una tarde plácida para el Atleti, pero el empate de Gaitán desdibujó el asunto de tal forma que la remontada de Guedes terminó por nublar a un equipo sin ideas. El Cholo no encontró la forma de reactivar a los suyos.

El Atleti de Simeone tiene un problema. O dos. El equipo no carbura por arriba ni por abajo. No del todo. En ataque falta gol y en cuanto desaparecen del césped Óliver y Correa los colchoneros se quedan a oscuras, sin magia y sin chispa. Mientras que Torres disfruta de un buen momento de forma viendo los partidos desde el banquillo, Jackson aún sigue buscando su tono físico. Por fin parece haber entendido que en el Calderón el esfuerzo no se negocia, ahora sólo le falta meterla. Que para eso se le fichó. Y es ahí donde deja dudas. Al balón dividido, al primer toque, en definitiva, a las jugadas a lo Hernán Crespo donde no hace falta pensar, sino estar, el colombiano va bien, sin suerte, pero lo intenta. Por ahí el gol acabará llegando. El problema es que si así no llega la ansiedad que ya sintomatiza le acabará atenazando. Frente al Benfica en las ocasiones que pudo chutar, no lo hizo. No se atrevió.

Tener pólvora arriba está desequilibrando un bloque cuyos cimientos están en la defensa

Mención a parte merece la estrategia. El pilar sobre el que el Atleti sustentó su éxito en el pasado ha desaparecido. El peligro está, el runrún, pero falta lo tangible, el gol. Y sin ello, lo demás de poco vale.

Mientas que en defensa, el equipo que fuera un muro ahora es una valla. Mediana. Tiene los mimbres, pero falta la contundencia y la solidaridad. Con ventaja en el marcador, al Atleti le pillaron en una contra. Con empate, también. Impensable en el manual del Cholismo. Tener pólvora arriba está desequilibrando un bloque cuyos cimientos están en la defensa. El estado de forma de Filipe y la falta de constancia defensiva de los atacantes, obliga a los Godín, Giménez, Tiago y Gabi a multiplicarse. Y claro, no llegan.

El que llegó donde debía es Gaitán. Deseado tantas veces por los rojiblancos, en dos acciones demostró porqué. Empalmó para empatar y asistió para desequilibrar. Todo, con muy poco. Las dos apariciones del argentino acabaron por desbaratar a un equipo que hasta entonces tuvo brillo, pero que a partir estuvo gris oscuro. Casi negro.

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Fotografía: Tania Delgado

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