Simeone tenía un plan

Sabe Diego Pablo Simeone que las batallas quizás sí pero que las guerras no se ganan exclusivamente con 11 jugadores. Tiene tics y costumbres que sigue con devota religiosidad en cada gran cita. El día de antes al partido lanza algunos mensajes para calentar a los aficionados. Lo externo lo motiva, lo interno lo domina. Él afiló el colmillo de Radamel Falcao en las dos finales que jugó, concentró a 21 hombres para la final de Copa del Bernabéu y a Lisboa, esa ciudad que es innombrable para muchos colchoneros hasta que se diga lo contrario, se llevó a 22. A Barcelona, en una final que aún no es final, llenó el avión con 20 hombres, dos lesionados y dos canteranos. El Atlético convive mejor que muchas familias de sangre.

El cuadro colchonero viajó a Barcelona con el mismo ritual que si afrontara una final. Porque es así precisamente como han entendido el duelo a doble partido contra el favorito a todo en Europa. Simeone tenía un plan que, para muchos, cogió por sorpresa por lo inesperado. Lucas resolvió la X del expediente que existe con Stefan Savic, cuyo uñero o bien sabe qué no le permite jugar, y con la inclusión de Yannick Carrasco en uno de los costados. Ninguno de ellos dos era el eje de la idea que barruntaba en su cabeza. Su hombre era Fernando, un hombre que se divierte como un niño cada vez que pisa la pradera del Camp Nou.

Torres se tropezó en los tres primeros balones que tocó. El cuarto lo alojó en la jaula de Ter Stegen

Bendecido hace escasos días por su entrenador tras cuajar sesenta minutos de calidad contra el Real Betis, ‘El Niño’ se tropezó en los primeros balones que tocó. En el primero se asoció mal con Griezmann, al segundo no llegó y el tercero lo perdió. No era un buen inicio y menos aún cuando todas las miradas se depositaron en él desde el principio. Al cuarto balón que tocó lo mandó sin titubear dentro de la red: se coló entre la defensa y prolongó una asistencia de seda entre líneas de Koke Resurrección. A sus 32 años marcaba su primer gol en Champions League con el equipo de sus amores, beso al escudo mediante.

El Atlético, que sufrió en los primeros veinte minutos con sendas ocasiones de Leo Messi y de Neymar, se sintió más cómodo, evidentemente, a raíz del gol. No hubo rastro intimidatorio del Barça. Acostumbrado a cerrar la eliminatoria en el partido de ida como sucediera en las dos últimas contra Valencia en semifinales de Copa (7-0 en el Camp Nou) y contra el Arsenal en octavos de Champions (0-2 en el Emirates), no mostró signo ninguno de reacción a pesar del aviso por relajación que recibió por parte del Real Madrid en el ‘Clásico’ más reciente. Y es probablemente esa actuación la que vislumbró el camino a Simeone. Sin ayuda de los interiores ni de los extremos, con tendencia a no recorrer los mismos metros hacia abajo que hacia arriba, los laterales del conjunto azulgrana son bien vulnerables.

La rigurosa expulsión a Torres condicionó un partido que el Atlético tuvo de cara hasta que jugó 75 minutos con un jugador menos

Alves, el más perjudicado de toda la línea defensiva, fue la piñata del Atlético. Los huecos que dejaba a su espalda eran como un queso gruyere que degustó tanto Yannick Carrasco como Filipe Luis. Por esa zona se orientó la estrategia de Diego Pablo Simeone, que se vino al traste cuando Torres pasó de héroe a villano en cuestión de minutos. El extra de motivación que tenía inyectado en sangre le hizo pasarse de frenada. En la primera arrolló a Mascherano y en la segunda a Busquets. Doble tarjeta amarilla y expulsión, la quinta para un futbolista colchonero en sus últimos siete duelos contra el Barça. El colegiado alemán Felix Brych patentó un criterio de amonestación que, sorprendentemente, utilizó en función del color de la camiseta. Principalmente porque antes de la segunda amarilla de Torres, Luis Suárez pateó en dos ocasiones y sin balón por el medio a Juanfran mientras que con ‘El Niño’ ya en la ducha Busquets tumbaba sin disimulo a Griezmann. Tanto el uno como el otro se marcharon de rositas. Nada nuevo en estos turbios tiempos que corren.

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EL MURO DE EUROPA NO AGUANTÓ

Gesticulaba con insistencia Diego Pablo Simeone desde su zona técnica tratando de entender qué razón explica que unas faltas sean amarilla y otras, bien similares, no. Se marchó con esa duda a los vestuarios, con la roja a Filipe Luis y Diego Godín en la última visita a este estadio en la cabeza y con Augusto Fernández calentando con intensidad durante el descanso. Su ingreso en el campo, en el lugar de un Carrasco que se vació tras la lesión sufrida, tardó ocho minutos tras la reanudación, el tiempo justo que necesitó el Barça para decir que 45 minutos en Can Barça son molto longos.

El antes y el después del Atlético con o sin Augusto Fernández tuvo los mismos efectos que los resultados de una máquina de ejercicios del teletienda. Ninguna. El conjunto rojiblanco estaba intimidado ante el asedio que planteó Luis Enrique. Con un hombre más en el campo sus laterales subieron lo que no hicieron en 90 minutos contra el Real Madrid ni en 45 minutos contra el Atleti. Ganó en profundidad la entidad blaugrana, al mismo tiempo que Messi y Neymar amenazaban desde la frontal. Entre tanto, el Atleti, con el culo metido en su propia área, repelió los disparos que llegaban como bien podía. Las tuvo de todos los colores, pero aprovechó aquella más inofensiva. Un disparo desviado de Jordi Alba rebotaba contra el pie de un Luis Suárez que empataba el partido con media hora más por delante.

Con un hombre más, Alba y Alves subieron más por su banda para hacer daño al Atlético

Al Atlético se le hizo el partido un mundo cuesta arriba. Se devanaba los sesos el ‘Cholo’ buscando un plan ‘B’ y encontró en la zancada de Thomas Partey una posible solución. Entre que terminaba los ejercicios de calentamiento y recibía las últimas instrucciones antes de saltar al campo, Luis Suárez volvió a acertar a la hora de batir a Jan Oblak. El 2-1 en contra era, vista la situación y sin ningún delantero en el campo tras la sustitución de Griezmann, lo menos dañino para la escuadra madrileña de cara a la vuelta en el Vicente Calderón …

Con un gol a favor en campo contrario, el Atlético cumplió la mitad del plan que ideó Simeone. No es mal botín teniendo en cuenta las circunstancias de un partido cuyo resultado quedó marcado por las alas que le salieron al rival por la superioridad numérica. Los colchoneros se marchan de Can Barça con el derecho de ir con la cabeza arriba y con el espíritu de que tenerlo todo más difícil no es sinónimo de tenerlo imposible. Caer para levantarse es el único camino.

Foto: Tania Delgado | Esto Es Atleti.

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