Volveremos

OPINIÓN. No hubo tanto dolor como en Lisboa, ni mucho menos. Pero lo hubo. En mi hermano, al que no veía llorar desde que nos pegábamos cuando éramos pequeños. En la pareja que había a nuestro lado, un chico y su abuelo, que con 84 años y su muleta se había subido hasta el segundo anillo de San Siro para ver su Atleti campeón de Europa (indescriptible la imagen de ambos abrazados en el gol de Carrasco). Las lágrimas de Gabi, las de Koke… Y las de Torres. Y Juanfran pidiendo perdón por tirar su segundo penalti en 6 años. Pero faltó la suerte del campeón, que creíamos de nuestro lado.

Se eliminó al Bayern y al Barça porque se jugaron bien los 4 partidos. Ni genial ni como los ángeles. Bien. Y la suerte fue favorable: Rizzoli vio la mano de Gabi fuera del área cuando estaba dentro y en Munich Oblak sí tuvo la inspiración que le faltó en San Siro para detener el único penalti que le tiraron. Si la moneda tenía que caer de canto, lo hubiera hecho 10 veces seguidas. El sábado sólo hacía falta que saliese cara una vez y tocó cruz en todas. Que Oblak parase un penalti de los cinco, que Griezmann no ajustase tanto el primero que lanzó, que el disparo de Juanfran fuese unos centímetros a la derecha… Bastaba una de todas ellas para haber cambiado la historia. Pero la Copa de Europa es caprichosa en general y cruel con este club.

Cerca de 3.500 kilómetros después y unas 17 horas de viaje en total (honor a los que han hecho la ruta hacia Milán en coche), estamos en casa, intentando asimilar la frustración de quien no merece tanta inquina en su contra. Pero es frustración, que no se le olvide a nadie, sea quien sea el que lo diga. Los hay que lo confunden con el fracaso, pero eso sería reconocer que se pudo haber hecho más. El sábado no fue así, como tampoco en Lisboa. Los detalles inclinaron la balanza del lado de los de siempre. No hay que darle más vueltas: en el casino gana la banca y las finales de esta competición, ellos. Van ocho seguidas y en total 11 de 14. La fundaron y desde entonces está en deuda con ellos.

Decía Simeone que “ganar trae ganar”. Igual que la derrota aquí trae esperanza, nuevas oportunidades. Es complicado de explicar… Como si bajases a Segunda División y se multiplicasen los abonados o como si perdieses dos finales de la Champions en tres años y supieses que sólo por eso te sientes un poco más ligado a ese escudo. Que irías a otras tantas iguales por no dejarles solos.

Pudo ser y no fue, pero hasta ahí. Nada más. No es que creamos que vamos a volver, es que volveremos. Antes o después, llegará. Lo hicimos y ocurrirá de nuevo. Pero la esencia no es esa, sino cada paso para llegar a la meta. Cada eliminatoria, cada cántico, cada noche soñando un poco más fuerte. Estaremos ahí para vivirlo juntos. Es lo bonito de dar sin esperar nada a cambio.

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Fotografía: Alex Marín / Club Atlético de Madrid

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