Scouting: Nicolás Schiappacasse

El Observador (URUGUAY)
Ficha del futbolista
Nicolás Schiappacasse
Nombre: Nicolás Schiappacasse
Fecha nac.: 12/01/1999, Montevideo (Uruguay)
Nacionalidad: Uruguaya
Estatura: 180 cm. / Peso: 73 kg.
Perfil: Diestro
Equipo: Atlético River Plate Montevideo
Dorsal: 9
Posición: Extremo izquierdo (EI, DEC, ED)
Contrato: Juvenil
Valor de mercado: 1,5M €

 

SCOUTING. Nicolás Schiappacasse recortará los plazos para su llegada al Atlético de Madrid y desde este mismo verano estará ya en en la capital, como el propio jugador confirmó a medios uruguayos hace apenas unos días, y se unirá a su futuro club seis meses antes de lo previsto.

BIO

-Gastón Suárez
+Presente
-Luis Sosa
+Aquí, señorita
-Nicolás Schiacapa… Schiapassa…Schipaca…

Y fue así más o menos como, entre profesores que no sabían pronunciar su apellido, entrenadores que dudaban qué serigrafiar en su camiseta y compañeros siempre con el gatillo de la broma fácil, a Nicolás Javier Schiappacasse (12 de enero de 1999, Uruguay), se le quedó el apodo de ‘Chapa’, una especie de apócope que facilita la mención a un apellido de origen italiano tan difícil de pronunciar. Si Enrique Cerezo tuvo problemas para decir el nombre completo de Jesper Gronkjaer y Mario Mandzukic en el pasado, no se atrevió a hacerlo con Alderweireld y hasta se le trabó la lengua con Petrov, no quiero imaginarme cómo será el día que el Atlético de Madrid presente al nuevo delantero uruguayo de la plantilla. Ya ha bromeado incluso con Vrsaljko, al que ha puesto ojitos, pero no se ha referido al nuevo niño maravilla charrúa. Que vayan memorizándolo, no obstante, los seguidores rojiblancos, porque en su cartera de jugadores está ya el que es uno de los mejores proyectos de futbolista de toda Sudamérica.

Aún de 17 años, Schiappacasse cumplirá los 18 el próximo mes de enero, cuando se esperaba llegase al Atlético. Su condición de extracomunitario no hacía posible su llegada hasta la mayoría de edad, según el artículo 19 de la reglamentación FIFA que ha dado tantos quebraderos de cabeza en los últimos tiempos. No obstante, sus raíces italianas le han permitido estar en trámites para conseguir la doble nacionalidad y se ha podido acelerar su llegada. Un reciente viaje al país transalpino para ejecutar el papeleo hizo que incluso se perdiera duelos con la Sub20 de Uruguay y el primer equipo de River Plate.

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En su afán por atar a los jugadores más jóvenes de los países donde el talento rezuma, el Atlético de Madrid contrató hace algo más de un año a un joven uruguayo que les era totalmente desconocido. Quiso la casualidad que, en un viaje de los ojeadores colchoneros para observar a los jugadores de Nacional de Montevideo, el que les llamara la atención fuera uno de los rivales de River Plate: Nicolás Schiappacasse. Intentando repetir la fórmula que tanto éxito le dio con José María Giménez, Emiliano Velázquez o Ángel Correa (éste petición expresa de Simeone), el Atlético rápido ofertó la nada desdeñable cantidad de 1’5 millones de euros por un crío de 15 años al que sólo habían visto jugar una hora en un partido de categoría juvenil pero del que posteriormente se obtuvieron unos informes magníficos. Una cifra enorme para un chico tan joven.

Fueron entonces informados los colchoneros de que Liverpool, Manchester City y Real Madrid les llevaban ya ventaja en la carrera por la contratación del Chapa, pero cuando la familia se enteró, no se lo pensó. «Elegimos el Atlético de Madrid por un tema cultural», señalaba entonces su madre. Y es que en España se encontrará con su idioma natural y en un entorno que ya podría conocer, al compartir vestuario con Diego Godín, José María Giménez o un cuerpo técnico y una plantilla plagados de uruguayos y argentinos. Fue precisamente Godín quien le hizo de guía cuando hace ya año y medio viajó a Madrid para firmar su contrato y pasar unas pruebas médicas que confirmaron que el chico, de 1’80 (con capacidad para crecer unos centímetros más), es un toro. No obstante, su referente es Giménez, un espejo al que mirarse para cada juvenil charrúa por su precocidad. El central llegó a España sin casi jugar en Uruguay y en menos de una temporada ya era el eje de la zaga de la selección y estaba ganando trofeos en uno de los clubes más importantes del mundo. Su ídolo es Neymar, aunque admite que no se le parece en nada, pero se fija mucho en Griezmann (el más uruguayo de los no uruguayos), con quien compartirá vestuario, y trata de pulir su estilo mirando a Luis Suárez, casi patrimonio del país.

Su historia empezó mucho antes. Cuando contaba con cuatro años tenía que contentarse con ir a entrenar a un club de su barrio, Cordón de Montevideo, pero rápido se cansó porque no tenían equipo de su categoría. Una tarde, jugando en una plaza al lado de su casa con su padre, un hombre se le acercó y le ofreció una prueba en el Universal. «Me dio una tarjetita con los horarios de los entrenamientos y me quise pasar», afirma. Tenía cinco años y se quedó allí hasta los 11. Logró 326 tantos, contados uno a uno por su amigo Leandro. Todavía nadie se ha acercado siquiera a esos registros. Representó entonces a Uruguay en la Danone Cup 2011, torneo al que varios jugadores alevines son invitados para lucir los colores de sus países, cuando todavía no existen categorías oficiales de los combinados nacionales. Uruguay acabó 15º de 40, pero Schiappacasse se hizo con el trofeo de máximo goleador en un torneo que se disputó en el Santiago Bernabéu.

Rápido Danubio y Defensor se percataron de las cualidades de Nicolás y le invitaron a su escuela. Probó en las dos, pero en ninguna se sintió cómodo y no se quedó. De nuevo la suerte quiso que, practicando en solitario, un ojeador se fijara en él. Estaba en la playa, donde la irregularidad de la arena hace que las capacidades de los jugadores se reduzcan y el ingenio tiene que salir a flote. Fue Alejandro Sanmartín quien lo vio allí, un periodista habitual en las coberturas de fútbol juvenil y cadete. Lo recomendó a River Plate y se pegó el capricho de jugar a ser futbolista.

Entonces, los darseneros no pasaban por un gran momento ni económico ni deportivo y para el Chapa no era sencillo ni llegar a los entrenamientos, para los que tenía que caminar unos cuatro kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. A veces iba con su madre, Blanca, o con su padre, Daniel, que aparcaban media jornada de trabajo y dejaban de ganar dinero para acompañar el sueño de su hijo. Otras, la mayoría, iba con su hermana Erika. La que nunca faltaba era Maira, su otra hermana que falleció a los tres años de edad. Nicolás la tiene muy presente en cada momento y es hoy su nombre el que se dibuja con tinta en su pecho.

Nada más entrar en la academia de River Plate se le presentaron multitud de agentes que querían representarle. Él, desde los 12, sigue los consejos de Enrique Espert, «el único que no habló sólo de dinero en las entrevistas», según confirma su madre. A poco de estar con los darseneros, la selección de Uruguay le hizo su primera llamada. Tenía 13 años e iba a jugar para la Sub15, empezando entonces a batirse con chicos dos y tres años mayores que él, algo que ha seguido haciendo hasta el presente. Su primera experiencia fue la Copa México de Naciones en 2013. Allí Uruguay quedó subcampeona tras caer con la Argentina de otro joven talento sudamericano llamado Tomás Conechny. Schiappacasse jugó los seis encuentros, la mayoría de titular, y anotó dos tantos.

Cuando cumplió los 15 fue llamado para representar a Uruguay Sub17, otra vez dos años por delante de sus compañeros. Fue invitada la selección charrúa al torneo Limoges, celebrado en Francia con las selecciones de Ucrania, Canadá y la anfitriona. Uruguay, pese a ser un torneo Sub18, decidió llevar a la selección Sub17. Schiappacasse fue titular, Uruguay ganó el torneo y en el último partido salió tocado de la rodilla. Se había roto el menisco sin saberlo. Le tuvieron que operar y no llegó al 100% al Sudamericano Sub17 que se celebró meses después. Iba a ser la estrella tras anotar 11 goles en 13 partidos en los clasificatorios, pero el percance físico trastocó los planes. Perdió la titularidad de primeras, aunque a medida que pasaron los partidos la recuperó. Ahí fue cuando el mundo entero empezó a conocer al chico. Se supo que el Atlético lo había fichado y las miras se centraron en él. No hizo un buen torneo. Sin estar recuperado de la lesión, el charrúa estuvo lento, con poca movilidad. Disputó los nueve encuentros, aunque sólo pudo marcar un gol, y se vio la peor faceta de un Nicolás que aún no había pegado el estirón. Le faltó frescura, le pesó el físico.

Entonces cumplió los 16 y la nota positiva, pese a aquel torneo, es que a tan temprana edad hacía la pretemporada con el primer equipo de River (aunque jugaba con el reserva, con quien había ganado el Apertura), era el máximo goleador de las categorías inferiores de Uruguay y tenían la máxima confianza en él para que liderase a la selección en el Sudamericano Sub20 de 2017, al que ya llegaría con 18 años. «Pensaba que al no haber hecho un buen torneo, no iba a ser llamado. También por mi edad. Pero rápido me dijeron que me iban a dar otra oportunidad«, señala. Todo eso le tranquilizó.

Un mes después del Sudamericano Sub17, en abril, le llegó el debut oficial con el primer equipo de River Plate. Fue con 16 años y 97 días, convirtiéndose en uno de los más precoces de la historia en hacerlo, siendo el primer jugador de 1999 en debutar en Uruguay y adelantándose también a los de 1998. Sólo necesitó cuatro partidos más para convertir su primer gol como profesional y a final de campaña recibió el premio al mejor jugador joven de la Liga. Desde entonces y pese a sus 16 años, nunca se ha bajado ya del primer equipo, donde es titular indiscutible y donde lleva la camiseta número 9. Ha jugado 25 partidos, logrando tres tantos y repartiendo otras tantas asistencias. Aunque donde más destaca, obviamente, es en la selección, donde pese a jugar con chicos dos y tres años mayores, el físico se iguala. Ya ha disputado seis encuentros con la Sub20 logrando siete tantos, incluido un hattrick en el penúltimo duelo ante Chile y un doblete ante Perú antes de partir hacia Milán.

Si consiguiese el pasaporte comunitario (cuestión de papeleo) no habría ningún problema por la reglamentación FIFA, aunque de no hacerlo, tendría que esperar hasta enero, cuando cumpliría los 18 años, para formar parte de la plantilla e incluso entrenar. Será en el mismo mes, además, cuando inicie el Sudamericano Sub20, al que Nicolás acudirá como líder de la selección y, de hacer un buen papel, es seguro que jugaría también al Mundial que se celebra meses después. Sea como fuere, es arriesgado pensar que podría formar parte de la primera plantilla desde su llegada, sobre todo en una temporada para él de tantos sobresaltos y la opción de una cesión o una estancia en el B son las que más enteros ganan.

Cualidades y características

Delantero hábil de 1’80m de estatura, Schiappacasse es un punta con mucha movilidad, muy completo. Hasta los 15 años era un chico bajito, por lo que tenía que utilizar su potente tren inferior para ganar balones divididos y posiciones ante los defensas, siempre mayores y más corpulentos que él. Rápido pegó el estirón, creció varios centímetros y mutó un poco más su juego, dejando de ser un tanque de área para adquirir mayor protagonismo en distintas partes de la delantera. Donde se pueden ver con más facilidad sus cualidades es con la selección uruguaya, jugando con chicos apenas un par de años mayores que él, donde el físico se empareja y se liman las diferencias.

En su club, River Plate, juega por la banda en un sistema de tres delanteros. Es muy rápido, con mucha zancada y le gusta en ocasiones abusar del regate más difícil y extravagante. No obstante, con su crecimiento físico y ganancia de músculo (que ya está muy avanzado) irá centrando su posición. Desde su firma hace más de un año, sigue los consejos del cuerpo técnico rojiblanco, como ya pasara con Santos Borré o Kranevitter. No tardará mucho en completar su evolución física y entonces ya podrá disputar con más facilidad la posición y los balones a aquellos que pueden hoy, por edad, ser su padre.

Desgarbado y patizambo, que pisa con los andares de un pies planos, desencadenado como Django cuando el balón está a su alcance. Una forma de correr que conocen bien en el Vicente Calderón, pues Nicolás Schiappacasse tiene muchas cosas de Diego Costa, jugador que también llegó al Manzanares con 17 años. Como el de Lagarto, Schiappacasse no es ortodoxo, no es agradable de ver y hasta parece torpe en según qué ocasiones. Pero es muy efectivo, siempre está bien colocado y posee una fuerza y una garra que no encajan con su edad. Un símil futbolístico el suyo también que se puede hacer con los inicios en el profesionalismo europeo de Adalberto Peñaranda, ahora que el venezolano está tan de moda.

Lo que sí es claro es que Schiappacasse empieza ahora la época más difícil de su vida, en una temporada donde la selección y el papeleo harán que pueda jugar poco, quizás algo parecido a lo que vivió Ángel Correa por su operación de corazón el pasado año. Es ahora cuando tiene que dar el 100% y además rogar a la suerte, pues son muchos los que se quedan en el camino. Y si no que se lo digan al último jugador que el Atlético fichó de River Plate uruguayo: Fernando ‘Petete‘ Correa, que llegó tras salirse en un Sudamericano Sub20. El cartel de promesa y futura estrella ya lo lleva colgado, y eso es algo que le acompañará tanto para bien como para mal.

Fotografía: Elobservador.com

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