El día que Vieri dijo: «¡Aquí se trabaja poco!»

Stu Forster/Allsport

HISTORIA. O más bien podríamos decir historia negra. El día que Vieri decidió echarse el equipo a la espalda y marcar cuatro goles (para nada) en el estadio Helmántico, el mismo escenario donde hoy se disputa dieciocho años después la ida de Dieciseisavos de Final de la Copa del Rey, su equipo le abandonó y él dejó de sentir la necesidad de vestir y sentir la rojiblanca.

No sería la última vez que un partido determinara el devenir de una carrera de un jugador. Un 0-6 ante el FC Barcelona en 2007 fue el flagelante prólogo de la salida de alguien tan atlético como Fernando Torres con dirección a Anfield. No es de extrañar que diez años antes un partido acieago en medio de una temporada mediocre y para olvidar empujara a Vieri a proseguir su carrera de trotamundos fuera del Atlético.

El italiano, un killer del área como pocos que hayan vestido la rojiblanca, ya había logrado dos hat-tricks y tres dobletes en esa temporada. Aún así, no parecía suficiente. El Atleti llegó esa tarde de marzo de 1998 a Salamanca con la necesidad de cambiar la tónica negativa del equipo en partidos como visitante (nueve partidos sin ganar). A pesar de la enorme pegada, los de Radomir Antic además no dejaban de encajar goles (sólo tres de los últimos veinte partidos habían acabado con la portería a cero).

El capocannoniere abrió el marcador y logró el empate a dos. La endeble defensa atlética concedió dos nuevos goles a la vuelta del descanso que parecían decantar el partido del lado salmantino por 4-2 a falta de menos de cuarto de hora. En sólo dos minutos Vieri logró marcar dos goles y empatar a cuatro cuando sólo restaban siete minutos. El Atlético en vez de guarnecerse se disolvió tras la machada y encajó el quinto y definitivo gol en el minuto 90, completando la tarde más épica de la desaparecida Unión Deportiva Salamanca y una tarde negra en la historia rojiblanca.

En zona mixta el transalpino estalló. «Esto nos ha pasado porque se trabaja poco. Tengo que entrenarme por mi cuenta para seguir en forma». El pichichi proseguía «lo de hoy fue vergonzoso. Trabajando así es imposible clasificarse para la UEFA [la actual Europa League]». El jugador confesaría a sus más allegados que aunque era feliz en Madrid él quería ganar y ese equipo no estaba pensado para pelear por títulos. El trofeo de pichichi de 1998 no colmó ni de lejos sus aspiraciones. Él quería ir a la Juventus, un club con aspiraciones de ser campeón cada año.

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No jugaríaría con los juventinos sino que recalaría en la Lazio, donde ganaría dos trofeos al año siguiente (Supercoppa y Recopa de Europa). Además con el Inter ganaría la Coppa de Italia y de nuevo la Supercoppa. En lo personal levantaría el trofeo de Futbolista del Año Serie A (con la Lazio y el Inter), el Guerin d’Oro (con el Inter) y el trofeo de capocannoniere de 2003 también con el Inter. Vieri no dejó que la mediocridad de la noche de Salamanca le quitara el hambre y se fue a ganar títulos. Al Atleti en plena caída libre «pos-Doblete» le quedaba aún el doloroso trance del descenso y más de dos décadas de oscuridad antes de volver a ser respetado.

Los fondos del estadio aparecieron esa misma noche con pintadas contra los jugadores. No era premeditado. Miembros del Frente Atlético, recién llegados del Helmántico, venían mascullando su enfado y fueron directos a mostrar su malestar contra los jugadores con los sprays de hacer pancartas para que lo vieran los jugadores al llegar en autobús. En el fondo norte coincidieron precisamente con jugadores y cuerpo técnico. Mientras iban bajando del bus en busca del parking de dentro del estadio, entre improperios, Molina primero y Kiko después entraron al trapo y se encararon con los enfadados hinchas. El último jugador de la expedición en bajar del autobús era Vieri. Sin decir nada y con semblante de funeral se interpuso entre Kiko y los que discutían con él. Ahí se acabó todo. Alguno hasta le pidió un autógrafo al italiano que había marcado cuatro goles por primera vez en su carrera y no habían servido para nada. En todo caso para que Vieri supiera que no quería seguir ahí la temporada siguiente.

Fotografía: Stu Forster/Allsport

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