Los Oros de Cléber

Denis Doyle/Getty Images

CLEBER SANTANA: El medio brasileño jugó una temporada y media en el Atlético de Madrid. Sus partidos fueron luces y sombras y siempre tuvo más detractores que seguidores. Hoy, el Atlético está de luto por uno de sus últimos centrocampistas, que nunca dejó a nadie indiferente.

1 de marzo de 2008. Sin tiempo siquiera para darle la mano al rival tras haber dejado sellada la clasificación para la Copa Juvenil en mi compromiso dominical de fútbol sala, me encaminé al Metro para disfrutar en el Vicente Calderón de un Atleti-Barça al lado de mi amigo, catalán y culé. Tras perdernos por las calles de Madrid y llegar de milagro antes del pitido inicial, aquel día vivimos uno de los mejores partidos de la época moderna. Lo que empezó con un golazo de chilena de Ronaldinho, acabó con la mayor exhibición del Kun Agüero en el Manzanares, con victoria 4-2 para el Atleti en el día en el que Ignacio Camacho se graduó como un adulto. Fue a 20 minutos del final cuando el canterano se retiró, entre soberanos aplausos, y en el césped ingresó Cléber Santana, recibiendo la mayor pitada que recuerdo haberle escuchado proferir al Calderón. Ni Raúl, ni Ronaldo, ni Guti… Nadie elevó tanto los decibelios como el medio brasileño. Aquel día, como colchonero, me sentí mal.

El “puedo jugar como Deco” con el que se presentó a su llegada en Madrid levantó primero ilusiones y luego ampollas. Compararse con el jugador del Barcelona, al que ni se acercó, generó unas expectativas que nunca se cumplieron. El efecto rebote por lo que se le presuponía y lo que ofreció fue de tal magnitud que le llevó a ser uno de los jugadores más criticados de la historia reciente del club.

El Atleti vivía una época horrorosa. Con la dirección deportiva errando a la hora de traer jugadores desconocidos y con la paciencia de la afición agotada. Las malas actuaciones de Cléber, frágil mentalmente, y su aspecto de bonachón, le hicieron blanco fácil de una hinchada histérica.

Cléber Santana no era malo. Uno le veía jugar y se podía llegar a sorprender. Tenía toque, pasaba bien y realizaba buenas transiciones. No era un tuercebotas, pero ni era constante, ni era regular. No tenía ritmo para jugar al máximo nivel en Europa. Pero eso no significa ser malo. Y es que hay jugadores, incluso reyes en Sudamérica, que nunca dan la talla tras el salto al gran charco.

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Y así, entre un pequeñísimo grupo de defensores del brasileño, nacieron Los Oros de Cléber. Como un secta, en referencia a la cadena de ese metal de grandes dimensiones que colgaba de su cuello. Y es que pasé grandes tardes de mi adolescencia en un hilo de un foro rojiblanco donde el primer y único mandamiento rezaba: ‘Amarás a Cléber sobre todas las cosas’. Y eso que empezó como ironía acabó levantando la simpatía y el cariño por el brasileño.

Para referirse al brasileño no había otro término que O’Rei y allí, decenas y casi cientos de montajes con la figura del jugador alegraban nuestras imberbes tardes. Allí disfrazamos al medio de Steve Urkel, le hicimos Balón de Oro y fue protagonista de un sinfín de películas. Como Dios. Los que no formaban parte de ello no lo entendían, pero con Cléber Santana de fondo están algunos de los mejores recuerdos de mi infancia. Y los de todo aquel que pasó una sola tarde en Los Oros de Cléber.

La llegada de Cléber a Mallorca fue un balón de oxígeno para todos. Allí, en un equipo con menos presión, Cléber rindió, dejando dos golazos para el recuerdo. Su buen hacer le permitió regresar al Atleti, pero ya nunca tuvo sitio en un equipo en el que estaban Assunçao, Tiago y Raúl García, que acabaría levantando la Europa League y siendo subcampeón de Copa.

Cléber Santana llegó al Atlético en verano de 2007 y se marchó en enero de 2010. Militó en el club la temporada 2007-2008 y el primer tramo de la 2009-2010, estando cedido en el Mallorca en la 2008-2009. Jugó 37 partidos en los que marcó un gol (ante el Almería) y en su palmarés figura la Copa Intertoto 2007.

El sábado, la grada que un día le silbó sin escrúpulos, guardará un respetuoso y merecido minuto de silencio. Porque Cléber, capitán del Chapecoense, ya nunca podrá volver a lucir con orgullo ese brazalete de líder. Y nunca jugará la final de Copa Sudamericana a la que llevó a su equipo, por ese avión que nunca aterrizó. Un equipo que en sólo siete años pasó de la Cuarta División brasileña a llegar a finales continentales, a luchar por títulos. Y nunca se cansaron de subir, de ascender, hasta hoy llegar al cielo. O ‘Reí Santana será eterno. DEP.

Fotografía: Denis Doyle/Getty Images

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