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miércoles, 20 octubre 2021

El Atleti, enemigo de las cesiones

OPINIÓN. Las cesiones, que se utilizan para que un jugador progrese y se forme antes de venir a tu club, no están saliendo al Atlético como esperaba en los últimos años. Son pocos los jugadores con proyección que vuelven con mejores recursos de los que se fueron tras sus años de préstamo y aprendizaje.

Santos Borré, Mensah o Kranevitter son algunas de las últimas muestras. El Atlético de Madrid no suele tener suerte con las cesiones. Cuando uno cede jugadores porque tiene excedente en plantilla, lo hace con el propósito de que los chicos jueguen el máximo tiempo posible en sus clubes de destino y cojan la experiencia necesaria para volver con la mili hecha. En su mayoría se trata de jóvenes jugadores que han de jugar cada partido y curtirse para estar preparados para mejores menesteres.

Quizás el maleficio arranca con la cesión de Germán Pacheco, allá por el verano de 2009. El argentino, una de las mejores promesas de la cantera, opositaba fuertemente a ser la alternativa ya en el primer equipo de Diego Forlán y Sergio Agüero, pero acabó yendo cedido al Rayo Vallecano, en Segunda. Allí arrancó como un cohete, con dos goles en dos partidos. Al final, la gran nómina de delanteros y la falta de oxígeno del equipo madrileño hicieron que Pepe Mel, entonces técnico vallecano, optara por jugadores más veteranos para sacar del pozo a un equipo que peligraba con bajar a la tercera categoría.

Un curso más tarde, la mala fortuna le llegó a Sergio Asenjo, cerrado por David de Gea como primer espada rojiblanco. Se fue cedido al Málaga, donde nada más llegar se lesionó de gravedad. En aquel curso, Leandro Cabrera o Rubén Pérez, célebres en este tipo de operaciones sin éxito en más de una ocasión, también probaron aventuras externas fallidas.

Así empezó, año tras año, un carrusel de préstamos de varios jugadores que se resume en fracaso tras fracaso. Borja Bastón se perdió en Murcia, Huesca y Deportivo antes de dar una alegría en Zaragoza y otra en Eibar. Cabrera (Recreativo, Numancia, Hércules), Joel (Rayo, Wigan), Pulido, Silvio (Benfica, Deportivo) y Rubén Pérez (Deportivo, Getafe, Betis, Elche, Torino) siguieron de erasmus en erasmus sin éxito. Dani Pacheco y Rubén Micael, que nunca fueron presentados ni se pusieron esta camiseta hicieron lo propio, Fran Mérida demostró que lo del profesionalismo no iba con él en Braga y Raúl García, cuya marcha a Osasuna supuso un alivio en su día, fue de los pocos de aquellos cursos que sacaron provecho de su etapa de excedencia para volver como mejores futbolistas. Que se lo digan al Cholo.

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Por lo general, ni juegan con regularidad. Y si lo hacen, no dan el nivel. Algunos como Pizzi o Roberto, no son más que carne de operaciones a tres bandas. Otros como Raúl García, son aprovechables. O como Borja Bastón y Óliver Torres, que relanzan su carrera para ser vendidos por un buen pico. Aunque el caso más común es que acaben saliendo por la puerta de atrás, de cesión en cesión hasta finalizar contrato, o siendo vendidos por lo mismo o menos de lo que costaron. Así le pasó a Guilavogui, por ejemplo, o a Leo Baptistao, que nunca die el nivel esperado en cada cesión a la que fue y solo este año, ya siendo la mitad de su pase del Espanyol (ahora ya completo) pudo demostrar algo. Igual que han salido ahora Santos Borré (solo el 50%) o Kranevitter. Por lo que vinieron. Ni qué hablar de las cesiones de Cerci al Milan y al Genoa.

En los últimos años la situación no ha cambiado demasiado. Manquillo eligió mal y tras un año precipitado en Liverpool pareció resarcirse en Marsella. Nada más lejos de la realidad. En Sunderland no fue capaz de hacerse con un sitio (en el colista de la Premier) y ya no pertenece al club. Insúa tampoco tuvo éxito en sus destinos y Emiliano Velázquez ha ido de menos a todavía menos en sus tres años de experimentos (Getafe y Braga). Llamativa situación la del charrúa. Este verano se marchó cedido al Getafe por segunda vez y antes del cierre del mercado, los azulones, que no cuentan con él, lo han prestado al Rayo Vallecano, en Segunda. Da que pensar.

Otro caso concreto es el de André Moreira. En sus dos primeros años, en Moreirense y Uniao de Madeira, la cosa fue sobre ruedas (hasta que se lesionó), pero desde hace meses su situación se parece a la de Velázquez. Su cesión a Os Belenenses el curso pasado duró unas semanas y este año su culebrón ha sido tamaño. El Benfica le quería como guardameta titular, tanto que llegó a pasar pruebas físicas y posar con la camiseta del club. En una decisión extraña, de última hora, el Atleti lo cedió al SC Braga. El club portugués cuenta en su plantilla con Marafona, uno de los mejores porteros del país (ha llegado a ir convocado con la selección en las últimas convocatorias), que está lesionado hasta enero. No obstante, además, cuenta con otros dos guardametas: Matheus y Tiago Sá. El primero está siendo el portero titular en lo que va de campaña, mientras el segundo, coetáneo a Moreira, ha sido siempre su máximo rival por la titularidad en las categorías inferiores de Portugal. Es decir, que Moreira es suplente, cuando Marafona vuelva será el suplente del suplente y peleará por un jugador de su mismo nivel por no ser el cuarto portero del Braga. Decisiones tomadas a volantazos. Sin pensar.

Mensah ha sido un auténtico fantasma en Getafe y en el Vitoria de Guimaraes y ahora probará suerte en Turquía. Vietto, Santos Borré y Kranevitter son los últimos ejemplos claros. Los argentinos compartieron la misma suerte en Sevilla. Alternaron la grada con el banquillo y prácticamente no contaron (salvo al principio y en momentos puntuales) con la confianza de un Sampaoli que había pedido su contratación. El colombiano no aprovechó siquiera las lesiones de todos los delanteros del Villarreal y demostró que había dado un paso demasiado grande en su carrera. Werner tampoco fue titular en Boca pese a la lesión del meta titular y Diogo Jota tuvo un año con minutos, aunque irregular, en el Oporto.

De poco sirve fichar al mejor jugador Sub21 de cada país, o a uno de los que más apuntan, si luego las cesiones no son llevadas con cuidado. Si no se percata uno de cada detalle para que las futuras promesas acaben brillando. De poco sirve fichar por fichar para luego no tener sitio en la plantilla y acabar enviando jugadores al mejor postor sin tener en cuenta características del club de destino y el jugador que se va a ir. De poco sirve adelantarse a Mónaco, Oporto, Tottenham o Dortmund en la contratación (nada barata, por cierto) de jugadores que apuntan a ser de postín en el futuro, si pretendes echarles a los lobos.

Podemos concluir, que en los últimos 10 años, el Atlético de Madrid ha dejado escapar y ha desperdiciado a la mayoría de sus valores jóvenes, muchos de ellos con un cartel de progresión altísimo. Y que salvo las cesiones de Raúl García y Alderweireld, jugadores hechos y derechos cuando salieron a préstamo, y Saúl (que se adaptó a jugar de central con Jémez, pero al que igual le había venido mejor un año jugando en su posición natural), Jota, Amath y Theo Hernández, la suerte del Atlético con los jugadores cedidos siempre ha sido negativa. Y si eres un buscavidas como Diego Costa, que tuvo sus altos y sus bajos pero más o menos rindió en Celta, Albacete, Valladolid y Rayo, bien, pero no son todos los jugadores iguales. Y no siempre la culpa de no triunfar es de los jugadores.

Fotografía: Jan Hetfleisch/Bongarts/Getty Images.

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