CONTRACRÓNICA. Sólo les valía ganar, pero sólo merecieron perder

Miguel A. Lopes/Pool via Getty Images

CONTRACRÓNICA. «Porque la vida es una cuestión de pulgadas» decía Tony D’Amato, en el papel que interpretó magistralmente Al Pacino en Un Día Cualquiera. Dicen que Quique Sánchez Flores les puso ese clip a los Kun, Forlán y compañía antes de saltar al campo en Hamburgo una tarde de 2010 para romper una racha de 35 años sin una victoria continental en una final europea. Ese día agónico, prórroga incluida, sabemos que le funcionó el método de motivación extremo. Y es que es duro decir a un equipo que intuyes en despcomposición que no será recordado por el camino recorrido sino por el marcador que queda al final. Y es que así es este invento llamado fútbol en el que el resultado final te encumbra o te sepulta.

Recordemos como seguía ese discurso «No sé qué decir en realidad. Tres minutos para la mayor batalla de nuestras vidas profesionales. Todo se reduce a hoy. O nos curamos como equipo o nos desmoronamos. Jugada a jugada, pulgada a pulgada hasta el final. Ahora estamos en el infierno caballeros, creerme y, o nos quedamos aquí dejándonos machacar o luchamos por volver a la luz. Podemos salir del infierno, pulgada a pulgada. Yo no puedo hacerlo por vosotros, soy muy viejo«.

Si Simeone hubiese llevado ese speech a sus jugadores simplemente no colaría, porque el Atlético salió con una pasividad que hablaba que no se habían preparado para la oportunidad de su vida (una Champions League a tres partidos). Se habían ido los jugadores de vacaciones una semana tras hacer la machada en Liga de remontar lo que parecía irremontable.

Y parece que se instaló el conformismo. Y hay pocas cosas en el fútbol peor que el conformismo. La otra es sentirse superior desde que bajas del autobús. Porque lo más normal es que te propinen un sopapo como el que supuso el gol del Dani Olmo y que culminaba 50 minutos de superioridad de los alemanes. El Atletico había dado positivo en pasividad y soberbia.

Hubo un tiempo no muy lejano que los desconocidos eran los de rojiblanco. Los que con descaro se asomaban a las alturas y mandaban a casa a equipos de la talla del Bayern Munich o FC Barcelona camino a finales continentales y dejaban a equipos como Inter  de Milan y Chelsea contrapronóstico lamiéndose las héridas en pleno verano en Mónaco. El Atlético no sólo ha perdido calidad en el último lustro, ha perdido personalidad y ganas de competir por todo, ha perdido hambre. Los espejismos de noches maravillosas como la de Liverpool no deben cegar a nadie. Remontar no se corresponde con merecer remontar necesariamente.

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En la plantilla del Atlético se ha instalado una peligrosa complacencia por no aspirar a romper el techo que los dirigentes han impuesto con su desinversión constante en el equipo. Urge que los que vengan tengan hambre, ganas de ser incómodos y de partirse la cara por el escudo. En caso contrario que hablen con sus agentes y que les manden a otro lugar a vivir la vida de divo efímero que concede este deporte.

Seguía Tony D’Amato «cuando te haces mayor en la vida hay cosas que se van. Vamos, eso es parte de la vida. Pero solo aprendes eso cuando empiezas a perder esas cosas«. El Atlético empezó a perder esta oportunidad histórica antes de aterrizar en Lisboa, antes del susto de los dos positivos. El grupo de Simeone perdió el tren, terminando la Liga yéndose de vacaciones en vez de concentrado a los Ángeles de San Rafael. ¿Ibiza no podía esperar tres semanas?

Llegará seguramente un tiempo espero que lejano pero sin duda oscuro en el que incluso los sinsabores de Lisboa y Milán nos parecerán más motivo de celebración que de drama. Tiempos oscuros en los que Simeone deje de dar con la tecla y el castillo de naipes que es el club de vender caro, fichar poco, hacer caja, repeat, se atasque y no se cumplan los objetivos. En esa espada de Damocles se hace difícil pensar que vendrá alguien a superar el milagro Simeone de multiplicar los panes y los peces. Ese día temo que llegue cada final de temporada.

«Descubres que la vida es cuestión de pulgadas. Así es el fútbol, porque en cada juego, la vida o el fútbol el margen de error es muy pequeño. Medio segundo más lento o más rápido y no llegas a pasarla. Medio segundo más lento o más rápido y no llegas a cogerla«, decía D’Amato.

Volvamos al partido en el que el torero acabó toreado. ¿Ganó el Atleti alguno de esos duelos anoche al margen de los efímeros 20 minutos de espejismo de Joao? Tal vez podamos rescatar alguna disputa de Carrasco (el otro que se salva de la quema colectiva). Si fueras un espectador externo, ¿a qué equipo verías con hambre de gloria y cual te parecería lento, complacido consigo mismo y empachado?

«Las pulgadas que necesitamos están a nuestro alrededor. Están en cada momento del juego, en cada minuto, en cada segundo. En este equipo luchamos por ese terreno. En este equipo nos dejamos el pellejo nosotros y cada uno de los demás por esa pulgada que se gana«.

¿Por que será que habiendo pasado jugadores carísimos por este equipo la afición se acuerde de un perfil de jugador: de Gabi, de Raúl García, de Godín, y si me apuras de Torres, de Villa, de Falcao, de Juanfran o de Filipe Luis más que de los que siguen de cuerpo presente? Eran mejores jugadores o es que eran jugadores con más hambre, insatisfechos y con más respeto por el escudo de su camiseta?

Al Atleti le faltaron y le fallaron en el José Alvalade esas pulgadas que son la diferencia entre que te piten un penalti o te marquen un gol, entre que entre la pelota al rival o te ahogues en tu juego plano. «Esa pulgada es la que nos hace ganar. Porque cuando sumamos una tras otra, porque sabemos que si sumamos esas pulgadas eso es lo que va a marcar la puta diferencia entre ganar o perder. Entre vivir o morir. Os diré una cosa, en cada lucha aquel que va a muerte es el que gana ese terreno y sé que si queda vida en mí es porque aún quiero luchar y morir por esa pulgada. Porque vivir consiste en eso, las seis pulgadas frente a vuestras caras. Yo no puedo convenceros de que lo hagáis. Tenéis que mirar al que tenéis a vuestro lado. Mirarle a los ojos. Creo que vais a ver a un tío dispuesto a ganarla con vosotros. Vais a ver a un tío que se sacrificará por este equipo, porque sabe que cuando llegue la ocasión vosotros haréis lo mismo por él. Eso es un equipo caballeros y, o nos curamos ahora como equipo o moriremos como individuos. Eso es el fútbol chicos. Eso es todo lo que es«.

El Atlético vive enfermo como equipo y empeora o le empeoran cada verano las decisiones de los que deberían curarle. La diferencia entre vivir y morir son pulgadas y son fe en el de al lado. Le faltaron a los colchoneros en la noche más importante esas pulgadas y el equipo jugó sin recordar que es lo que le hace ser como es. Al Atleti sólo le valía ganar pero sólo mereció perder. Eso también es la diferencia entre seguir vivo o muerto en esto del fútbol.

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