Nuevas escenas de violencia contra el autobús del Atlético en Barcelona
Lo que debería ser una fiesta del fútbol se ha convertido en una costumbre tan fea como peligrosa. El autobús del Atlético de Madrid ha vuelto a ser recibido con violencia en los alrededores del estadio azulgrana, dejando imágenes que avergüenzan a nuestro fútbol
Parece un "déjà vu", pero de los que dejan muy mal cuerpo. El Atlético de Madrid ya está en Barcelona para afrontar su compromiso europeo, pero el protagonismo, por desgracia, no se lo han llevado los balones, sino las piedras. El transporte que traslada a la expedición rojiblanca ha llegado al estadio con daños evidentes en sus lunas tras sufrir el lanzamiento de objetos por parte rivales.
No es algo nuevo, y eso es lo que más duele. Ya ocurrió en el choque de vuelta de la Copa del Rey, donde uno de los cristales acabó hecho añicos. Hoy, la historia se repite con una impunidad que asusta. Mientras desde ciertos sectores se empeñan en construir un relato constante contra la afición del Atleti, la realidad de lo que vive el club cuando sale de Madrid es muy distinta.
Sigue la violencia contra el Atlético
Viajar a Barcelona, Bilbao o San Sebastián se ha convertido en una auténtica carrera de obstáculos, casi en una epopeya para el equipo y para los valientes que viajan a animar. Lo de hoy en la Ciudad Condal es solo un eslabón más de una cadena de episodios de vergüenza. Ya se vieron escenas similares ante la Real Sociedad y el Athletic Club, donde el respeto brilla por su ausencia.
Lo que más indigna en el seno del club y entre los seguidores es la pasividad de las fuerzas del orden. Da la sensación de que, cuando el Atleti sale de la capital, no hay un interés real en proteger la integridad de los jugadores o de los hinchas desplazados. Parece que las autoridades están esperando a que ocurra una desgracia de dimensiones mayores para tomarse la seguridad en serio.
No se puede olvidar lo que pasó en Bilbao, donde un grupo de peñistas fue atacado en un bar mientras el tema pasaba prácticamente de puntillas por los grandes medios. En Barcelona, de nuevo, el autobús llega marcado por la violencia. Es hora de decir basta; el fútbol no puede ser la excusa para que unos pocos descarguen su odio contra un escudo y unos profesionales que solo van a hacer su trabajo.