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Casi un mes ha pasado desde que el Atlético de Madrid bajara el telón de la temporada en aquella última jornada frente al Villarreal. Con el curso ya digerido, la atención se centra inevitablemente en un mercado de fichajes que, aunque no ha abierto oficialmente, ya echa humo. Sin embargo, antes de pensar en las caras nuevas, conviene poner en valor lo que ha sido una campaña de consagración para varios futbolistas que se han vuelto vitales en el esquema de Diego Pablo Simeone.
Si hay que hablar de una revelación con mayúsculas, ese es Marc Pubill. Su caso es el vivo ejemplo de lo que significa la pizarra del Cholo. Llegó al club como lateral derecho, pero tras un proceso de adaptación y un minucioso trabajo individualizado por parte del técnico argentino, ha terminado brillando con luz propia en una posición nueva: la de defensa central. En esa misma línea de veteranía y galones, Koke volvió a emerger cuando la situación más lo requería, demostrando por qué lleva el brazalete y firmando un año de un compromiso intachable.
Sorpresas inmediatas y una regularidad de oro
La defensa no solo ha vivido del crecimiento de Pubill. La irrupción de David Hancko el pasado verano fue tan inesperada como crucial. Cuando su destino parecía sellado rumbo a Arabia Saudí, la llamada del Atlético lo cambió todo. El eslovaco cayó de pie en el Metropolitano, se hizo con la titularidad desde el primer día y ofreció un rendimiento inmediato que maravilló a la grada.
Pero si se busca el sinónimo de regularidad esta temporada, el nombre que a todos los atléticos les viene a la cabeza es el de Marcos Llorente. El madrileño ha completado su mejor año desde aquella mítica Liga de la campaña 2020-21. Dueño y señor del carril derecho, su despliegue físico y su nivel no solo le han servido para entrar en el once ideal de la Champions League, sino también para sellar su billete al Mundial con la selección española.
Luces, sombras y el debate en la portería
El curso también ha dejado otras notas destacadas. Quizás hombres como Álex Baena o Thiago Almada no terminaron de romperla como se esperaba, e incluso Julián Alvarez tuvo tramos de adaptación, aunque la Araña acabó devorando las redes con la nada despreciable cifra de 20 goles en su cuenta. Por su parte, Antoine Griezmann volvió a tirar del carro en los momentos más delicados, regalando una versión sobresaliente en lo que ha sido su despedida del club.
La guinda a un año de nombres propios la puso Juan Musso, quien aprovechó los problemas físicos de Jan Oblak para rendir a un nivel altísimo, abriendo un debate real en la portería de cara al futuro inmediato.