Milinko Pantic se rinde a la carrera de Antoine Griezmann: "Al alcance de pocos"
Han pasado tres décadas, pero hay noches que siguen vivas en la memoria del Atlético. El 10 de abril de 1996 es una de ellas. Aquella final de Copa en Zaragoza, con el cabezazo de Milinko Pantic ante el FC Barcelona, forma parte de la historia del club madrileño. El propio protagonista lo recuerda ahora, tres décadas después. “Fue cosa del destino”, admite en su visita a AS.
El contexto no era menor. Aquel Atlético de Madrid venía de una temporada anterior marcada por el sufrimiento y terminó construyendo un bloque campeón que conquistó el Doblete. En esa Copa del Rey de 1996, el tanto de Pantic en Zaragoza se convirtió en una fotografía imborrable para la parroquia rojiblanca. No fue solo un gol: fue la confirmación de un equipo que había aprendido a competir sin complejos.
Una jugada ensayada y un instante irrepetible
La acción, repetida hasta la saciedad, nació desde atrás, como tantas otras en el libreto de Radomir Antic. Pantic lo explica con naturalidad: desmarque, centro preciso de Geli y remate. Nada más. O todo. “Era una jugada típica de los entrenamientos”, recuerda. El mérito, insiste, fue colectivo, reflejo de un equipo que entendía cada mecanismo casi de memoria.
Aquel tanto también redefinió su figura dentro del vestuario. Llegador, fino en el último pase, no era habitual verle decidir finales por alto. Sin embargo, el destino le colocó en el lugar exacto en el momento preciso. Ni siquiera la celebración encajaba con su personalidad. Quitarse la camiseta sigue siendo, para él, un gesto incomprensible. Pero el fútbol tiene esos impulsos que no admiten análisis.
Un vestuario que explica el Doblete
Más allá del gol, el serbio pone el foco en el grupo. Aquel Atlético no se construyó sobre nombres, sino sobre una convivencia sólida. “Era una gran familia”, resume. En un fútbol donde solo podían coincidir tres extranjeros sobre el campo, la exigencia era máxima. Entre ellos estaba también Diego Pablo Simeone, hoy símbolo del club desde el banquillo, entonces pieza clave en el césped.
La figura de Solozábal como capitán y la mezcla de perfiles dieron forma a un vestuario difícil de encontrar hoy. No había cartel previo, ni expectativas desmedidas. El equipo llegó desde la humildad y terminó dominando las dos grandes competiciones nacionales. Ese contraste es, para Pantic, una de las claves de aquel éxito. Nadie esperaba tanto. Quizá por eso todo fluyó con menos presión.
Un año irrepetible en la historia del Atlético
La temporada 1995-96 rompió cualquier lógica previa. De pelear por no descender a levantar Liga y Copa en apenas doce meses. El propio Pantic recuerda cómo incluso su nombre generaba dudas en sus primeros días en las oficinas del Vicente Calderón. El desconocimiento era total. La respuesta, sin embargo, llegó en el campo, partido a partido.
Ese equipo no solo ganó; también dejó una identidad reconocible. Fútbol ofensivo, equilibrio en el medio y una capacidad competitiva que conectó con la afición. Tres décadas después, ese legado sigue presente cuando se analizan los grandes momentos del club. No es casualidad que cada aniversario de aquella final active la memoria colectiva del entorno rojiblanco.
¡Hoy se cumplen 30 años de la conquista de nuestro noveno título copero! 🏆
— Atlético de Madrid (@Atleti) April 10, 2026
Un tanto de Pantic frente al FC Barcelona nos dio el triunfo en la final del torneo (1-0) y puso los cimientos para la consecución del histórico Doblete en la temporada 1995/96. pic.twitter.com/sEYWMISVt4
El paso del tiempo no ha borrado la huella del jugador balcánico, ni la de aquel grupo. En su reflexión final, también hay espacio para el presente y para figuras como Antoine Griezmann, al que sitúa entre los más grandes que han vestido el escudo. El mensaje es claro: el Atlético siempre encuentra nuevas formas de escribir su historia, pero hay noches —como la de Zaragoza— que nunca dejan de estar en la memoria de todos los aficionados colchoneros.

