De la enemistad al respeto: Simeone y Beckham ponen fin a 28 años de tensión por el Mundial 98
El fútbol da revanchas pero, sobre todo, regala el tiempo necesario para sanar las heridas más profundas del deporte. El Hard Rock Stadium de Miami no solo fue testigo de un dramático partido en el que Argentina sufrió para vencer 3-2 a una heroica Cabo Verde en la prórroga; en las alturas del estadio, en la exclusividad de los palcos VIP, se redactó el epílogo de una de las rivalidades más icónicas de la historia de los Mundiales. Diego Pablo Simeone y David Beckham se fundieron en un abrazo que sepultó, definitivamente, casi tres décadas de distanciamiento.
Rodeados de sus familias, incluyendo a Carla Pereyra y Victoria Beckham, el actual técnico del Atlético de Madrid y el copropietario del Inter Miami demostraron que la madurez borra las viejas cicatrices. "Qué lindo verte. Una verdadera leyenda", escribió el Cholo, en sus redes sociales al compartir la fotografía que dio la vuelta al mundo de inmediato. Mientras abajo, en el césped, la Albiceleste pasaba el susto de su vida ante el conjunto africano, en el palco la atmósfera era de pura complicidad, sellando así una reconciliación histórica.
Del infierno de una expulsión al respeto mutuo
Para entender el valor de este reencuentro, hay que viajar en el tiempo hasta los octavos de final del Mundial de Francia 1998. En aquel volcán de Saint-Étienne, con el marcador empatado 2-2, un joven David Beckham cayó en la trampa de un astuto e intenso Simeone.
Tras recibir una falta del mediocampista argentino, el inglés, tendido en el césped, reaccionó de forma impulsiva lanzando una sutil patada que impactó en las piernas del Cholo, una acción que el árbitro castigó de inmediato con una tarjeta roja directa.
Aquella expulsión no solo le costó la eliminación a Inglaterra en la tanda de penaltis, sino que desató un auténtico infierno para Beckham en el Reino Unido, donde fue linchado mediáticamente y abucheado en cada estadio durante meses. Un amargo episodio sobre el cual Simeone admitiría años más tarde que exageró la caída para forzar la tarjeta, mientras que el propio Beckham confesaría, en su serie documental, el profundo trauma psicológico que le causó aquel error de juventud.
Veintiocho años después, bajo el cielo de Miami, el saludo afectuoso entre ambos dejó en claro que la picardía y el dolor de 1998 ya forman parte del pasado del fútbol. Dos viejos rivales, hoy convertidos en leyendas consolidadas, firmaron así la paz definitiva.