El Metropolitano lloró… y pitó
No se entiende, es imposible de explicar. Este sentimiento lo traspasa todo. No pretenderé nunca que lo entiendan los que no son del Atlético de Madrid, pero si me entristece que no lo hagan algunos aficionados que dicen serlo.
A veces me paro a pensar y a empatizar con los que no pisan el estadio nunca, o una vez en su vida quizá por la distancia, y me enorgullece ver la humildad en muchos de ellos que entienden lo que en este estadio se siente. Cuando vienen y lo viven, se enamoran aún más de estos colores.
Las críticas desde fuera
Otros, por el contrario, desde el sillón de su casa manifiestan abiertamente lo que siente mayoritariamente la afición del Atlético de Madrid. Lo más grave de todo es que se atreven a decir cómo la afición debe de expresar el descontento, como si lo tuviese todo el mundo, como si el Metropolitano pensara igual que ellos.
Se les detecta rápidamente, están todos cortados por el mismo patrón. En sus manifestaciones lo primero que hacen es hablar del partido, si fue bueno o malo, dejando en segundo plano la despedida de Antoine. A mí, y a las 70.000 almas nos daba igual el partido. Esa es la diferencia.
Un emotivo adiós a una auténtica leyenda
El Metropolitando lloró la marcha de la que seguramente sea la mayor leyenda de su historia. Estará en lo más alto junto a Luis Aragones, Fernando Torres y Diego Pablo Simeone, que no nos quepa la menor duda.
La emoción de la gente era palpable y las reacciones del Metropolitano a los que tuvieron el honor de hablar, también. Podemos hablar y criticar todo lo que queramos del equipo, del entrenador, de la planificación…pero cuando jugadores y entrenador cogen el micrófono, todo el mundo corea sus nombres, y sin duda aplauden hasta que las palmas sangran.
Ayer el estadio Metropolitano lloró, pero también pitó. Aquí lo dejo. Los que estuvimos lo vimos y lo escuchamos. Los que no estuvieron seguramente ya les haya llegado por redes o por la prensa. El Coliseo dictó sentencia y dejó claro de parte de quien está.